lunes, junio 20

sábado, abril 30

Cuba: El régimen y la Iglesia pugnan por captar a la juventud

La ‘captación’ de la juventud, como se dice en el argot político de la isla, fue un tema clave que salió a relucir en el congreso comunista cubano. En las calles del país es fácil detectar el desinterés en política y en religión entre los jóvenes.

La juventud, ese divino tesoro al decir del poeta Rubén Darío, es objeto en Cuba de una discreta pugna entre el Gobierno y la Iglesia Católica. El rebaño es demasiado tentador. Solo que está apático.
El primero lucha por atraerla hacia los postulados revolucionarios, que ahora se ofrecen con apariencia de transformación; buscan arrebatar a los jóvenes de un letargo provocado por el desinterés hacia un proyecto poco atractivo para las nuevas generaciones.
De otro lado la Iglesia, que enfrenta una gran crisis de fe, no termina de llenar los templos donde los feligreses son cada vez de mayor edad.
“Las iglesias están vacías, es una crisis que estamos viviendo y la Iglesia va a tener que buscar un nuevo lenguaje para atraer a los jóvenes sino jamás los va a conquistar”, explica a DIARIO LAS AMÉRICAS, el profesor de Historia de las Religiones de la Universidad de La Habana, Enrique López Oliva.
La aspiración de la curia es darles un mayor protagonismo a los jóvenes católicos en los problemas de la sociedad, agobiada por una crisis económica que no termina de invertirse. Y, a su vez, poder asegurar su futuro y subsistencia en un mundo donde cada día que pasa lo místico se vuelve cada vez más material.
El Gobierno, y en particular el dirigente partido comunista, se debate con el mismo problema, ya que sectores importantes de la juventud le han dado la espalda o han emigrado.
“Ellos tienen un problema mucho más serio, porque los jóvenes no ven un gran futuro en este país y están emigrando. Se les está desangrando el país ante la falta de perspectivas laborales y de desarrollo personal”, agregó Andrés Cotarelo, un joven católico, que ha visto a muchos de sus compañeros de generación irse del país sin grandes planes de volver atrás.
La situación parece ser tan aguda que salió a relucir en el reciente Congreso del Partido Comunista donde las autoridades del régimen se refirieron, una vez más, a la influencia de Estados Unidos y señalaron al presidente estadounidense Barack Obama de intentar permear a los jóvenes en su reciente visita a la isla.
“Con la visita de Obama se produjo un ataque a fondo a nuestra concepción política, a nuestra historia, a nuestra cultura y a nuestros símbolos”, dijo el ministro de Exteriores cubano, Bruno Rodríguez, durante el congreso comunista. El funcionario, otros miembros del Gobierno y delegados, no ocultaron su percepción de que las palabras del mandatario estadounidense tuvieron como blanco a la juventud.
En su discurso más importante, el mensaje que envió a la nación cubana, Obama instó a los jóvenes a ser protagonistas de su propio destino.
“Quiero que el pueblo cubano, sobre todo la gente joven, entienda por qué creo que deben mirar al futuro con esperanza; no la falsa promesa que insiste en que las cosas están mejor de lo que realmente están ni el optimismo ciego que dice que todos sus problemas desaparecerán mañana. Esperanza que tiene una base en el futuro que ustedes pueden elegir; que ustedes pueden moldear; que ustedes pueden construir para su país”, dijo Obama en el Gran Teatro de La Habana.
La ‘captación’ de la juventud, como se dice en el argot político de la isla, fue un tema clave que salió a relucir en el congreso comunista cubano. Pero aunque el gobernante Raúl Castro asegura que el país se encuentra enfrascado en una renovación de cuadros para los próximos 10 años, la composición del recién electo Comité Central del Partido mantuvo en su máxima dirección a los octogenarios históricos.
Hace falta sustituir a los viejos dirigentes por sangre joven pero están teniendo dificultades porque, al cabo de dos generaciones bajo el mismo poder, la política no es atractiva.
La resolución final del congreso lo dice claramente: “Los delegados coinciden en que la lucha contra la subversión política ideológica, la formación de valores en nuestra sociedad, y la atención a la niñez y la juventud, son asuntos estratégicos para el país, de los cuales depende la existencia misma de Cuba como nación soberana”.
Mientras, en las calles del país es fácil detectar cómo el desinterés tanto en política como en religión son palpables entre los jóvenes.
Lo interesante es que ni la Iglesia, que ha tenido su rol en el proceso de las llamadas reformas iniciadas en la isla, y tampoco el régimen, están sacando dividendos entre los jóvenes. Al menos la Iglesia se prepara para reforzar sus intentos en julio, cuando tenga lugar el encuentro nacional de la juventud católica.
Publicado en Diario las Americas 4.30.2016
© Rui Ferreira 2016

miércoles, abril 20

Un congreso a puertas cerradas

Según fuentes consultadas por Diario Las Américas, Raúl Castro admitió que existen contradicciones en las generaciones de cubanos, a pesar de que la vieja guardia continúa en el poder.


