El cabo Cason (centro) examina unas aceitunas en la Feria de La Habana.
Creo que un día escribí por acá que el cabo James Cason se ha postulado a la alcaldía de Coral Gables. Espero que no lo elijan. No nos merecemos semejante infortunio. Ya tenemos demasiados problemas de corrupción en el sur de la Florida. Así que no recomiendo que voten en él.Entre otras razones porque estoy a punto de creer que su estancia al frente de la sección de intereses de EEUU en Cuba parece que fue aprovechada por las autoridades locales para reclutarlo. Cómo explicar que haya ido a un canal de televisión acá en este batey en que vivimos y afirmar que distribuyó UN CUARTO DE MILLON de libros al pueblo cubano, mayormente disidentes, mientras estuvo en su puesto en el Malecón habanero.
Me explico yo, ahora, por qué estoy sospechando eso: porque es una soberana mentira. Parece que en su intento de conquistar el público local, el cabo Cason ha dicho exactamente lo que la propaganda de la isla suele decir, que distribuyen decenas de libros entre la disidencia pero nunca hablaron de un cuarto de millón. El cabo exagera una cifra en su beneficio como la propaganda lo suele hacer. El cabo Cason no tiene la más mínima idea de cómo funciona el programa de libros, creado en mi época, ni las dimensiones de lo que representa un cuarto de millón de libros, en espacio y en dinero, porque esos libros son pagados por el presupuesto del Departamento de Estado. A Cuba le gustaría que el cabo Cason distribuyera un cuarto de millón de libros, y si ahora el cabo lo confirma termina dando un tremendo espaldarazo a la versión cubana. Eso es lo que suelen hacer los reclutados. Me parece.
Pero no fue sólo eso, la intervención televisiva del cabo – dicho sea de paso, tampoco les recomiendo su CD con música guaraní cantada por él, dice una amiga mía paraguaya que no se le entiende. “Si un gringo habla mal el español ya te imaginás como es en guaraní”, me dijo – también sirvió para hacer un ruego llorón con cierto matiz solariego y una pizca de exigencia. Arrogante. “Yo les di un dedo con Fidel, y ahora les pido una mano”, dijo.
O sea. ¿A este se le pagó un sueldo como empleado del Gobierno para ir a trabajar (mal) a La Habana y ahora hay que elegirlo por eso? No se ustedes, pero para mí esto es una tremenda falta de respeto al exilio cubano. A ver si ahora al imbécil de Saavedra se le ocurre hacer una manifestación delante de la casa del cabo.

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