domingo, marzo 4

Grabriel

Por Norberto Fuentes

Una tarde de 1987, Fidel llamó a uno de los chóferes asignados a Gabriel García Márquez como servidumbre de la Casa de Protocolo Número 6 --mucama, cocinera, ayudante, camarera y dos chóferes. El viejo Candebat, un mulato largo, de pómulos lombrosianos y guayabera del Diplomercado una talla corta para su estatura, y que manejaba uno de los Mercedes del Gabo, tenía el brazo del Comandante por arriba de sus hombros mientras éste, en la rotonda de baldosas rojas a la entrada de la mansión, le cuchicheaba al oído. Tenía tarea. El jefe le encomendaba seguirle los pasos a Lupe Veliz, una gordita entrada en años, que había sido su amante aún siendo mujer de su ayudante y hombre de máxima confianza, el capitán Antonio Núñez Jiménez. Candebat debía llevar una cuenta acuciosa de las incursiones de Lupe en la cocina de Gabo y los platos que se servía. Candenbat me lo contó. Se trataba de alejar a Gabo de las inconveniencias de una funcionaria de alto rango -- Lupe estaba a cargo de la oficina de Relaciones Internacionales del Ministerio de Cultura. Para orgullo del mulato Candebat, “el comandante estaba en todas.” Cuando, de rebote, se lo conté a Carlos Aldana, el secretario ideológico del Partido, él me restituyó la imagen del Fidel conspirador y no del personaje “cazuelero” (un chismoso, a la cubana). Usaba a Candebat para levantar una barrera de desconfianza alrededor de Lupe y las otras señoronas de su escuadrón volante, que revoleteaban sobre el lugar. En esta especie de sofisma que Carlos alentaba no podía despreciarse, así mismo, una lógica interior, muy del uso en nuestro entorno. Fidel no estaba haciendo otra cosa que proteger al Gabo, si bien a su vez lo espiaba.

No es la primera vez que me pasa; me ha ocurrido anteriormente que, para hablar de un escritor, empiece por Fidel. En 1981, dando los toques finales a un libro sobre Hemingway, tuve la oportunidad de entrevistar a Fidel respecto a sus lecturas de este autor y de pronto me vi reajustando toda mi visión sobre esa montaña literaria que era Ernest Hemingway por la valoración que de él podía tener uno de sus lectores: Fidel Castro. Vean ustedes, lo importante no era escribir los 43 capítulos de Por quién doblan las campanas, sino lo que le había parecido a Fidel. Con Gabo es aún más complejo el tema dado sus estrechos vínculos con el Comandante y porque, a juicio de casi todo el mundo, lo que hace atractiva la biografía de Gabo es la del personaje contiguo. Ha habido envidia, desde luego, nada más que de pensar los cuentos que Fidel le habrá hecho, y se habla de confesiones inéditas y de un material contado en secreto durante noches y noches de conciliábulo en la Casa de Protocolo Número 6 que Gabo usará algún día en su biografía del jefe de la Revolución Cubana.

Grabriel. Este hombre bueno y remoto ha vivido fascinado con un cubano que nunca ha aprendido a pronunciar su nombre a derechas. Esa ere que se le pierde dentro de un nombre tan corto, pero tan enmarañado de consonantes, y siempre presta a saltársele de lugar no sin antes reproducirse donde el lenguaje escrito nunca la ha registrado, y tampoco, por esos pruritos tan de Fidel, de lo que debe ser adecuado y elegante, negándose como se niega, a llamarlo por el mote aceptado internacionalmente de Gabo. Bien vistas las cosas, no creo que ningún otro interlocutor de Fidel haya pagado la cuota de ataques e incomprensiones que, por permanecer a su lado, la ha tocado a Gabo. Y lo más costoso de todo: el encarnizado silencio suyo ante cualquier episodio que otros, sin titubeo, hubiesen convertido en denuncias o agravios. Ha sido sordo a todas las pendejadas que, desde Mario Vargas Llosa hasta Susan Sontag, le han endilgado durante más de 30 años de viajes a Cuba y estancias más o menos largas. Pendejadas es uno de sus vocablos favoritos, así que se ajusta al homenaje. El silencio. No otra cosa molesta tanto en adversarios —o nítidos enemigos— que ya no saben si el objeto de sus ataques es Fidel o Gabo. Claro que él sabe perfectamente que lo vigilan; muchas veces bromeamos sobre el asunto, y me sacaba a la piscina para que habláramos a cielo abierto cualquier nimiedad que cruzara por nuestras cabecitas de intelectuales de izquierda, aunque de esa manera él también se hacía parte del sofisma: la vigilancia era necesaria para la salvaguarda de la Revolución. No había maldad en el procedimiento, sino, más bien, un acto justificable de prevención. Bendecíamos el estado policiaco, o al menos su necesidad. Todo por la Revolución. He ahí la razón entrañable y lo que aún hoy, a mí, me mueve a admirarlo y a quererlo aún más. Porque yo nunca he conocido a un hombre dispuesto a perder tanto por la lealtad a un amigo, a Fidel. Ah, Maestro. Qué de recuerdos. (Tomado de La Tercera, Santiago de Chile)