RUI FERREIRA
Especial
@ruiefe
El congreso de los comunistas cubanos tuvo lugar en una economía que se encuentra en etapa de cambio, con una población que sigue con dudas, donde los delegados no fueron llamados a opinar mucho y los dirigentes postergaron decisiones, incluso las medulares. Por el momento Cuba seguirá siendo un país socialista y la apertura al mercado parece que será lenta pero necesaria. Es lo inevitable.
“Ellos no tienen otra opción que rendirse, aunque no es una palabra cómoda, a la realidad de la vida. Sin la iniciativa privada este país no avanzará”, así de diáfano lo dijo el profesor universitario Enrique López Oliva.
¿Qué ha pasado entonces tras años de promesas y esperanzas? Las opiniones difieren. Según indicó el académico Rafael Hernández a DIARIO LAS AMÉRICAS, el congreso “fue bastante realista y también ‘raulista’, que es lo mismo, conectado a los problemas concretos de la vida de la población y lo más interesante es que han subido al Comité Central a un grupo de tecnócratas conectado con las realidades actuales y en contradicción con los lineamientos anteriores”.
“De momento –afirmó-, están enfocados en los problemas concretos y, al contrario de lo que dicen algunos, no hay un solo miembro de la familia de Raúl Castro en el Comité Central. Vamos a esperar unos años, pero este nuevo núcleo de dirigentes políticos tendrá que responder”, agregó el académico.
Otros analistas cubanos subrayaron el hecho de que de la casta dirigente actual salieron dos militares y entraron cinco civiles, de los cuales tres son mujeres ligadas al desarrollo de la industria tecnológica. “La rectora de la Universidad de Ciencias Informáticas está allí, eso es un indicio claro de que ella va a tener la más alta autoridad para controlar los demás ministerios e instituciones del Estado”, añadió Hernández.
Pero también fue patente que la ‘línea dura’ todavía sigue pautando los destinos del país, algo que  algunos en la isla ven como una ‘concesión’ a la vieja guardia. José Ramón Machado Ventura, un ‘aparatchik’, sigue de segundo secretario del partido y siempre se ha dicho que no es un ‘hombre de Raúl’, sino de su hermano, el exgobernante Fidel Castro, quien hizo una forzosa y débil aparición en el evento. “Aquello dio pena”, comentó a DLA un asistentes al congreso. Su intervención no fue trasmitida en directo por la televisión.
Fuentes cercanas al evento indicaron que hubo divergencias o, al menos, desavenencias en la cita. La sesión de clausura no fue trasmitida en vivo por la televisión local como en los seis congresos anteriores.
“Los delegados preguntaron sobre la aproximación con EEUU. Pero la televisión cubana censuró eso y hasta las palabras de Raúl cuando admitió la realidad de la existencia de contradicciones entre dos generaciones”, concluyó López Oliva.
Publicado el 4.20.2013 en Diario Las Américas
©Rui Ferreira 2016

miércoles, abril 13

Los escogidos que ayudan a Raúl Castro a salir del atolladero

Las personas que junto a Raúl Castro escucharon el discurso del presidente Obama en La Habana constituyen el brazo ejecutor de las reformas que el régimen intenta llevar adelante en el país.


RUI FERREIRA /Enviado especial
LA HABANA - Miguel Díaz Canel, Esteban Lazo Hernández, Bruno Rodríguez Parrilla y Rodrigo Malmierca integran la nueva pléyade del poder en Cuba. En el mismo orden en que están nombrados, el primer vicepresidente, el presidente de la Asamblea del Poder Popular (Parlamento), el Canciller y el ministro de Comercio Exterior e Inversión Extranjera, son los rostros que representan el momento político actual en la isla.
Todos ellos acompañaron al gobernante Raúl Castro durante la visita del presidente Barack Obama a la isla, el día que el visitante pronunciara su emblemático discurso en el teatro Alicia Alonso o Gran Teatro de La Habana.
Para algunos analistas resultó extremadamente revelador que mientras el mandatario estadounidense discursaba solo ante el auditorio, en el palco principal se encontrara Raúl Castro acompañado de sus principales colaboradores, donde además estaba su hijo Alejandro Castro Espín a quien ha encargado encabezar una corporación sin identidad legal, nombrada Comisión de Defensa y Seguridad Nacional.
Según la generalidad de los consultados, las personas que acompañaban a Castro ese día constituyen el brazo ejecutor de las reformas que el régimen de La Habana intenta llevar adelante en el país para, como ellos mismos y de manera oficial han reconocido, consolidar el sistema. De hecho, en términos políticos se habla de ‘perfeccionamiento’ y no de ‘reformas’, ni ‘evolución’ y, mucho menos, ‘transición'.
Todos ellos se encuentran involucrados de lleno en la totalidad de los aspectos de la ofensiva político económica emprendida por Castro de quien fuentes consultadas dicen “tiene en cuenta la opinión de sus más  cercanos colaboradores”.
Si el canciller Rodríguez, y en alguna medida, Castro Espín, aseguran la ofensiva fuera de las fronteras; el primero negociando con la Unión Europea y el segundo, moviendo los hilos aunque tras las sombras en las negociaciones con EEUU, el ministro Malmierca es quien ha diseñado y explicado los planes gubernamentales de atraer inversiones que provean el necesario balón de oxígeno para un sistema que requiere de una fuerte inyección de capital foráneo para salir del atolladero.
Es mucho lo que necesitan, se habla de un mínimo de 2.000 millones de dólares que deben ser conseguidos de preferencia en el próximo lustro.
García Mesa, el más veterano del grupo, es el hombre que asegura que los diputados cubanos, críticos internamente desde las últimas elecciones parlamentarias, den el respaldo necesario a los mecanismos legislativos que hacen falta para poder poner en marcha toda esta máquina. Aunque la ley de inversiones, reformada hace unos años, ha abierto algunas puertas, todavía faltan muchas herramientas que satisfagan a los potenciales inversionistas, principalmente estadounidenses que rondan constantemente el archipiélago en busca de respuestas, principalmente en términos de seguridad jurídica, un tema que todavía provoca temores teniendo en cuenta todo el proceso de nacionalizaciones realizadas por el Gobierno de los Castro al inicio de la revolución, las expropiaciones y confiscaciones de empresas extranjeras efectuadas en las últimos años.
De hecho, el régimen cubano ha merecido duras críticas por la falta de claridad de las leyes referidas al derecho a la propiedad y por lo poco esclarecedor que ha sido el Gobierno sobre este asunto.
Por otro lado, este grupo de ‘hombres de Raúl’, que incluye además al ministro de la Fuerzas Armadas, Leopoldo Cintra Frías, está llamado a tener un papel preponderante durante el séptimo congreso del gobernante partido comunista, que comienza el sábado, para explicar a los delegados qué se ha hecho y cuáles son las ideas que pretende implementar para rediseñar la sociedad, un tema bastante delicado porque, según lo consideran muchos analistas en la capital cubana, tiene bastantes adversarios dentro del propio régimen.
“Son personas que sienten que, tras décadas de un sistema inflexible, constituye una especie de ‘traición’ abrir ahora algunas fisuras que pudieran, desde esa óptica, agrietar la ‘obra de la revolución’. En todo esto hay muchos intereses afectados. Esta gente no está nada contenta. Por ellos todo seguirá igual”, dijo un profesor universitario.
Pero los ortodoxos del castrismo no son los únicos descontentos. A menos de una semana del inicio del congreso del partido comunista, la sociedad cubana vive un intenso e inédito debate popular por la incógnita que hay sobre los temas que serán debatidos allí. Se da por sentado que habrá un golpe de timón, quizá una importante sacudida del árbol, pero la población y muchos militantes del partido no tienen la más mínima idea de lo que se piensa discutir.
Hasta el momento, al contrario de años anteriores, la prensa no se ha referido en detalle a los documentos a debatir durante ese foro. Se supone que las discusiones internas comenzaron el 1 de marzo, pero después de ese anuncio la descripción de lo acaecido en esas reuniones es casi nula, más allá de anunciar su realización. Tanto que el portal oficial Cubadebate no les llama ‘asambleas’ sino ‘reuniones de consulta’.
“El verdadero debate está en la calle no en esas reuniones a puertas cerradas. La gente quiere saber qué se va a discutir. Por primera vez, en muchos pero muchos años, [los cubanos] se han interesado por un congreso del partido, quizá porque intuyen que el resultado de sus debates pueda ser definitorio para el futuro del país’, estima un académico cubano.
Publicado en Diario Las Americas el 4.13.2016
©Rui Ferreira 2016

