miércoles, abril 23

Técnicas del golpe de estado (II y final)

Los meses finales del año 1958 fueron terribles para Batista. La guerra civil se había prolongado demasiado y el deseo de paz se extendió de tal manera en la sociedad cubana que hasta sus propios partidarios llegaron a pensar que todo se podría resolver si él renunciaba a la presidencia. Nadie suponía que fuera imposible un arreglo entre cubanos y que, después de la insurrección, los abrazos y las componendas políticas habrían de sustituir a los fusiles y la dinamita.

Lo presionaba incluso el gobierno norteamericano, que le envió al embajador Earl T. Smith con el piadoso mensaje de que Cuba necesitaba de él un último “sacrificio” que pusiera fin a la violencia entre cubanos, pero sin ofrecerle refugio en Estados Unidos. A cambio le ofrecieron visas inmediatas para toda su familia y la promesa de que, más adelante, si su vida superaba el olvido, a él también le permitirían regresar a la molicie de Daytona Beach.

Sin embargo, aquella frase de Justo Luis del Pozo –Batista es el hombre- que lo personificara como la figura que los jóvenes oficiales de la Escuela Superior de Guerra requerían para ponerlo al frente de su movimiento, no sólo se había convertido en una expresión de mercadotecnia política, sino en la esencia del mito personal que pretendió crear y creer hasta bordear la muerte.

El autogolpe del 31 de Diciembre

Días antes del fin de año, el general Eulogio Cantillo, jefe de Operaciones del Ejército en Oriente, acudió a una entrevista en el central América con Fidel Castro. Aunque Cantillo lo negó, la operación era conocida por Batista de quién recibía instrucciones. El viaje fue entorpecido por Tabernilla, que conducía una gestión similar por otro conducto.

Pero, el énfasis que puso el jefe del Ejército Rebelde en su captura y castigo canceló el plan inicial y determinó la entrega del gobierno la última noche del año a una Junta Cívico Militar tan breve que su actuación cabe en un par de párrafos. El plan norteamericano –en realidad sus manipuladores- era una copia al calco del proceso administrado por ellos para deponer al general Gerardo Machado en 1933. Con la hipocresía típica de la diplomacia anglosajona cuidaba las normas constitucionales, retenía el poder en manos confiables y segregaba a los revolucionarios de los mandos militares y el gobierno. Para ellos sólo se contemplaba la desmovilización y entrega de sus armas.

El doctor Manuel Piedra, magistrado más antiguo del Tribunal Supremo, fue designado presidente, el general Cantillo asumió la jefatura del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas, se armó un gabinete a la carrera y una comisión de embajadores acudió al Palacio Presidencial a santificarlos con su reconocimiento. En Palma Soriano, el comandante Fidel Castro respondió al golpe de estado con la convocatoria a una huelga general que debería terminar sólo si las autoridades del país se subordinaban a los comandos revolucionarios. La situación era tan grave que el Tribunal Supremo se negó a juramentar a Manuel Piedra, contraviniendo de este modo al texto constitucional.

El otro golpe

Cantillo envía entonces un par de aviones a Isla de Pinos a recoger a los militares presos allí para que lo respalden pero, por el contrario, cuando ellos desembarcan en Columbia toman el mando y arrestan a un número de oficiales batistianos que permanecían en el campamento. El coronel Ramón Barquín asume la dirección de un gobierno provisional colegiado en el que habría representantes de todas las organizaciones revolucionarias y de los partidos políticos que enfrentaron a Batista. Es de hecho un golpe militar que destituye a la Junta pero no encuentra apoyo en nadie. Desde Oriente, Fidel Castro responde con la orden al Ejército Rebelde de avanzar sobre todas las instalaciones militares, tomar por asalto a las que no se rindieran de inmediato y apresar a los oficiales.

Desconocido por los revolucionarios y sin autoridad sobre las fuerzas armadas que se desmoronan, Barquín tramita la entrega de Columbia al comandante Camilo Cienfuegos, que arriba a toda velocidad desde la zona norte de Las Villas. Al mismo tiempo, el Che Guevara ocupa la fortaleza de La Cabaña y el comandante Eloy Gutiérrez Menoyo, con su tropa de la Organización Segundo Frente Nacional de El Escambray, acampa en el Instituto de El Vedado. El Directorio Revolucionario, por su parte, se apodera del Palacio Presidencial y entra en la Universidad de La Habana para plantar sus tanques en la Plaza Cadenas. Más que una operación de guerra es un gesto simbólico, porque son una organización salida del estudiantado y su mayor operativo había sido el ataque al Palacio Presidencial. Otros ejércitos menores, como el de la Organización Auténtica y la Triple A, levantaron sus vivaques en parques y plazoletas. Los comunistas, por su parte, andaban mimetizados entre todos ellos.

