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lunes, febrero 18

Senador, y Latinoamérica ¿qué?

Tanto Jordania como Israel son aliados de Estados Unidos. Sus gobiernos son importantes para Washington porque son aliados en una región donde el 'antiamericanismo' es muy fuerte. Pero ni los jordanos o los israelíes dan de comer a los estadounidenses. Ni limpian sus casas o sus coches. Ni siquiera arman los arreglos florales de sus entierros.

Quien los alimentan, limpian y los entierran son los mexicanos, los colombianos, los salvadoreños, los costarricenses, los cubanos y la generalidad de los inmigrantes hispanos que realizan aquellas tareas que los demás no quieren hacer. En los campos, en los ranchos, en nuestras calles y cementerios. No es cualquier uno que dobla el lomo de sol a sol, pero los que lo doblan acá tienen un impacto mucho más claro y presente en la vida de todos nosotros que los jordanos o los israelíes.

Esta semana el senador cubanoamericano Marco Rubio (R-FL), que ahora aboga por una aproximación hacia los hispanos, se ha ido de viaje a Jordania e Israel. Es la segunda vez que se aparece por Jerusalén. Me parece bien. Él es miembro del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, y toda atención es poca. Pero mucho más cerca de Washington está Latinoamérica, de donde vienen todos estos a quien inmigración y el buró del censo un día se les ocurrió llamar 'hispanos'. Y hasta ahora no le he escuchado hablar de hacer una gira por la región.

En Washington hay muchos senadores y congresistas que prestan atención a Jordania e Israel pero casi ninguno le tiene el ojo puesto en Latinoamérica ni a su gente. Si acaso, como el senador Rubio, se preocupan con los gobiernos que no son de su simpatía personal. Pero ni la actuación de Castro, Chávez, Correa o Morales tiene impacto en el deterioro del nivel de vida en Estados Unidos. Y no creo que haya ninguna diferencia entre escapar del comunismo o huir de la miseria. A menos, claro está, que Rubio crea que la miseria genere libertad. Pero cada uno tiene sus prioridades en la vida.

El senador Marco Rubio bien pudiera preocuparse más por la Latinoamérica real. La región al sur del Río Grande es su nicho natural, en Florida también hay inmigrantes ilegales y Marco Rubio fue electo por Florida, no por Jordania o Israel.


ACTUALIZACIÓN (2/20):

Rubio explica a la cadena Sky News el viaje a Jordania e Israel.


lunes, marzo 9

Una sorpresa en Trinidad

WASHINGTON – Dos cosas están pasando ahora en relación al “frente sur”. En el congreso de Estados Unidos, dos senadores cubanoamericanos despliegan fuertes gestiones para evitar que se apruebe la cláusula sobre los viajes a Cuba en el presupuesto del próximo año fiscal; y una legión de mandatarios de la región, desfilan por los pasillos habaneros para, entre otras cosas, disputarse quien tiene o no una foto junto al líder enfermo.

Para mí los dos hechos están conectados y tienen mucho que ver con Obama y la postura que Estados Unidos se apresta a tomar. El Oppen en su columna de hoy, dice algo interesante, que las recientes movidas en La Habana son, en el fondo, más de lo mismo. O sea, que cuando huelen que en Washington se cocina alguna mejoría pues se encierran en el castillo y… a cuatro llaves. No creo que esta vez hayan pasado el cerrojo, pero que se encerraron, no hay duda.

El próximo mes se realiza la Cumbre de las Américas, en Trinidad y Tobago. Se sabe que Cuba no ha sido invitada, como ha sucedido siempre. Pero este año se ha desarrollado un fuerte sentimiento en la clase política latinoamericana, para que la isla sea incorporada o, por lo menos, invitada. Parece que los mandatarios están listos a conversar del tema con Obama, sin grandes problemas o complicaciones.

Lo interesante del asunto es que he escuchado que Obama también parece interesado en el tema y sus asesores están trabajando a toda máquina de cómo enfocar el asunto. La Casa Blanca no quiere perder la iniciativa en esto y eso justificaría el silencio de Rahm Emanuel, hace dos semanas. Después de todo, no se trata de borrar de un plumazo 50 años de diferencias – como debía de ser – sino de promover una evolución con pasos calibrados, me dicen.

No confundamos las cosas. Los “pasos calibrados” de ahora, no son lo de “antes”, de cuando la administración Clinton, en que fueron restringidos a los dos países. Ahora abarcan un escenario mucho mayor. Obama parece haber entendido, a la luz de la peregrinación a La Habana de los presidentes, que la mejoría de las relaciones con la región pasa por una apertura hacia la isla.

Pero hay más. Se espera que la próxima semana en su visita a Washington, el presidente brasileño, Lula da Silva, le haga ver a Obama que en la región existe el sentimiento de que el embargo económico es anacrónico. Y que su levantamiento ayudaría muchísimo a una paz regional.

