El movimiento que se compone en torno a Hugo Chávez incluye a sus compañeros en la sublevación contra Carlos Andrés Pérez y a una serie de organizaciones minoritarias provenientes de la izquierda. Quizás, la presencia más notable es la del trotskismo sobreviviente de la guerrilla de Douglas Bravo.
En realidad, el hastío ante la prolongación de las acciones violentas condujo a una actitud de indiferencia nacional que incluyó la afonía de la prensa, hasta que el foco insurgente venezolano dejó de existir por consunción a principios del decenio de los 70’s. No fue un pacto al estilo del suscrito en Punto Fijo por los partidos fundados tras la caída de Pérez Jiménez, sino una rendición total.
En el segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez, la corrección económica recomendada por el Fondo Monetario Internacional (FMI), unida a la corrupción y la incompetencia en la administración del patrimonio, junto con la depresión de los precios del petróleo constituyeron la mezcla inflamatoria que provocó el caracazo en 1989. La masacre de los manifestantes desbordados de los Cerros que encierran a Caracas dejó la certidumbre de que la parranda de Punto Fijo tocaba a su fin.
La secuela fueron dos intentos de golpes de estado que precipitaron la crisis constitucional que culminó con la destitución y el arresto de Carlos Andrés Pérez, además de darle a Hugo Chávez Frías, la visibilidad necesaria para ocupar el Palacio de Miraflores. La famosa advertencia, “por ahora”, proferida en televisión nacional la noche del arresto fue su timbre de resonancia.
Cuando Norberto Ceresole se convierte en consejero áulico de Chávez, la dramaturgia de la revolución bolivariana quedó lista para su representación electoral. Pero no todos los que participaban aceptaron de buena gana la influencia que aquel personaje estrafalario, de conducta arrogante, que tiene una opinión definitiva para todo lo que se discute. Su criterio negativo acerca de los judíos es el peor de sus defectos y le concita enemigos poderosos que consiguen su deportación temporal a España. Ya ha conocido al ayatola Jomeini, a Gadaffi y a Yasser Arafat y esto lo consuela.
El Mossad continúa en la huella de Ceresole y son ellos los autores del operativo de la Disip contra él. Contaron con la colaboración de José Vicente Rangel, Luis Miquelena, Nicolás Maduro y Diosdado Cabello que forman parte del anillo pro judío que rodea a Chávez, una facción que obra de acuerdo con los principios democráticos del laborismo israelí. Es una pulsada más con el sector totalitarista representado por su hermano Adán y Alí Rodríguez Araque.
En Madrid, Ceresole funda el Instituto de Estudios Latinoamericanos, una entidad subvencionada por Muammar el Gaddafi, que le permite seguir adelante con su labor editorial y proselitista, además de asegurarle una pitanza holgada durante el tiempo que transcurre hasta el triunfo electoral de Chávez, a quien también los libios le han aportado cantidades ingentes de dinero. El “desmerengamiento” de la URSS y su comparsa del Pacto de Varsovia ha herido en el corazón a la revolución fidelista y Cuba ya no puede incurrir en erogaciones de esa magnitud.
El período matritense de Ceresole se caracteriza por el íntimo relacionamiento que establece con organizaciones neofacistas como el Centro de Estudios Evolianos, de Argentina, el Centro de Estudios del Orden Nuevo, de Italia, y el Movimiento Social Republicano, de España. De hecho, en sus escritos posteriores se puede rastrear la influencia de teórica de la Legitimidad Carismática descrita por Julius Evola que él desarrolla hasta convertirla en Legitimidad Tradicional para hacerla perpetua. Es un acomodamiento a las nuevas circunstancias mundiales que no sustituyen del todo al Manual del Guerrillero Urbano, escrito por Carlos Marighela.
Por añadidura, la emoción antijudía de Ceresole lo lleva tan lejos como atribuirle al Sin Beth, el servicio de inteligencia militar de Israel, la autoría del atentado a la AMIA, en Buenos Aires. Ya esto es demasiado y el Mossad decide eliminarlo para siempre. Su asesinato deber ser una obra de arte, sutil como un salto brusco de la presión arterial, pero Ceresole es un hombre desconfiado y viaja a La Habana para atenderse en el CIMEQ. Durante los meses de tratamiento tiene como compañero en las sesiones de terapia física a Piñeiro, que padece una cardiopatía progresiva que no ha cuidado bien.