sábado, abril 9

El poder en Cuba prepara un heredero, tras bastidores

Alejandro Castro Espín, hijo mayor del gobernante Raúl Castro, encabeza una estratégica organización identificada como Comisión de Seguridad Nacional en la que los mandos militares del Ministerio del Interior y las Fuerzas Armadas fueron unificados.



Alejandro Castro Espín
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Alejandro Castro Espín, junto a su padre, el dictador Raúl Castro, llevó la voz cantante en las negociaciones que se mantuvieron entre Cuba y EEUU. (ILUSTRACIÓN)














RUI FERREIRA
Enviado especial
@ruiefe
LA HABANA - En el momento en que Ben Rhodes y Ricardo Zúñiga se presentaron en las conversaciones secretas que Estados Unidos mantuvo con Cuba, para normalizar las relaciones el año 2014, delante de los dos hombres enviados por Barack Obama se encontraba uno solo que concentraba todos los poderes de los representantes de Washington: Alejandro Castro Espín.
Los tres hombres trabajan en el mismo ámbito, en las presidencias de sus respectivos países. Se dedican a asesorar a los mandatarios en materia de Seguridad Nacional. Pero Castro Espín nunca apareció vinculado a las negociaciones hasta que en diciembre pasado, en Panamá, se le vio sentado en tercer lugar en la disposición protocolaria durante la reunión desarrollada entre el presidente Obama y el gobernante Raúl Castro.
La ubicación de Castro Espín durante ese encuentro, situado frente a frente con Ben Rhodes, sugirió la sospecha de que el hijo mayor del mandatario cubano era mucho más importante en todo el proceso de lo que inicialmente habían creído.
La confirmación se produjo durante la reciente visita de Obama a la isla. DIARIO LAS AMÉRICAS lo consultó con tres fuentes, dos gubernamentales y un periodista conocedor de algunas interioridades del proceso. Según las fuentes, efectivamente Castro Espín, junto a su padre, llevó la voz cantante en las negociaciones que se mantuvieron totalmente al margen de los mecanismos diplomáticos tradicionales de ambos países, y se descubrió que el primogénito del mandatario de la isla encabeza o preside una hasta ahora poco conocida ‘Comisión de Seguridad Nacional’.
Pero Castro Espín tiene realmente muchos más poderes e influencias que Rhodes o Zúñiga, ya que siendo coronel del Ministerio del Interior (MININT) coordina la contrainteligencia tanto del MININT como de las Fuerzas Armadas, unificación de mando que comenzó hace unos 15 años, a partir de informes ofrecidos por fuentes consultadas.
Muchos lo miran como un verdadero poder detrás “del trono” y otros, como un intento de promoverlo como eventual sucesor de su padre. Pero lo cierto es que tras conversar con al menos 10 personas en La Habana, no ha surgido ningún indicio de que así sea. Sino que Castro Espín es un muy importante auxiliar de su padre que deposita en él entera confianza.
Es además, autor de un libro sobre Estados Unidos, (‘El precio del Poder’) bastante crítico de la política de Washington hacia su país, pero también un hombre que ‘sabe escuchar’ y ‘no le tema a las diferencias’, en opinión de una fuente diplomática entrevistada. “No creo que Alejandro vaya a suceder a su padre. Nosotros no funcionamos en términos de dinastías, no tiene que ver con los cubanos y el Gobierno lo sabe. No somos Corea del Norte. El Gobierno parece más interesado en garantizar la continuidad de la revolución que en el hombre que realmente le suceda”, explicó un periodista cubano que pidió no ser identificado. El actual sucesor nombrado de Castro es Miguel Díaz Canel, el vicepresidente primero del país, que pudiera asumir la primera magistratura el año 2018 cuando se diera una profunda modelación en los cuadros políticos, como adelantó hace unos años el propio mandatario cubano, al anunciar su disposición a no buscar una consecución en el puesto.
Castro Espín, de 49 años, es hijo de Raúl Castro y Vilma Espín, fallecida, que fundó la Federación de Mujeres Cubanas y fue combatiente del movimiento insurreccional en la Sierra Maestra, considerada heroína de la revolución cubana.
En su desempeño militar estuvo involucrado en la guerra de Angola, un conflicto bélico que duró 16 años (1975-1991) al que el régimen de La Habana envió a sus militares jóvenes y reclutas del servicio militar obligatorio y donde murieron 2.700 cubanos. En esa guerra Castro Espín sufrió un accidente que le llevó a la pérdida de un ojo, y según fuentes habaneras siempre estuvo muy próximo a su padre aunque era el hijo preferido de la madre. Sus hermanas, Mariela y Deborah no tienen puestos de destaque, aunque la primera se encuentra al frente de una ‘revolución sexual’ en la isla al abogar públicamente por los derechos de los homosexuales desde sus oficinas en el Centro Nacional de Educación Sexual.
Cuando en mayo pasado, el mandatario cubano visitó al papa Francisco en el Vaticano, su hijo Alejandro estaba al lado. El 17 de diciembre del 2014, le tocó a Castro Espín recibir en el aeropuerto de La Habana a tres cubanos liberados, que fueron condenados en EEUU bajo cargos de espionaje y formaban parte de la desintegrada red Avispa. 
Pero fue en la Cumbre de las Américas de Panamá, en junio, cuando su figura se tornó más relevante a los ojos de los observadores. Él nunca se separó de su padre durante el primer apretón de manos entre Castro y Obama, en presencia de muchos dignatarios de la región, y más tarde en la reunión a solas, se sentó inmediatamente al lado del ministro de Exteriores, Bruno Rodríguez, frente al asesor nacional de Seguridad estadounidense, Ben Rhodes, a todas luces, su homólogo.
Versión original de una nota publicada en Diario Las Américas el 4.09.2016
©Rui Ferreira 2016