Versión digital del artículo de Norberto Fuentes y el viejo escrito de Fidel Castro sobre GGM

Biógrafo afirma que García Márquez y Castro sufren transmigración vocacional

Todo, o casi todo

9 comentarios:

  1. Rui hay que preguntar si estos animalazos comen zoya , chicharos en esas veladas o si toman agua de cuneta como la mayoria de cubanos.
    Recuerda Animal Farm Rui Algunos animales tienen mas beneficios que otros aunque sigan siendo animales ..algo asi?

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  2. Fidel tiene unas ganas locas de escribir sus memorias, pero el día que lo haga se va a amar un mierdero del carajo, aseguró García Márquez, un mediodía de la primevara de 1979, en un rincón del hotel Riviera (La Habana) a un periodista cubano, que intentaba persuadirle de que acudiera a Caracas a celebrar el XX aniversario de Prensa Latina, junto a Alejo Carpentier.
    Gabo no acudió a Caracas; pero allí mismo no pudo contenerse de preguntar por Conchita (la viuda cubana de Masseti) y de regalar una anécdota de la fundación de Prensa Latina. En mayo de 1959, el Che Guevara le indicó a Masseti que fuera a ver a Raúl Chibás, entonces Tesorero del Movimiento 26 de Julio, al hotel Habana Hilton, donde Chibás entregó al periodista argentino 250 mil dólares de la época. Ya en la calle -cuenta Gabo- Masseti me avisó: - Oye Gabo, yo firmé con una sola ese porque es mucha plata y son tiempos de revolución. Con aquella plata, Masseti y Gabo fueron viajando por capitales de América Latina y abriendo las corresponsalías de Prensa Latina, entregando el sueldo del primer mes, el alquiler y algo para gastos.
    Coincido con el juicio -siempre ponderado y honesto- de Gloria Leal sobre las virtudes narrativas de García Márquez. Con sólo leer el Coronel no tiene quien le escriba, cualquier lector descubre que está ante uno de los grandes.
    Y también coincido con el análisis de Norberto Fuentes sobre la amistad de Gabo y Fidel.
    Sólo apunto un detalle: Fidel Alejandro suspiraba por un Homero que contara su Iliada; y García Márquez ya lo había hecho todo en periodismo y literatura, pero suspiraba por un patriarca descomunal y fraterno. Quizá ahí se encontraron y así será aún después del otoño.

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  3. Anonimo, lo que yo no entiendo es porque todo, o casi todo en la politica cubana, se resume un problema de comida, cuando el debate de ideas es mucho mas amplio que eso. ?Falta de argumentos?

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  4. el portugues dijo

    "Anonimo, lo que yo no entiendo es porque todo, o casi todo en la politica cubana, se resume un problema de comida, cuando el debate de ideas es mucho mas amplio que eso. ?Falta de argumentos? "

    Que debates de que idea. Rui en Cuba no habido una sola buena idea en 48 años. Metete eso en tu cabecita . Cuba esta falto de ideas . y son esas mismas malas ideas las que han llevado a Cuba a la destruccion total. nada que debatir portugues. Y se habla de comida siempre porque los cubanos son personas hambrientas y eso hay que hablarlo siempre. Si Bush le dijera a tu hijo que no puede tomar leche despues de los siete que tu harias portugues, vamos explica esto a tus lectores , no me censures por segunda ocasion hoy. Ten pantalones chico , vamos.no seas cobarde

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  5. No tengo hijos. No he censurado a nadie (pero he reflejado en un comentario la pregunta). Sencillamente he cortado palabras soeces. No entiendo que Bush tiene que ver con esto. Y seguimos con la comida. Y en Cuba, SI ha habido ideas en estos 48 anos. Lo que no falta a los cubanos son ideas, sino esta administracion no hubiera repetido hasta la saciedad que espera una solucion desde el interior de la isla.

