Era de aquel tipo de personas que siempre tenia una sonrisa en la cara. Amigo de sus amigos y más aún de sus compañeros de trabajo. Tenía una locura en la vida: su nieto. Todos los fines de semana, Carlitos viajaba por carretera 8 horas para recorrer a su nieto y traerlo a su lado, para que la abuela y el resto de la familia pudieran disfrutar de su presencia. “Carlitos, como le decíamos todos con cariño, siempre estaba dispuesto a ayudar en lo que fuera necesario. Siempre hablaba de su familia, sobre todo de sus nietos, con mucho orgullo. Su amor por su familia era muy fácil de percibir”, comentó Helena Poleo.
Era, además, un excelente organizador de fiestas, particularmente la de fin de navidad. Todos los años, al menos en los 10 que por allí estuve, Carlitos, organizaba la fiesta, con el puerquito asado – le decíamos a cadáver – y después de montar la mesa, escondía una bandeja de chicharrones. Eso de “esconderla” es un decir. El asunto es que, todos sabían donde estaba y él dejaba que los demás fueran comiendo los chicharroncitos mientras no comenzaba el almuerzo.
Como dice Joaquim Utset, “lo veo repartiendo el budget, calentándose una de esas enormes comidas que se traía de casa, hablando mal de Castro y de los "liberales", planeando su próximo viaje a Las Vegas, comiéndose antes que nadie un cuerito del lechón de Navidad”. Así era y así será siempre para nosotros, porque Carlos Sánchez sigue vivo. No hacia rincón de la redacción que no conociera y su trabajo en el wireroom le colocó en una posición única de ser una herramienta fabulosa para los reporteros, siempre dispuesto a ayudarnos, no importara las circunstancias ni las necesidades. Nunca lo escuché decir que no a nadie.
Te vamos a extrañar, Carlos. Te queremos demasiado.
Era, además, un excelente organizador de fiestas, particularmente la de fin de navidad. Todos los años, al menos en los 10 que por allí estuve, Carlitos, organizaba la fiesta, con el puerquito asado – le decíamos a cadáver – y después de montar la mesa, escondía una bandeja de chicharrones. Eso de “esconderla” es un decir. El asunto es que, todos sabían donde estaba y él dejaba que los demás fueran comiendo los chicharroncitos mientras no comenzaba el almuerzo.Como dice Joaquim Utset, “lo veo repartiendo el budget, calentándose una de esas enormes comidas que se traía de casa, hablando mal de Castro y de los "liberales", planeando su próximo viaje a Las Vegas, comiéndose antes que nadie un cuerito del lechón de Navidad”. Así era y así será siempre para nosotros, porque Carlos Sánchez sigue vivo. No hacia rincón de la redacción que no conociera y su trabajo en el wireroom le colocó en una posición única de ser una herramienta fabulosa para los reporteros, siempre dispuesto a ayudarnos, no importara las circunstancias ni las necesidades. Nunca lo escuché decir que no a nadie.
Te vamos a extrañar, Carlos. Te queremos demasiado.
la cosa está tan jodia economicamente en mcclatchy que the herald de lunes a sábado subió su precio de 35 a 50 centavos. y ahora los domingos cuesta $1.25 y
ResponderEliminarel nuevo herald no aumentó porque de todas maneras se están quedando todos en los estanquillos.
EL HERMANO DE JUANITA
Lamento esa perdida Rui. Veo que era un buen amigo para ti. Y leyendo lo que dices acerca de su familia y como era unido a ella, pues solo puede uno admirar a este tipo de seres.
ResponderEliminarHe perdido amigos. Y se lo que se siente en esas situaciones. Lamento su muerte.