Sus conversaciones van más allá de las estrategias subversivas que La Habana no promueve más. La opinión de Ceresole acerca del modelo cubano carece de la claridad necesaria para interpretar la actitud numantina de Fidel Castro como un simple recurso de supervivencia. Él cree que el fiel de la historia se mueve hacia el continente y que la revolución tendrá que subrogarse, forzosamente, a Hugo Chávez a partir de la primera noche que el teniente coronel pernocte en la cama presidencial de Miraflores. Puestos ambos sobre una balanza, Ceresole prefiere a Chávez sobre Fidel porque aún no ha fracasado.
Entre Piñeiro y él existe la confianza suficiente para desvelar a solas sus pensamientos más personales, pero Ceresole se ha vuelto peligrosamente extravertido y no es prudente a la hora de elegir a sus interlocutores. La contrainteligencia ya le ha advertido a Piñeiro que debe silenciar al “argentino” y él no encuentra otra forma de hacerlo que enviárselo a Chávez una vez más. Después de la Causa 8 ya todos saben en Cuba que Fidel Castro es capaz de fusilar incluso a un general, no importa que sea héroe nacional, si ha dejado de obedecerlo ciegamente.
Es obvio que Ceresole resulta una incomodidad para Chávez porque tampoco se calla en Caracas donde anuncia que trae bajo el brazo un nuevo libro titulado El Socialismo Nacional, al que le da categoría programática. En realidad es un abanico de afirmaciones tomadas en préstamo de Marx, Hegel, Gramsci, Mussolini y Alfred Rosemberg, al que se le notan las costuras. Heinz Dieterich lo refuta enseguida desde México. Su socialismo del siglo XXI no tiene nada que ver con lo que ha escrito Ceresole y esto le da a Chávez una coartada para librarse del asesor con la elegancia de quien ha ido lejos en la búsqueda de una ideología útil con que servir al país. Pero, antes de marcharse, Ceresole propone la emisión por el Congreso de una Ley Habilitante que le otorgue poderes omnímodos a Chávez, al igual que otra dictada en Alemania, bajo el mismo nombre y propósito, que le otorgara a Hitler la autoridad suprema sobre el pueblo alemán. Pero Chávez no consigue consenso entre sus partidarios y hay que aplazarla.
Desde su exilio dorado en Buenos Aires, rendido por la vanidad y la inconveniencia de su boca pero beneficiado por una pensión bolivariana que le envían desde Caracas, Ceresole muestra una obsesión progresiva con el tema judío a la vez que un encono creciente con Fidel Castro. Su obra es un paritorio constante de libros enormes en los que intenta probar la maldad ingénita de los judíos y artículos que analizan los errores del caudillo cubano más que sus aciertos.
Abandonado a su suerte, sin otra compañía que los extremistas más disímiles del mundo que lo admiraban y todavía lloran su fallecimiento, Norberto Ceresole cae fulminado por un infarto del miocardio en Buenos Aires, al atardecer del 4 de mayo de 2003, unas horas después de haber concedido una entrevista a la prensa en la que atacó con rabia a los judíos y descalificó el futuro de la revolución fidelista.
A la pregunta del periodista, Ceresole responde: Fidel Castro, en mi opinión, no deja ninguna herencia perdurable. Si él desaparece, desaparece todo. Allí no hay nada.
Un sabor áspero, a resina quemada, sobresalió de la taza de café sin que él le diera importancia. Últimamente, no eran muchas las cosas que llamaban su atención. Le dio un par de mordidas a la ensaimada y la dejó a merced de una mosca juguetona que hacía un rato se la disputaba. No le quiso decir al periodista que se sentía mal, que el pecho le pesaba y que sus ojos se habían nublado. Todo esto se lo atribuyó a la enfermedad de su padre, que agonizaba en el hospital de clínicas.
Se despidió del periodista y partió hacia su casa a paso rápido, como siempre, porque a los sesenta años aún le encontraba sabor a la vida, pero esa noche se echó en la cama para siempre. No despertó jamás.
Las fuentes para este ensayo pueden ser verificadas en Internet. Correspondencia de emails intercambiados de 1998 a 2002 con variaciones en la frecuencia.
Jorge Daubar
Miami
En realidad, el hastío ante la prolongación de las acciones violentas condujo a una actitud de indiferencia nacional que incluyó la afonía de la prensa, hasta que el foco insurgente venezolano dejó de existir por consunción a principios del decenio de los 70’s. No fue un pacto al estilo del suscrito en Punto Fijo por los partidos fundados tras la caída de Pérez Jiménez, sino una rendición total.