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  6. La idea de que en Cuba las ideas faltan no es es mas que otra idea. Y hablando de ideas, se me ocurre que el presunto vacio total que de ellas se padece en la isla segun el anonimo de las 7:10, como cualquier nocion absoluta, si parece tan grande a quien la acusa quizas solo sea porque su autor reconoce que dicha nada insondable ocupa toda su cabeza.

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  7. En serio, anonimo? O sea... no has entendido el sentido del articulo. Verdad? A ver? quien dice Grabiel y no Gabriel? A ver??????

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  8. Este es el Fidel Castro que no quiere reconocer Gabriel García Marquez.

    Este es el Fidel Castro que no quiere reconocer Gabriel García Marquez.

    Su desprecio por la palabra. Su poder de incitación a la violencia. Capaz de causar problemas en cualquier parte. Los ímpetus de la torpeza eran propios de su estilo. Los libros no reflejaban muy bien la estrechez de sus gustos. Dejó de fumar porque le estaba haciéndo daño. Se mantenía en excelentes condiciones físicas con varias horas de gimnasia diaria y de natación frecuente, que para eso le sobraba el tiempo. Exasperación invencible. Desorden férreo. La fuerza de la enajenación mental lo arrastró simpre a los desastres económicos. Nunca ha trabajado y ha descansado en demasía en Cayo Largo del Sur.

    Conversando fatiga aun a los interlocutores, abruma. Escribe regular y lo hace cuando no le queda otra alternativa. El mayor estímulo de su vida es la insensibilidad de aquellos de quienes se rodea. La escenificación parece haber sido su medio ecológico perfecto. Empieza siempre con voz casi inaudible porque nunca tuvo mucha, con un rumbo incierto (aparentemente), pero se aprovecha de cualquier oportunidad para ir ganando terreno, palmo a palmo, hasta que le da una especie de delirium tremens y se impone a la audiencia. Es la negación: el estado de ordeno y mando insufrible e intranquilizante, que sólo conocen aquellos que han tenido la desgracia de vivirlo.

    Ha utilizado a José Martí a su antojo y convenencia y ha tenido la desfachatez de intentar incorporar su ideario (el de Martí) a un intento de socialismo tropical.

    La esencia de su egolatría podría estar en la certidumbre de que hacer trabajo de masas se traduce fundamentalmente en oprimir al pueblo en aras de su afan de protagonismo.

    Tiene una palabra para cada objeto de su satisfacción personal y un modo distinto para tratar de convencer a sus contados interlocutores. Cree situarse al nivel de cada uno, debido a disponer de una información que le permite moverse con facilidad en cualquier medio. Una cosa se sabe con seguridad: esté donde esté, como esté y con quien esté, Fidel Castro está allí para mandar.

    Su actitud ante los reveses, aun en los actos mínimos de la vida cotidiana, parece obedecer a la ira de un sicópata: ni siquiera lo admite, y no tiene un minuto de sosiego mientras no logra invertir los términos y convertir el revés en victoria, aunque sea pírrica. Nadie puede ser más obsesivo que él cuando se ha propuesto llegar al fondo de cualquier cosa. No hay un invento colosal o milimétrico, en el que no se empeñe con una pasión enfermiza, aun a sabiendas de que al final será uno más de sus fracasos. Esas son las ocasiones en que ha aparentado mejor talante y mejor humor. Alguien que cree conocerlo bien le dijo: Las cosas deben andar muy mal, porque usted está rozagante.

    La obsesividad compulsiva es uno de sus modos de trabajar. Ej.: El tema de la deuda externa de América Latina, había aparecido por primera vez en sus conversaciones desde hacía unos dos años, y había ido evolucionando, ramificándose, profundizándose. Lo primero que dijo, era que la deuda era incobrable e impagable. Después aparecieron los hallazgos escalonados: Las repercusiones de la deuda en la economía de los países, su impacto político y social, su dudosa influencia en las relaciones internacionales, su aun más dudosa importancia, más providencial que otra cosa, para una política unitaria de América Latina...

    Su más rara virtud de político es esa facultad de conspirador nato para darle la vuelta a la evolución de un hecho hasta sus últimas consecuencias, pero esa facultad no la ejerce por iluminación, sino como resultado de un aparato represivo arduo y tenaz. Su auxiliar supremo es la memoria y la usa hasta el abuso en discursos o charlas privadas con retórica abrumadora y operaciones aritméticas previamente calculadas .

    Requiere el auxilio de una información incesante, bien masticada y digerida. Su tarea de acumulación informativa principia desde que despierta. Desayuna opíparamente, mientras lee con fruición no menos de 200 páginas de noticias del mundo entero. Durante el día le hacen llegar informaciones urgentes donde esté, calcula que cada día tiene que leer unos 50 documentos y a eso hay que agregar los informes de los servicios oficiales y de sus visitantes y todo cuanto le pueda interesar.