sábado, marzo 26

Obama deja esperanza entre los negros cubanos

RUI FERREIRA
Enviado especial
@ruiefe
LA HABANA - Cuatro días después de la visita de Barack Obama, su paso por la capital cubana todavía sigue dando de qué hablar. El presidente de EEUU despertó esperanza en la población de raza negra y los mestizos de sociedad cubana.
Si bien la gira ha servido para sacar a flote, de una manera inusual y bastante agresiva, las diferencias dentro del estamento gubernamental, por otro ha escarbado en el orgullo de los negros cubanos que miran todo esto como una pequeña victoria hace mucho anhelada.
“El pueblo cubano es profundamente negro y admira a los negros que triunfan”, explica el analista y periodista Ariel Larramendi, quien junto a varios amigos aprovechó estos días en improvisadas tertulias, para dar rienda suelta a su satisfacción.
Un grupo de personas juega dominó en una calle en La Habana. (EFE)
Desde que llegó a la Casa Blanca en enero del 2009, Obama siempre fue bien visto entre la población de la isla por su facilidad en comunicarse con las masas, carisma, pero, sobre todo, por el hecho de que fue el primer afroamericano en llegar a la presidencia de EEUU. Aunque en ese entonces fue recibido con cautela por el Gobierno, como era de esperarse dado el violento historial de hostilidad bilateral, a nivel popular fue visto como una especie de luz al final del túnel.
Desde entonces, su carrera política fue seguida con suma atención y en la población fue visto como la solución a los problemas, como no dejan de enfatizar muchos analistas. “La gente no sabía cómo pero siempre lo han visto [a Obama] como alguien que los puede ayudar. Esta visita ha llenado esas expectativas, ha escarbado mucho más en ese sentimiento, por eso las dos o tres manifestaciones espontáneas que se han visto en estos días, algo absolutamente inédito en Cuba”, explica Larramendi.
Para la población negra cubana esta percepción es más intensa porque desde hace décadas se sienten abandonados por una diáspora profundamente blanca, y que desde los albores de la crisis económica de la década de los 90 del siglo pasado, no tuvieran grandes posibilidades de capear el temporal. “Si no tengo familia afuera, ¿qué hago? ¡Nada! No tengo nada de eso. Aquí la mayoría de nosotros [los negros] no tiene familia fuera del país que nos pueda ayudar, estamos jodidos. ¡Jodidos!”, se desahogaba en diciembre pasado Antonio, sentado en el portal de su casa en el popular barrio de Centro Habana, uno de los más deteriorados de la ciudad.
La vista de Obama, explica Larramendi, tiene la virtud de haber cambiado en la percepción popular la imagen antológica de los estadounidenses en la isla. “Durante muchos años los americanos venían acá y eran los mandamás. A los cubanos que no nos digan que nos van a  aplastar porque saltamos”, explica. Y la presencia del mandatario estadounidense no fue vista de ningún modo como una forma de aplastar el sentimiento popular y la dignidad del país que, por estos días, mucha de la prensa oficial ha insistido en destacar.
“El tipo nos dijo todo lo que quiso y fue leal. Hay diferencias pero él las supo exponer. La gente lo entendió, le gustó. Habló claro. Hasta Raúl (Castro) lo aplaudió. En mi cuadra todo el mundo vio el discurso”, dijo Julio, otro de los tertulianos.
Como también se concentraron en las calles para verlo pasar y la enorme caravana que lo acompañó. “A la gente le gustó mucho que viniera con la familia. Con la mujer, las hijas y la suegra, con todo lo que nosotros odiamos a las suegras”, se ríe Larramendi. “Ah, enfatiza, y la mujer estaba muy buena”.
Pero piropos aparte, el periplo también ha sido visto como una forma de enterrar el hacha de la guerra. “La gente quiere descansar de esta lucha. Lo bueno de Obama es que parece que ha terminado el enfrentamiento sin subordinación. De otro modo no había arreglo. De ninguna manera. Frente a frente, como iguales y con respeto”, enfatizó el periodista cubano.
Para los negros cubanos, han afianzado varias fuentes, a partir de ahora se les pueden abrir muchas puertas, al menos esa es la esperanza. La apertura mutua tiene todas las posibilidades de mejorar la calidad de vida de ese estamento de la sociedad cubana. Se espera que las inversiones de Estados Unidos, aún por reglamentar por la parte de Washington porque existe por medio un embargo económico, puedan traer un aumento en las fuentes de empleo, sea en la construcción, servicios o unidades fabriles. También una mayor posibilidad de viajar al exterior, con Estados Unidos como el objetivo principal, y contribuir a la economía familiar con las remesas. “Hay esperanza pero sobre todo, un respiro. Ojalá no nos defraude, porque nunca nadie se imaginó un negro en la Casa Blanca y mucho menos viajando acá”, precisó Julio.
Publicado en Diário Ls Américas el 3.26.2016
©Rui Ferreira 2016

