jueves, noviembre 6

Hora de rectificar

Hablando en un plano estrictamente teórico, mejor que la caída de Chávez sería la rectificación de una charlatanería económica aconsejada por asesores ineptos y ladrones. El obstáculo real para que ese milagro se produzca es la soberbia de un muchacho a quien la humildad no le baja del cielo sino encerrado en un cuartico, vistiendo franelita y calzoncillitos * La gran pregunta es por qué el Presidente no despide a los asesores bellacos que lo ponen en ridículo al decir disparates, y se aconseja con los profesores a quienes la condición de socialistas no les impide entender la firme terquedad de las cifras.

CARACAS - Hace muchos años aprendí que de esas dos mellizas diabólicas que son la Política y la Economía, la Economía jala más duro. Para cada una de estas dos medusas he creado, o copiado, o resumido, o adoptado, no lo sé, un aforismo referido a nuestro país. Sobre Economía he dicho que en Venezuela no hay buenos ni malos gobiernos, sino buenos o malos precios del petróleo. Sobre Política, que a los gobiernos no los tumban, sino que se caen. Acepto que son dos caricaturas, pero, como toda caricatura, contiene los rasgos esenciales del caricaturizado.
Partiendo de mi atención especial a la Economía me he peleado con presidentes de los cuales pude ser amigo privilegiado. En mi generación nadie fue tan amigo de Carlos Andrés Pérez como yo en los años cuando lo fuimos. Así lo saben los compañeros de generación de Pérez y las dos mujeres que más cerca de él han estado de 1958 a esta parte: Teo Camargo y Cecilia Matos, quien siempre hizo esfuerzos por reconciliarnos. Buen amigo fui también de Luis Herrera hasta que resultó un presidente ido de la realidad económica –por eso lo traté con dureza extrema, que hoy no ejercería. Con Jaime Lusinchi viví episodios desagradables, sobre todo si se considera cuánto había y hay de afecto mutuo, por el modo como se dejó embaucar en la negociación de la deuda –y no por los bancos, que sería natural, sino por sus asesores. Después se repitió, con exceso, la ordalía de soportar a Pérez, cuando me opuse, no por razones doctrinarias sino por su inviabilidad política, al intento de cambiar el modelo económico aplicando una terapia de choque –a los adecos les advertí, en el Comité Político Nacional y en presencia de Pérez, que lo único que íbamos a conseguir era que se nos desafectaran las mayorías y quedaran a disposición de cualquier aventurero fascista que les ofreciera devolverles lo que ellas sentían que nosotros les estábamos quitando (L.Q.Q.D). Con Velásquez no choqué... ¿Quién puede hacerlo con un sabio? Con Caldera II tuve discusiones privadas sobre la manera como se abordó el colapso del sistema financiero –faltando seis meses para terminar su mandato, en conversación de medianoche, Don Rafa lamentó no haberme escuchado. Y entonces llegó Chávez, con quien mi amistad no está, por cierto, cancelada.
Lo grave en los disparates que este joven amigo dice cuando aborda el tema económico y financiero, es que él los cree verdades. Habla intoxicado por lo que le instilan asesores de medio pelo a quienes prefiere creer porque le dicen lo que él quiere oír. Así dijo, creyéndolo, que la crisis financiera mundial no tocaría a Venezuela. ¿Por qué Hugo no se arrecha con quien le metió ese disparate en la cabeza y en cambio lo hace con quienes esa crisis la venimos anunciando desde hace más de un año, porque está en los números y en los análisis de gente autorizada en todo el mundo? ¿Por qué no le tuerce el pescuezo a los adulantes que lo pusieron en ridículo al decir esa estupidez, y en su lugar se asesora con gente como Maza Zavala y a Armando Córdova, ninguno de los cuales es ni mi amigo ni mi correligionario, pero son socialistas a quienes la condición de tales no les impide ver con claridad los hechos? Ah... Pero se hace aconsejar por Fidel Castro, cuya realización en materia de Economía entendida como calidad de vida para el pueblo, es la pauperización y envilecimiento del pueblo cubano.
Es doloroso ver ahora el Hugo alucinando con resolver el problema mediante alianzas con los bates quebrados de este continente y del otro. ¿Cuál sería la cotización de esa moneda común que él pretende crear con dos economías quebradas como son las de Bolivia y Ecuador? El bolívar por él debilitado en el momento en que podríamos tenerlo más fuerte, siempre podrá comprar más alimentos y bienes esenciales que un “sucre” cuarteado por la asociación con países insolventes.
En cuanto a los socios ultra-marinos, Irán y Rusia, están peor que Venezuela. La posibilidad de que al gobierno de Irán lo borren de un manotazo no cambia porque la mano que lo borre sea negra o blanca. Los demócratas hablan bonito, pero fueron demócratas los presidentes que declararon la guerra al Eje y lanzaron bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki. En cuanto a Rusia, la caída de los precios de la energía, que durará algunos años, pilló a Putin con los pantalones bajos, igualito que a Chávez. Sólo que Putin, más que político un hombre de negocios, ya no busca camorra y anda por ahí viendo quién en Occidente le presta unos dólares antes de que se haga evidente su insolvencia. Sus reservas de US$ 560 billones, poca cosa para una economía de ese tamaño, están gravadas por una deuda externa a corto plazo de 460 billones. Sus papeles irán a la basura más rápido que los de Venezuela, lo cual no es poco decir si se considera que los bonos del Estado venezolano se cotizan hoy a la mitad de su valor y los de PDVSA aún menos, pues, al saberse que la manejan “a la Antonini Willson”, los tenedores los están rematando a un tercio de su valor facial.
Si nuestro problema no puede encontrar solución en Moscú o Teherán, menos podrá hallarlo en Quito ni en La Habana. Chávez es intelectualmente capaz de entenderlo, pero se lo impide una debilidad psicológica que los ineptos y ladrones que le rodean quieren explotar hasta el último minuto, ocupados en asegurar que a la hora de la fuga sus alforjas estén bien llenas.
Qué vaina con Hugo. Hasta con el agua al cuello se resiste a esa virtud de sabios que es la humildad. La luz no le llega sino encerrado en un cuartico, vistiendo unos calzoncillitos y una franelita y buscando sus pastillitas. Entonces aparece el ratoncito asustado que el 12 de abril se escondió bajo de la sotana de monseñor Porras –cabría preguntarse si tropezó con ese “diablo” que, según el propio Hugo, Baltazar Porras esconde bajo el hábito.
Y que no salga cierto efebo histérico a dárselas de paladín del Régimen diciendo que yo quiero ver a Hugo otra vez en el cuartico chiquito donde lo metieron el 12 de abril. Uno lo que quiere es que no terminemos de hundirnos. Es mejor que Chávez rectifique y se quede, a que profundice sus errores hasta que se ahogue y nosotros nos ahoguemos con él. Si no rectifica, se cumplirán los dos aforismos que encabezan esta crónica: Primero, en Venezuela no hay buenos y malos gobiernos sino buenos y malos precios del petróleo. Segundo, aquí a los gobiernos no los tumban, sino que se caen. Muy lamentablemente. Y uno no tiene la culpa.

Péndulo, de Rafael Poleo publicado el viernes 31 de octubre de 2008 en la revista Zeta Nº 1682.

2 comentarios:

  1. Muy buen comentario este de Poleo.

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  2. muy buen comentario, pero con la iracundia de la arepa muy controlada. como diría cualquier cubano: ese huevo quiere sal.
    ya sabe que a partir del 20 de enero del 2009 el negocio del anti-chavismo no será lo mismo, como no lo será el del anti-castrismo.
    lg rodriguez

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