En el segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez, la corrección económica recomendada por el Fondo Monetario Internacional (FMI), unida a la corrupción y la incompetencia en la administración del patrimonio, junto con la depresión de los precios del petróleo constituyeron la mezcla inflamatoria que provocó el caracazo en 1989. La masacre de los manifestantes desbordados de los Cerros que encierran a Caracas dejó la certidumbre de que la parranda de Punto Fijo tocaba a su fin.
La secuela fueron dos intentos de golpes de estado que precipitaron la crisis constitucional que culminó con la destitución y el arresto de Carlos Andrés Pérez, además de darle a Hugo Chávez Frías, la visibilidad necesaria para ocupar el Palacio de Miraflores. La famosa advertencia, “por ahora”, proferida en televisión nacional la noche del arresto fue su timbre de resonancia.
Cuando Norberto Ceresole se convierte en consejero áulico de Chávez, la dramaturgia de la revolución bolivariana quedó lista para su representación electoral. Pero no todos los que participaban aceptaron de buena gana la influencia que aquel personaje estrafalario, de conducta arrogante, que tiene una opinión definitiva para todo lo que se discute. Su criterio negativo acerca de los judíos es el peor de sus defectos y le concita enemigos poderosos que consiguen su deportación temporal a España. Ya ha conocido al ayatola Jomeini, a Gadaffi y a Yasser Arafat y esto lo consuela.
El Mossad continúa en la huella de Ceresole y son ellos los autores del operativo de la Disip contra él. Contaron con la colaboración de José Vicente Rangel, Luis Miquelena, Nicolás Maduro y Diosdado Cabello que forman parte del anillo pro judío que rodea a Chávez, una facción que obra de acuerdo con los principios democráticos del laborismo israelí. Es una pulsada más con el sector totalitarista representado por su hermano Adán y Alí Rodríguez Araque.
En Madrid, Ceresole funda el Instituto de Estudios Latinoamericanos, una entidad subvencionada por Muammar el Gaddafi, que le permite seguir adelante con su labor editorial y proselitista, además de asegurarle una pitanza holgada durante el tiempo que transcurre hasta el triunfo electoral de Chávez, a quien también los libios le han aportado cantidades ingentes de dinero. El “desmerengamiento” de la URSS y su comparsa del Pacto de Varsovia ha herido en el corazón a la revolución fidelista y Cuba ya no puede incurrir en erogaciones de esa magnitud.
El período matritense de Ceresole se caracteriza por el íntimo relacionamiento que establece con organizaciones neofacistas como el Centro de Estudios Evolianos, de Argentina, el Centro de Estudios del Orden Nuevo, de Italia, y el Movimiento Social Republicano, de España. De hecho, en sus escritos posteriores se puede rastrear la influencia de teórica de la Legitimidad Carismática descrita por Julius Evola que él desarrolla hasta convertirla en Legitimidad Tradicional para hacerla perpetua. Es un acomodamiento a las nuevas circunstancias mundiales que no sustituyen del todo al Manual del Guerrillero Urbano, escrito por Carlos Marighela.
Por añadidura, la emoción antijudía de Ceresole lo lleva tan lejos como atribuirle al Sin Beth, el servicio de inteligencia militar de Israel, la autoría del atentado a la AMIA, en Buenos Aires. Ya esto es demasiado y el Mossad decide eliminarlo para siempre. Su asesinato deber ser una obra de arte, sutil como un salto brusco de la presión arterial, pero Ceresole es un hombre desconfiado y viaja a La Habana para atenderse en el CIMEQ. Durante los meses de tratamiento tiene como compañero en las sesiones de terapia física a Piñeiro, que padece una cardiopatía progresiva que no ha cuidado bien.
Sus conversaciones van más allá de las estrategias subversivas que La Habana no promueve más. La opinión de Ceresole acerca del modelo cubano carece de la claridad necesaria para interpretar la actitud numantina de Fidel Castro como un simple recurso de supervivencia. Él cree que el fiel de la historia se mueve hacia el continente y que la revolución tendrá que subrogarse, forzosamente, a Hugo Chávez a partir de la primera noche que el teniente coronel pernocte en la cama presidencial de Miraflores. Puestos ambos sobre una balanza, Ceresole prefiere a Chávez sobre Fidel porque aún no ha fracasado.
Entre Piñeiro y él existe la confianza suficiente para desvelar a solas sus pensamientos más personales, pero Ceresole se ha vuelto peligrosamente extravertido y no es prudente a la hora de elegir a sus interlocutores. La contrainteligencia ya le ha advertido a Piñeiro que debe silenciar al “argentino” y él no encuentra otra forma de hacerlo que enviárselo a Chávez una vez más. Después de la Causa 8 ya todos saben en Cuba que Fidel Castro es capaz de fusilar incluso a un general, no importa que sea héroe nacional, si ha dejado de obedecerlo ciegamente.
