WASHINGTON – Dos cosas están pasando ahora en relación al “frente sur”. En el congreso de Estados Unidos, dos senadores cubanoamericanos despliegan fuertes gestiones para evitar que se apruebe la cláusula sobre los viajes a Cuba en el presupuesto del próximo año fiscal; y una legión de mandatarios de la región, desfilan por los pasillos habaneros para, entre otras cosas, disputarse quien tiene o no una foto junto al líder enfermo.
Para mí los dos hechos están conectados y tienen mucho que ver con Obama y la postura que Estados Unidos se apresta a tomar. El Oppen en su columna de hoy, dice algo interesante, que las recientes movidas en La Habana son, en el fondo, más de lo mismo. O sea, que cuando huelen que en Washington se cocina alguna mejoría pues se encierran en el castillo y… a cuatro llaves. No creo que esta vez hayan pasado el cerrojo, pero que se encerraron, no hay duda.
El próximo mes se realiza la Cumbre de las Américas, en Trinidad y Tobago. Se sabe que Cuba no ha sido invitada, como ha sucedido siempre. Pero este año se ha desarrollado un fuerte sentimiento en la clase política latinoamericana, para que la isla sea incorporada o, por lo menos, invitada. Parece que los mandatarios están listos a conversar del tema con Obama, sin grandes problemas o complicaciones.
Lo interesante del asunto es que he escuchado que Obama también parece interesado en el tema y sus asesores están trabajando a toda máquina de cómo enfocar el asunto. La Casa Blanca no quiere perder la iniciativa en esto y eso justificaría el silencio de Rahm Emanuel, hace dos semanas. Después de todo, no se trata de borrar de un plumazo 50 años de diferencias – como debía de ser – sino de promover una evolución con pasos calibrados, me dicen.
No confundamos las cosas. Los “pasos calibrados” de ahora, no son lo de “antes”, de cuando la administración Clinton, en que fueron restringidos a los dos países. Ahora abarcan un escenario mucho mayor. Obama parece haber entendido, a la luz de la peregrinación a La Habana de los presidentes, que la mejoría de las relaciones con la región pasa por una apertura hacia la isla.
Pero hay más. Se espera que la próxima semana en su visita a Washington, el presidente brasileño, Lula da Silva, le haga ver a Obama que en la región existe el sentimiento de que el embargo económico es anacrónico. Y que su levantamiento ayudaría muchísimo a una paz regional.
El presidente se ha comprometido a levantar las restricciones implantadas por su antecesor. Legisladores federales que lo apoyan, al menos en este aspecto, han presentado una provisión, que en la práctica autoriza los viajes generalizados, en el proyecto de $410.000 millones del presupuesto. No es la primera vez que lo hacen. Lo que ahora es la primera vez, es que de ser aprobada, abriría los viajes a todo el mundo.
Como me explicó un legislador republicano de la Florida, es muy difícil justificar que un cubano naturalizado norte-americano pueda viajar a la isla, y un norte-americano nacido aquí no lo pueda. Es el talón de Aquiles de toda restricción. Y si partimos del principio de que, por omisión, la administración anterior terminó reconociendo la sucesión en la isla, a esta no se le haría muy difícil ir más lejos. Es por eso que, esta tarde, gente como los senadores cubanoamericanos Mel Martínez y Bob Menéndez, se fajan virtualmente a “capa y espada” en los pasillos del Capitolio, en defensa del pasado.
Esperemos por Trinidad y Tobago. Obama se puede aparecer con una sorpresa.
Para mí los dos hechos están conectados y tienen mucho que ver con Obama y la postura que Estados Unidos se apresta a tomar. El Oppen en su columna de hoy, dice algo interesante, que las recientes movidas en La Habana son, en el fondo, más de lo mismo. O sea, que cuando huelen que en Washington se cocina alguna mejoría pues se encierran en el castillo y… a cuatro llaves. No creo que esta vez hayan pasado el cerrojo, pero que se encerraron, no hay duda.El próximo mes se realiza la Cumbre de las Américas, en Trinidad y Tobago. Se sabe que Cuba no ha sido invitada, como ha sucedido siempre. Pero este año se ha desarrollado un fuerte sentimiento en la clase política latinoamericana, para que la isla sea incorporada o, por lo menos, invitada. Parece que los mandatarios están listos a conversar del tema con Obama, sin grandes problemas o complicaciones.
Lo interesante del asunto es que he escuchado que Obama también parece interesado en el tema y sus asesores están trabajando a toda máquina de cómo enfocar el asunto. La Casa Blanca no quiere perder la iniciativa en esto y eso justificaría el silencio de Rahm Emanuel, hace dos semanas. Después de todo, no se trata de borrar de un plumazo 50 años de diferencias – como debía de ser – sino de promover una evolución con pasos calibrados, me dicen.
No confundamos las cosas. Los “pasos calibrados” de ahora, no son lo de “antes”, de cuando la administración Clinton, en que fueron restringidos a los dos países. Ahora abarcan un escenario mucho mayor. Obama parece haber entendido, a la luz de la peregrinación a La Habana de los presidentes, que la mejoría de las relaciones con la región pasa por una apertura hacia la isla.Pero hay más. Se espera que la próxima semana en su visita a Washington, el presidente brasileño, Lula da Silva, le haga ver a Obama que en la región existe el sentimiento de que el embargo económico es anacrónico. Y que su levantamiento ayudaría muchísimo a una paz regional.
El presidente se ha comprometido a levantar las restricciones implantadas por su antecesor. Legisladores federales que lo apoyan, al menos en este aspecto, han presentado una provisión, que en la práctica autoriza los viajes generalizados, en el proyecto de $410.000 millones del presupuesto. No es la primera vez que lo hacen. Lo que ahora es la primera vez, es que de ser aprobada, abriría los viajes a todo el mundo.
Como me explicó un legislador republicano de la Florida, es muy difícil justificar que un cubano naturalizado norte-americano pueda viajar a la isla, y un norte-americano nacido aquí no lo pueda. Es el talón de Aquiles de toda restricción. Y si partimos del principio de que, por omisión, la administración anterior terminó reconociendo la sucesión en la isla, a esta no se le haría muy difícil ir más lejos. Es por eso que, esta tarde, gente como los senadores cubanoamericanos Mel Martínez y Bob Menéndez, se fajan virtualmente a “capa y espada” en los pasillos del Capitolio, en defensa del pasado.
Esperemos por Trinidad y Tobago. Obama se puede aparecer con una sorpresa.
Ministros Defensa Unasur piden fin de embargo EEUU
Defender el embargo economico es como si se defendiese en este siglo de las luces la inquisicion espanola.Imaginese a un fraile cruz en mano, y haciendo responsos y llamados al arrepentimiento en nombre de la fe, y veras los frailes trasnochados de la aancronica politica, pidiendo mas de lo mismo en nombre de la demcoracia.La similitud y la diferencias son terriblemente similares, solo que el "papa ha morto"con o sin senales de humo. Y mas vale un gesto de la alta politica, que mil mil berrinches para agradar a los muertos en vida de la calle ocho.
ResponderEliminar! Barrer la Habana que el desfile se aproxima!
Leonides