jueves, marzo 24

El cartel de bienvenida, creo que el único en la ciudad


Prensa oficial cubana critica el discurso de Obama en la isla


Aunque el discurso de Obama a los cubanos fue trasmitido íntegramente por la televisión local, los medios oficialistas Granma y Juventud Rebelde publicaron versiones diferentes de las palabras presidenciales
RUI FERREIRA
Enviado especial
@ruiefe
LA HABANA - Si bien el discurso del presidente Barack Obama el martes al pueblo cubano fue bien recibido a nivel popular, incluso hubo dos cortas manifestaciones espontáneas de apoyo en la ciudad horas después, la prensa oficial ha sido muy dura con las palabras presidenciales, sus conceptos políticos y el alcance real de su mensaje. Como si no se quisiera que la nueva dinámica bilateral diera resultado.
Las criticas giraron alrededor de tres puntos básicos: que no hay borrón y cuenta nueva, Estados Unidos debe pedir disculpas por su pasado, y que al querer llegar a la incipiente iniciativa privada, Obama estaría intentando dividir al pueblo cubano. Las criticas adquieren cierta notoriedad porque el discurso fue aplaudido 32 veces y muchos de los aplausos fueron secundados por el presidente Raúl Castro.
Desde el inicio, las críticas se plantearon en términos ideológicos. “Varias veces, sin embargo acudió al ‘storytelling’, que el escritor Christian Salmon define como la ‘máquina de fabricar historias y formatear las mentes’, para -desde relatos personales tratados con intencionalidad política- presentar a la revolución cubana como algo del pasado. Así nos contó verdades incontrastables: que su padre arribó a EEUU en 1959 y que él nació en el mismo año de la invasión de la CIA derrotada en Playa Girón, para encubrir que hechos como el secuestro del niño Elián González y la injusta prisión de los cinco antiterroristas cubanos corresponden al siglo XXI y fueron vividos por las más jóvenes generaciones de esta isla”, escribió el diario Juventud Rebelde, en un comentario titulado: ‘¿Obama en el Gran Teatro o el gran teatro de Obama en La Habana?’.
No se quedó por ahí. “Algunos pares opuestos fueron insistentemente utilizados durante el discurso (jóvenes-historia, Estado-individuo, Gobierno-pueblo, pasado-futuro), en una estrategia divisiva dirigida al interior de la sociedad cubana en la que el ‘storytelling’ retornó apoyado en ‘emprendedores’ emigrados exitosos, cuyo ejemplo nuestro invitado cree debemos y podemos seguir a partir del ‘cambio’ que él ya no nos impone, sino que nos sugiere desde nuestros propios compatriotas que han aprovechado las ‘oportunidades’ que el capitalismo estadounidense ofrece y lo que le contaron algunos de los que se dirigieron a él cuando un día antes asumió el rol de Papá Noel en una cervecera de La Habana”, enfatiza el comentario, refiriéndose a la pretensión de Estados Unidos de colaborar en el desarrollo de la economía no estatal cubana, uno de los pilares del deshilo del lado estadounidense.
Y matiza: “Estimular la iniciativa privada en Cuba, cuando como profesor de Harvard sabe que la mayor verdad contenida en el manifiesto comunista es que ella está abolida en la práctica para nueve décimas partes de la humanidad, no es precisamente un acto de honestidad”.
El comentario critica al mandatario por no haberse referido a las víctimas cubanas de los actos de guerra patrocinados por Washington durante décadas ni tampoco haber manifestado su intención de llevar a los tribunales a los supuestos responsables. Pero el diario Granma, en este terreno, fue más lejos en otro comentario, al abordar la aproximación entre los dos países.
“‘¿Por qué ahora?’, pregunta Obama, y se responde con naturalidad: ‘Lo que estaba haciendo Estados Unidos no funcionaba’. Pero, ¿no funcionaba?, ¿no sería mejor decir que era inmoral?, ¿qué causaba sufrimientos, e incluso muertes? ‘El embargo hería a los cubanos en vez de ayudarlos’ (otra cita de Obama). Nos hería en nuestros sentimientos de pueblo digno, sí, pero también afectaba nuestras vidas. El bloqueo es criminal. ¿No debía acaso pedir perdón, en nombre del Estado que representa, a todos los cubanos?”, se pregunta Granma.
Este concepto fue desarrollado por el diario oficial cubano en un par de entrevistas anexas donde al menos uno de los consultados habla de la necesidad de que Estados Unidos pida disculpa por el enfrentamiento de más de 56 años. Precisamente el año pasado a raíz del inicio del deshielo, Obama dijo públicamente que no se sentía responsable por un conflicto que comenzó antes de que naciera, una noción que volvió a repetir ahora en la capital cubana.
El comentario también resta importancia al ofrecimiento del mandatario de hacer las paces. “¿Cuál es la rama de olivo?, ¿dónde está la rosa blanca (una mención a un poema del héroe independentista José Martí con que el presidente inició el discurso)? Obama ha abierto un camino que se inicia con el restablecimiento de relaciones, y que pasa por muchas disposiciones ejecutivas antes de que el Congreso se disponga a cancelar las leyes del bloqueo. En ese camino, todavía puede hacer mucho más”, enfatiza el comentario, al parecer ajeno a las últimas decisiones ejecutivas, previas al viaje, que prácticamente liberaron los viajes, las inversiones y el uso del dólar, con lo cual Cuba tendría un acceso mucho más amplio al mercado mundial.
Aunque el discurso de Obama a los cubanos fue trasmitido íntegramente por la televisión local, tanto Granma como Juventud Rebelde publicaron versiones diferentes de las palabras presidenciales donde lo que más se destaca es la omisión a las referencias y elogios que el mandatario hizo al exilio cubano y que, al menos en una ocasión, fue aplaudido por ello.
Pero Granma lo explicó: “El modelo de sociedad al que aspiramos, no es la corrupta Miami, como propone Obama con insólita candidez”.
Publicado en Diario Las Américas 3.24.2016
©Rui Ferreira 2016

miércoles, marzo 23

Obama a Castro: “No le tema a EEUU ni a las voces del pueblo”