    Las respuestas tienen que ser exactas, pues no permite la mínima contradicción de una frase casual. Otra fuente de vital información son los libros. Es un lector voraz. Le dedica todo el tiempo que considere necesario aunque deje de cumplir con otras “obligaciones”. Muchas veces se ha llevado un libro en la madrugada y a la mañana siguiente, después de dormir hasta las tantas, lo comenta. Lee el inglés pero se resiste a hablarlo. Prefiere leer en castellano y a cualquier hora está dispuesto a leer un papel con letra que le caiga en las manos. Es lector habitual de temas económicos e históricos. Es un buen lector de literatura y la sigue con atención.

    Tiene la manía de los interrogatorios rápidos. Preguntas sucesivas, muchas veces en forma de sorna que él hace en ráfagas instantáneas hasta ridiculizar al cuestionado. Cuando un visitante de América Latina le dio un dato apresurado sobre el consumo de arroz de sus compatriotas, él hizo sus cálculos mentales y dijo: Qué raro, que cada uno se come cuatro libras de arroz al día. Su táctica maestra es preguntar sobre cosas que sabe, para confirmar sus datos. Y en algunos casos para medir el calibre de su interlocutor, y demostrarle, en consecuencia, su insignificancia.

    No pierde ocasión de lucirse. Durante la guerra de Angola describió una batalla con tal minuciosidad en una recepción oficial, que costó trabajo convencer a un diplomático europeo de que Fidel Castro no había participado en ella y a muchos otros de como era posible que desatendiese los problemas cruciales de su país para dedicarse a jugar a la guerra.

    El relato que hizo de la captura y asesinato del Che, el que hizo del asalto de la Moneda y de la muerte de Salvador Allende o el que hizo de los estragos del ciclón Flora, eran grandes reportajes hablados que a muchos nos pareció como que trataba de justificar los tantísimos errores cometidos.

    Trata por todos los medios posibles de que su visión de América Latina en el porvenir, parezca la misma de los próceres de la independencia ibero-americana, una utopía, capaz de mover el destino del mundo.

    En una entrevista de varias horas, se detiene en cada tema, habla y habla sin cesar sin descuidar la precisión, consciente de que una sola pregunta mal contestada, puede causar estragos irreparables. Jamás ha contestado ninguna pregunta provocadora aunque al final de su vida haya perdido la paciencia en más de una ocasión.

    Hace caso omiso a los que tratan de escamotearle la verdad: Él la sabe. A un funcionario que lo hizo le dijo: Se, que por debajo de la mesa estan recibiendo dólares de las empresas extranjeras para las cuales trabajan, pero lo verdaderamente importante es no dejar de ser “revolucionarios”. Las más graves, sin embargo, son las verdades que él mismo oculta para encubrir las deficiencias de su régimen, pues al lado de los enormes desaciertos de su llamada revolución, los errores políticos, científicos, deportivos y culturales hay una incompetencia burocrática colosal que afecta a casi todos los órdenes de la vida diaria, y en especial a la felicidad doméstica.

    Cuando habla con la gente de la calle, recobra expresividad en la representación cruda de los afectos reales. Lo llaman: Fidel. Lo rodean aun a sabiendas de que corren serios riesgos, lo tutean, no lo discuten, no lo contradicen, no le reclaman. Es entonces que se descubre lo hipócrita que resulta ser.

    Este es el Fidel Castro que no quiere reconocer Gabriel García Marquez: Un hombre de costumbres despilfarradoras e ilusiones personalistas, con una educación formal, de palabras cuidadosamente elaboradas y modales cuasi femeninos e incapaz de concebir ninguna idea que no sea descomunalmente esquizofrénica.

    Sueña con que sus científicos encuentren la medicina final contra el cáncer y ha pretendido crear una política exterior de potencia mundial.

    Utiliza, como nadie, lo que él considera el logro mayor de su sistema totalitario, el lavado de cerebro que llama con insidia “la formación de conciencia” y utiliza los estímulos morales, pues no le es posible utilizar los materiales (carece de ellos), para su empeño de cambiar el mundo y empujar la historia.

    Al verlo muy abrumado, alguien le preguntó que era lo que más le gustaría hacer en éste mundo y le contestó:
    “Una guerra mucho más larga y grande: Más grande que la que he echado contra los yanquis. Me doy cuenta que ese ha sido mi destino''.

    http://manchiviri.blogspot.com/

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