El gran golpe fidelista

El ejercicio gubernamental de la revolución abarca una larga fracción de tiempo histórico. Al principio fue un júbilo total porque la libertad llegaba montada sobre un carro de promesas económicas que el pueblo necesitaba. A lo largo de la lucha librada contra la dictadura habían caído algunos de los principales dirigentes de organizaciones ajenas al Movimiento 26 de Julio, e incluso de este perecieron hombres de gran influencia como fue Frank País, cuyas discrepancias estratégicas con Fidel Castro lo llevaron a proyectar la creación de un segundo frente al norte de la provincia de Oriente.

El Directorio Revolucionario 13 de Marzo tuvo su mártir primordial en José Antonio Echeverría quien también libró algunas escaramuzas políticas con Fidel Castro, como suele ocurrir en el transcurso de procesos insurreccionales donde la pasión tiende a suscitar rivalidades, muchas veces insalvables. Pero la realidad dicta que los muertos hablen por boca de los sobrevivientes así que atribuirles a Frank País y a Echevarría contradicciones antagónicas tan intensas con Fidel Castro que pudieran haberlos enemistado no parece ser probable, aunque sí una posibilidad.

En términos de planes para la proyección de lo que habría de ser un gobierno revolucionario representativo de todas las tendencias se habían firmado pactos y acuerdos que determinaban, sin lugar a dudas, una convocatoria a elecciones en el plazo de año y medio, además de un programa de redención económica redactado por los economistas Felipe Pazos y Regino Boti. Esta documentación programática fue aceptada por Fidel Castro y luego echada a un lado cuando tuvo el poder en sus manos.

El punto de giro de la revolución hacia el extremo izquierdo de las ideas fue la sustitución del doctor José Miró Cardona, primer ministro del gobierno revolucionario, por Fidel Castro, con la consiguiente reorganización del gabinete que inauguró suspendiendo el Hábeas Corpus. En el mes de Julio le dio un timonazo al rumbo ideológico del gobierno y, luego de un forcejeo mediático con el presidente provisional, doctor Manuel Urrutia Lleó, lo reemplazó compulsivamente con un antiguo militante del Partido Socialista Popular, el doctor Osvaldo Dorticós Torrado, hasta entonces ministro de Redacción de Leyes Revolucionarias. La revolución transmigraba del verde olivo al rojo escarlata con la fuerza de un puñetazo.

Un golpe largo y silencioso

Los políticos construyen la historia. Los historiadores la cuentan. Los pueblos la viven. Raúl Castro siempre supo que la biología es un ejército invencible, perfecto casi, e irremediable. A la muerte nadie la puede eludir, ni siquiera su hermano. Para él no hay mejor herramienta de gobierno que el método y saber que le traspasarían una revolución oscurecida por los errores estratégicos, las alianzas equivocadas, la personalización de su gesta, el turbión de la mala economía, lo hizo razonar las etapas de un proceso de rectificaciones que llevará adelante muy pausadamente.

En esa tesitura fue controlando poco a poco la estructura del gobierno. Mientras Fidel Castro se preocupaba por pasar a la posteridad como un Júpiter transoceánico, él colocaba a sus hombres en los puestos clave, seleccionados en el interior de sus fuerzas armadas o en su perímetro de influencia, luego de experimentar junto a ellos las contingencias de la economía de mercado en área de laboratorio. No ha sido una sucesión anunciada, sino un golpe de Estado silencioso y apacible. El que Cuba necesitaba.

No importa el nombre que le den al tipo de sociedad que tienen en mente los que rigen nuestra Patria ahora, lo importante es crear bienestar y repartirlo a partes merecidas entre los cubanos. Y para eso hay que establecer legislaciones nuevas, porque la libertad de comercio y producción no se puede improvisar ni dejarla al pairo en un mar encrespado por las insatisfacciones. Como tampoco se pueden reclamar derechos civiles con espectáculos concertados. La gobernabilidad no es una alternativa, sino una necesidad del momento y a ella debemos contribuir todos, los de allá y los de acá. Que no por adversarios políticos debemos olvidar que Cuba es una responsabilidad compartida.

Una dictadura puede rescindir los derechos del ciudadano sólo temporalmente, porque su extinción es imposible. Somos seres libres por naturaleza y Raúl Castro lo sabe muy bien.

Jorge Daubar
Miami

5 comentarios:

  1. Es decir..¿el castrismo no es mas que un contuberni al margen de los cubanos?

    http://katungos.blogspot.com/

    ResponderEliminar
  2. Ok, Daubar. Comparto tu tesis...

    ResponderEliminar
  3. Excelente, Jorge! Lucido y al punto. No va a gustar en Miami, te advierto.

    ResponderEliminar
  4. tal vez no guste en miami, pero donde no va a gustar es en la habana, porque donde esta ahi la lucha de clases? Eso parece una narracion de un chanchullo en vez de un documento dialectico.

    Definitivamente me saca de paso esa mania de dividir. La verdad es que a unos nos gustara y a otros no, sin depender de donde estemos.

    ResponderEliminar
  5. "Somos seres libres por naturaleza... " en La Habana se sabe,donde se desconoce es en miami.

    ResponderEliminar