En un momento climático del discurso, Obama afirmó: “Creo que los ciudadanos deben tener la libertad de expresar sus opiniones sin miedo, de organizarse, criticar al Gobierno y protestar pacíficamente en un Estado de derecho"



El presidente Barack Obama abogó por no tener miedo al cambio. (EFE)
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El presidente Barack Obama abogó por no tener miedo al cambio. (EFE)













RUI FERREIRA
Enviado Especial
LA HABANA - Barack Obama dijo al pueblo cubano, delante del gobernante Raúl Castro y la plana mayor de su Gobierno, que Estados Unidos y Cuba están destinados inexorablemente a entenderse y a trabajar en conjunto por un cambio más profundo en la isla.
Y en ese cambio deben participar los cubanos de las dos orillas del Estrecho de Florida, sin quienes una reconciliación nacional es imposible. “Los hijos y nietos de la revolución, los hijos y nietos del exilio son fundamentales en la reconciliación”, sentenció el mandatario en un discurso al país pronunciado en el Gran Teatro de La Habana.
No es común que un presidente de Estados Unidos se refiera al proceso político cubano como “revolución”, pero Obama mencionó la palabra varias veces durante su alocución, arrancando frenéticos aplausos de la audiencia.
“A pesar de adversarios, nuestros pueblos tienen mucho en común. Nos unen el patriotismo, el orgullo, un fuerte compromiso con la educación”, explicó Obama, al abogar por el acceso irrestricto de los cubanos a la internet como puerta de entrada hacia el mundo moderno, actual y desarrollado.
"Usted no necesita temer una amenaza de Estados Unidos", le dijo Obama al gobernante cubano y acto seguido añadió que tampoco debía "temer a las voces diferentes del pueblo y a sus posibilidades de reunirse, de hablar, de votar".
En un momento climático del discurso, Obama afirmó: “Déjenme decirles lo que pienso honestamente. Puede que no estén de acuerdo conmigo y no puedo forzarlos a estar de acuerdo conmigo. Yo creo que cada individuo debe tener los mismos derechos ante la ley. Cada niño debe tener la dignidad que viene con la salud, la educación, un plato de comida sobre la mesa y una vivienda”.
Y continuó: “Creo que los ciudadanos deben tener la libertad de expresar sus opiniones sin miedo, de organizarse, criticar al Gobierno y protestar pacíficamente en un Estado de derecho donde no deben existir las detenciones arbitrarias. Creo que cada persona debe tener la libertad de practicar su religión pacíficamente y de forma pública. También creo que los votantes deben elegir a sus gobernantes en elecciones libres y democráticas”.
“Esos derechos humanos son universales”, subrayó.
“Vine aquí para enterrar los últimos vestigios de la Guerra Fría, nuestros dos pueblos son hermanos”, dijo Obama, quien recordó sus llamados al levantamiento del embargo que “hiere a los cubanos”.
Es más, subrayó, el fin del embargo “es un paso para los que quieren invertir y trabajar en Cuba”.
Y también mencionó que si el embargo se suspende, hay muchas cosas que debe hacer el pueblo de Cuba para cambiar y mejorar su nación.
El mandatario, aprovechó la oportunidad para explicar a la audiencia el diseño básico de la sociedad estadounidense y de cómo su estructura ha traído el desarrollo. “Somos una sociedad multifacética, abierta, donde existe el estado de derecho del individuo”, que puede ser un ejemplo para Cuba en materia de “derechos individuales”.
“Quiero decir que, estando en mi casa, puedo decir que no voy a resolver todos los problemas del mundo, pero si resuelvo los que existen en mi pequeño territorio afecto todo lo que me rodea”, enfatizó el presidente, quien se presentó solo en un escenario sobrio, donde se destacaban las enseñas de los dos países y el símbolo presidencial en el podio.
Es por ello, subrayó Obama, que el proceso de normalización de relaciones entre los dos países tendría una consecuencia directa en los cambios. El mandatario no lo dijo específicamente, pero a juzgar por sus palabras y la reacción de Raúl Castro, parece que los dos hombres han logrado establecer una relación de proximidad y comprensión, como suele decir el lenguaje oficial cubano. “No tenemos que tener miedo a los cambios”, sentenció Obama.
“Nuestro secreto no está en copiar sino en innovar”, indicó el mandatario, admitiendo las diferencias entre las dos sociedades y destacando que no es un problema para los intercambios. “La economía sostenible del siglo XXI pasa por el intercambio de ideas. Sé que son temas sensibles [en Cuba] viniendo de un presidente de Estados Unidos”, subrayó.
Para Obama, su país, “no tiene la capacidad de imponer cambios en Cuba, [porque] el cambio tiene que venir de dentro del pueblo” teniendo en cuenta que “la libertad es la capacidad interior de las personas”.
“Las libertades generaron el cambio en EEUU y la democracia es la forma de resolver los problemas. ¿Quién les diría que tenemos unas elecciones a las cuales se han presentado una mujer y un socialista demócrata? Eso les da una idea de nuestra democracia”, puntualizó el mandatario.
Obama explicó a la audiencia algunas interioridades del exilio cubano, un estamento que definió como hijo del dolor y la tragedia. Aun así, son personas que “aman a Cuba y que genuinamente siguen considerando que este es su verdadero país. Para ellos no se trata de política sino de familia. Por ello son importantes el regreso y la reconciliación. Reconozco el talento de los cubanos en Estados Unidos”.
Luego añadió: “Todo esto toma tiempo, la reconciliación pasa por varias etapas”, que pasan por “escuchar” y “si se logra eso habrá más posibilidades. Llegó el momento de la reconciliación, del futuro conjunto y, como amigos, como familia. Sí se puede hacer muchas cosas”, agregó esas últimas palabras en español.
En los primeros instantes, tras el discurso, que fue transmitido por la televisión nacional en Cuba, la reacción fue inmediata, en un país donde todo el mundo con quien se habla admite que el mandatario es muy popular.
El viaje de Obama coincide con los preparativos del próximo congreso del Partido Comunista, el único oficialmente reconocido y en el poder, y es de esperar que sus palabras tengan una influencia en el cónclave.
“Esto, visto en las vísperas del congreso del partido es de gran importancia, va a influir enormemente”, aseguró el profesor universitario Enrique López Oliva.
Las palabras presidenciales, amén de representar un espaldarazo a cualquier intento de apertura cubana, coinciden con la aparente intención de Raúl Castro de darle paso a nuevas generaciones en los próximos años, por lo cual una reconciliación con Estados Unidos sería el paso previo, esencial, en lograr afianzar a la nueva ola dirigente en el poder.
“Creo que Obama entendió muy bien que el futuro de nuestro país, aunque no es dictado por Estados Unidos, pasa por una política de buena vecindad. Más que eso, por una colaboración que no tiene ya marcha atrás. Nadie lo diría hace unos años pero se ha hecho”, aseguró un periodista cubano.
Si Estados Unidos logra tener una mayor influencia en la isla, está por verse, pero lo cierto es que la popularidad de Obama se ha visto afianzada con este discurso, cuya filosofía más sólida ha sido un llamado al cambio generacional, algo que Raúl Castro ha repetido en los últimos años. Para sorpresa de muchos, el gobernante cubano aplaudió entusiasmado a su colega de Washington.
El recorrido de Kerry
Por su parte, el secretario de Estado John Kerry decidió visitar  el Capitolio nacional, ubicado en el corazón de La Habana y tras su visita decidió irse a pie desde el edificio hacia el cercano Parque Central, lo que desató que un grupo de unos cientos de personas le siguieran a gritos de “Obama, Obama, Kerry, Kerry”.
Publicado el 3.23.2016 en Diario Las Americas
© Rui Ferreira 2016