Es obvio que Ceresole resulta una incomodidad para Chávez porque tampoco se calla en Caracas donde anuncia que trae bajo el brazo un nuevo libro titulado El Socialismo Nacional, al que le da categoría programática. En realidad es un abanico de afirmaciones tomadas en préstamo de Marx, Hegel, Gramsci, Mussolini y Alfred Rosemberg, al que se le notan las costuras. Heinz Dieterich lo refuta enseguida desde México. Su socialismo del siglo XXI no tiene nada que ver con lo que ha escrito Ceresole y esto le da a Chávez una coartada para librarse del asesor con la elegancia de quien ha ido lejos en la búsqueda de una ideología útil con que servir al país. Pero, antes de marcharse, Ceresole propone la emisión por el Congreso de una Ley Habilitante que le otorgue poderes omnímodos a Chávez, al igual que otra dictada en Alemania, bajo el mismo nombre y propósito, que le otorgara a Hitler la autoridad suprema sobre el pueblo alemán. Pero Chávez no consigue consenso entre sus partidarios y hay que aplazarla.
Desde su exilio dorado en Buenos Aires, rendido por la vanidad y la inconveniencia de su boca pero beneficiado por una pensión bolivariana que le envían desde Caracas, Ceresole muestra una obsesión progresiva con el tema judío a la vez que un encono creciente con Fidel Castro. Su obra es un paritorio constante de libros enormes en los que intenta probar la maldad ingénita de los judíos y artículos que analizan los errores del caudillo cubano más que sus aciertos.
Abandonado a su suerte, sin otra compañía que los extremistas más disímiles del mundo que lo admiraban y todavía lloran su fallecimiento, Norberto Ceresole cae fulminado por un infarto del miocardio en Buenos Aires, al atardecer del 4 de mayo de 2003, unas horas después de haber concedido una entrevista a la prensa en la que atacó con rabia a los judíos y descalificó el futuro de la revolución fidelista.
A la pregunta del periodista, Ceresole responde: Fidel Castro, en mi opinión, no deja ninguna herencia perdurable. Si él desaparece, desaparece todo. Allí no hay nada.
Un sabor áspero, a resina quemada, sobresalió de la taza de café sin que él le diera importancia. Últimamente, no eran muchas las cosas que llamaban su atención. Le dio un par de mordidas a la ensaimada y la dejó a merced de una mosca juguetona que hacía un rato se la disputaba. No le quiso decir al periodista que se sentía mal, que el pecho le pesaba y que sus ojos se habían nublado. Todo esto se lo atribuyó a la enfermedad de su padre, que agonizaba en el hospital de clínicas.
Se despidió del periodista y partió hacia su casa a paso rápido, como siempre, porque a los sesenta años aún le encontraba sabor a la vida, pero esa noche se echó en la cama para siempre. No despertó jamás.
Las fuentes para este ensayo pueden ser verificadas en Internet. Correspondencia de emails intercambiados de 1998 a 2002 con variaciones en la frecuencia.
Jorge Daubar
Miami
JORGE
ResponderEliminarEn ningún momento tocas el punto de el libro "El Oráculo del Guerrero", escrito por Ceresole y mostrado públicamente por Chávez en un discurso, en el cuál manifestó que ese era su libro de cabezera e inspirador de su revolución. A partir de ese discurso, ese libro empezó a se vendido como 'pan caliente' por todos los buhoneros de Venezuela.
Es cierto que El oráculo del Guerrero fue, alguna vez, el libro de cabecera de Chávez (o al menos eso ha dicho él), pero no aparece entre las obras de Ceresole. Hasta dónde yo sé, el autor de ese libro es Lucas Estrella.
ResponderEliminarMAFEREFÚ AFIRMA:
ResponderEliminaresto es peor que una reflexión del "compañero fidel" que es mucho decir. al autor se le quedó untao en el subconsciente los años que estuvo a favor del régimen.
rui esto es un espanta blogueros.
BUENO, acabò el culebròn CEREZOLE... ¿Habrà que esperar una nueva entrega de Daubar? O todo terminò aqui. Me convencì que ya Daubar no tiene nada que ver ni con Barbarroja ni con la DGI, el tema podria ver dado mas trigo....
ResponderEliminarA final Cerezole que???? Se muriò o lo mataron...??? Tengo la impresiòn que muriò sin pena y sin gloria.
ResponderEliminar