Obama se gana el cubano de pié

Hay quien asegura que si el presidente estadounidense optara por la jefatura en Cuba, ganaría la elección


Obama se gana al cubano de a pie
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El mandatario estadounidense saluda al público que acudió a escuchar sus palabras. (EFE)













RUI FERREIRA
Enviado Especial
LA HABANA - La enorme popularidad del presidente Obama es palpable aún sin salir del avión. El lunes por la tarde, mientras el avión de American Airlines se desplaza por la pista del aeropuerto José Martí, acabado de llegar de Miami, la gran mayoría de los pasajeros se volcaron hacia las ventanillas del lado derecho en busca de las alas del avión más conocidas del mundo.
“Mira mi’jo, es el avión de Obama”, decía orgullosa una madre cubanoamericana, apuntando hacia el Air Force One, estacionado frente a la Terminal 1, al lado de otro avión del Departamento de Estado. El muchacho no paraba de tomar fotografías con su celular. Luego, él y otros pasajeros, cuando se bajaron de la aeronave, siguieron haciendo lo mismo, tomando fotos, mientras se dirigían hacia la terminal.
Tan pronto salimos del aeropuerto,  se escuchan los comentarios. La gente le pregunta al visitante cómo se está viendo la visita de Obama a Cuba en el exterior. Están tan ávidos de noticias, que tropiezan en las preguntas. “¿Qué dice la gente en Miami? ¿Hay muchos protestando?”, preguntaron.
Pero lo más común es que todos parecen querer opinar sobre el viaje, muchas veces sin que se le pregunte. Es el caso de Mario, el taxista de una empresa gubernamental, soltó de pronto: “Obama es una bendición para Cuba, la gente cree que va a resolver nuestros problemas. Si lo logra o no, es otra cosa. Pero yo creo que nos puede ayudar”.
No hay carteles en la calle con la imagen del mandatario, exceptuando uno a un costado de la Catedral de La Habana, que ha sido difundido en la portada de muchos periódicos del mundo. Mientras tanto, la visita presidencial no ha seguido los cánones tradicionales. No hubo una recepción popular organizada por el Gobierno, a lo largo del recorrido por las avenidas adyacentes al aeropuerto, como en otros tiempos.
Pero la población se hizo presente. Cuentan muchos cubanos que centenares de personas, bajo un pertinaz aguacero, se concentraron sin que nadie los obligara a acudir a la avenida Rancho Boyeros esperando ver pasar la caravana presidencial. Se quedaron en ascuas.
No obstante, los dos grandes automóviles presidenciales, llamados “bestias”, fueron desviados por una ruta alternativa y llegaron al centro de la ciudad tras dar un enorme desvío por el anillo vial exterior del área urbana y la gente se quedó sin ver a Obama.
“Fue una frustración general. Cerraron todas las calles, el tráfico era un infierno y todo el mundo estaba ‘berreao’ [molesto]”, explicó el taxista.
Les quedó, cuanto mucho, verlo por televisión, cuando los informativos transmitieron las actividades oficiales y nada más que eso. No hubo imágenes de la gente coreando a Obama, cuando se fue a pasear con la familia por la Habana Vieja.
Publicado en Diario Las Americas el 3.23.2016
©Rui Ferreira 2016

lunes, marzo 21

“¿Qué bolá Cuba?": Obama está decidido a cambiar la historia

Para Obama el viaje es la esencia de su legado diplomático, también una forma de aproximarse a los demás países latinoamericanos que suelen seguir el faro de La Habana. Algunos creen que es una novedad de los últimos dos años.


MIAMI.-RUI FERREIRA
Especial
@ruiefe
Bajo un pertinaz aguacero, el presidente estadounidense Barack Obama desembarcó en La Habana en un viaje histórico llamado a consolidar el deshielo iniciado entre los dos países a fines del año 2014. Es la primera visita de un mandatario del poderoso vecino del Norte desde que en 1928 el entonces presidente Calvin Coolidge ingresó a la rada habanera a bordo de un acorazado.
“¿Qué bolá Cuba? Acabo de aterrizar aquí, y deseoso de encontrarme y escuchar directamente al pueblo cubano”, fueron las primeras palabras del mandatario expresadas a través de su cuenta en Twitter.
El avión presidencial, Air Force One, tocó tierra en el Aeropuerto Internacional José Martí a las 4:19 de la tarde, donde Obama fue recibido por el ministro de Relaciones Exteriores, Bruno Rodríguez; la directora del Departamento de América del Norte de la cancillería, Josefina Vidal, y los jefes de las misiones diplomáticas de los dos países, Jeffrey DeLaurentis y José Ramón Cabañas.
El gobernante Raúl Castro no estuvo presente en el recibimiento, un gesto que según fuentes en la capital cubana, pretende enviar un mensaje de que aunque la visita es importante las relaciones todavía no están totalmente normalizadas. La Habana sigue reclamando el fin del embargo económico y la devolución de la Base Naval de Guantánamo.
Obama, acompañado de la primera dama Michelle Obama sus dos hijas y la suegra, descendió del aparato cubriéndose con un paraguas, saludó al pequeño comité de recepción y abordó la limusina presidencial, también conocida como “la bestia”. Mientras esto ocurría, por la parte trasera del Air Force One desembarcó el resto de la delegación estadounidense, con el secretario de Estado John Kerry, la líder demócrata de la Cámara, Nancy Pelosi, la asesora presidencial Valerie Jarret y un grupo de congresistas y senadores de ambos partidos.
Enseguida la comitiva presidencial, compuesta por 28 camionetas, siete de las cuales blindadas, puso rumbo al Hotel Meliá, en el Malecón Habanero donde Obama tuvo oportunidad de saludar al personal diplomático allí presente. Tras los saludos, el mandatario realizó una breve visita a La Habana Vieja, bajo la conducción del historiador de la ciudad, Eusebio Leal, y se detuvo en la Catedral de La Habana a saludar al cardenal Jaime Ortega y Alamino, uno de los artífices del deshielo entre los dos países.
Al reunirse con el personal diplomático, Obama pronunció un breve discurso. “En 1928 el presidente Coolidge vino en un acorazado y tardó tres días. A mí me tomó apenas tres horas”, dijo el mandatario. “Tener una embajada de EEUU significa que vamos a poder impulsar mejor nuestros valores, nuestro intereses y entender mejor las preocupaciones del pueblo cubano. Esta es una visita histórica y una oportunidad histórica”, enfatizó.
Obama, quien permanecerá en la isla hasta el martes por la tarde, desembarcó en La Habana con una idea muy precisa: acabar de una vez por todas con la animosidad entre los dos gobiernos y extender un puente de plata a su viejo adversario sin obviar las diferencias políticas y críticas a la sociedad socialista cubana, como las violaciones de derechos humanos.
De hecho esa ha sido una de las condiciones desde que en diciembre el mandatario manifestó sus intenciones de viajar a la isla. “Voy con el presupuesto de que puedo hablar con quien quiera”, dijo en ese entonces.
Para Obama el viaje es la esencia de su legado diplomático, también una forma de aproximarse a los demás países latinoamericanos que suele seguir el faro de La Habana. Algunos creen que es una novedad de los últimos dos años pero lo cierto es que cuando de su visita a Miami el año 2008, siendo aún un candidato a la presidencia, el mandatario se comprometió a resolver este último conflicto de la Guerra Fría.
El viaje presidencial también es una forma de resaltar los nuevos tiempos y, a la vez, hacer ver que la nueva dinámica bilateral es irreversible.
Su plan es ampliar la influencia de Washington en la isla, llegar directamente al pueblo cubano y participar en el desarrollo de la sociedad empresarial privada, aún bastante angosta. “Cuanto más los empresarios estadounidenses se compenetren allí, cuanta más gente viaje allí y los cubanoamericanos pueden comunicarse ampliamente con sus familiares, que en algunos casos no se han visto en décadas, más fácilmente vamos a ver los cambios que todos aspiramos”, indicó Obama recientemente la cadena CNN en español.
Horas antes de la llegada, un grupo de manifestantes progubernamentales cercó a unas 50 integrantes de una de las facciones de las Damas de Blanco y otros opositores en las inmediaciones de la Iglesia de Santa Rita, en Miramar. Los opositores fueron arrestados y liberados horas después. De todos modos, antes del incidente, la líder de las Damas de Blanco, Berta Soler, declaró a la agencia española EFE, que la agrupación desea que Obama “dé un mensaje bien claro de apoyo al pueblo de Cuba, dado que siempre los Estados Unidos han querido el bien y la democracia en la isla”.
También, “queremos que le exija al Gobierno cubano la libertad inmediata para todos los presos políticos, una amnistía general y que cese la violencia policial”, enfatizó Soler, quien agregó que piensa explicarle al mandatario que su visita no cambiará “para nada” la situación de derechos humanos en la isla.
Publicado el 3.21.2016 en Diario Las Americas.
©Rui Ferreira 2016

domingo, marzo 20

Primeras declaraciones de Obama en Cuba


Obama aterriza en La Habana


El mandatario fue recibido en la escalerilla del aeropuerto por el ministro de Exteriores, Bruno Rodríguez, Josefina Vidal, la directora de EEUU de la cancillería local, el encargado de negocios de EEUU en La Habana, Jeffrey DeLaurentis y el embajador cubano en Washington, José Ramón Cabañas.






    Obama toca suelo cubano con el pie izquierdo. Y Michelle con el derecho.