El presidente se ha comprometido a levantar las restricciones implantadas por su antecesor. Legisladores federales que lo apoyan, al menos en este aspecto, han presentado una provisión, que en la práctica autoriza los viajes generalizados, en el proyecto de $410.000 millones del presupuesto. No es la primera vez que lo hacen. Lo que ahora es la primera vez, es que de ser aprobada, abriría los viajes a todo el mundo.

Como me explicó un legislador republicano de la Florida, es muy difícil justificar que un cubano naturalizado norte-americano pueda viajar a la isla, y un norte-americano nacido aquí no lo pueda. Es el talón de Aquiles de toda restricción. Y si partimos del principio de que, por omisión, la administración anterior terminó reconociendo la sucesión en la isla, a esta no se le haría muy difícil ir más lejos. Es por eso que, esta tarde, gente como los senadores cubanoamericanos Mel Martínez y Bob Menéndez, se fajan virtualmente a “capa y espada” en los pasillos del Capitolio, en defensa del pasado.

Esperemos por Trinidad y Tobago. Obama se puede aparecer con una sorpresa.


Ministros Defensa Unasur piden fin de embargo EEUU

domingo, marzo 8

¿Qué pasa con Latinoamérica? Y… Cuba

WASHINGTON - Esta mañana Obama acaba de nombrar a tres nuevos subsecretarios de estado del Tesoro, con lo cual finalizaron sus mandatos los funcionarios de ése rango de la administración anterior. Esto me trajo a la mente lo siguiente: ¿Qué está pasando con Latinoamérica y Estados Unidos? Después de muchas promesas durante la campaña electoral, en la que pareció despuntar un nuevo interés por la región, en las últimas seis semanas casi no se escucha hablar de pasos concretos de la administración actual hacia la región.

Incluso, en el caso de Cuba, el poco movimiento que hay está en manos del congreso, tanto sea por la propuesta de autorizar los viajes a la isla para todo el mundo, como los esfuerzos que senadores como Mel Martínez y Bob Menéndez, hacen para impedirlo. De la Casa Blanca lo único que se ha escuchado es lo que dijo Rahm Emanuel, el jefe de despacho de Obama. O sea, el silencio absoluto. Recordemos que durante la campaña, los demócratas se pasaron el tiempo diciendo que el presidente iba a levantar, por lo menos las restricciones de envío de remesas y viajes de cubanoamericanos, en los primeros 100 días de su mandato. Ya sé que no han pasado esos 100 días, pero el silencio es abrumador.

Por lo que me dicen acá, hasta los mismos académicos están desconcertados. Porque ni siquiera en privado, me cuentan, los funcionarios de la administración están hablando. Si miramos bien, no ha habido ni siquiera una reacción a lo que sucedió en Cuba esta semana. Ya se sabe que, con su silencio, la administración Bush terminó dando el beneplácito a la sucesión en la isla. Para mi no tenían otra alternativa. La permanencia del régimen es un fait accompli y la procesión de mandatarios latinoamericanos a la isla en las últimas semanas, es prueba de ello. Pero mantener un silencio, ni siquiera un comentario off-the-record sobre el tema, cuando lo sucedido involucra a funcionarios como Remírez de Estenoz, con amplia experiencia en Estados Unidos, me parece demasiado.

Pero el silencio va más allá de esto. Abarca a toda la región. La iniciativa parece estar en manos de gente como Hugo Chávez o Evo Morales, que no han cambiado un ápice sus discursos hacia Washington como si, del lado de acá, nada hubiera cambiado. Realmente estoy por creer que nada ha cambiado. Lo único que la administración ha hecho, fue acelerar los contactos con México, con el envío al país del jefe de la junta de jefes de Estado Mayor y algunos diplomáticos, pero eso es porque la guerra del narcotráfico en la frontera sur representa un peligro constante y real para el país. Nada más. Ni siquiera, en términos de inmigración se ha alterado la política vigente. Siguen las redadas y aumentan las restricciones de entrada al país.

Se supone que el presidente brasileño, Lula da Silva, venga a reunirse con Obama en un par de semanas. La agenda es amplia. Incluso, el brasileño trae en el bolsillo un permiso de Chávez para negociar en su nombre con Obama. Es posible que lo mismo suceda con La Habana y digo, es posible, porque que recuerde los cubanos nunca necesitaron de intermediarios con Estados Unidos, ni siquiera en los momentos más negros.

Urge un gesto de interés por parte de la administración. Un buen punto de partida pudiera ser la sustitución del secretario de Estado asistente para el Hemisferio Occidental, Thomas A. Shannon, nombrado por la administración anterior y que, exceptuando Colombia, no ha hecho buenas migas en la región. En las circunstancias actuales no ayuda mucho a la administración.

domingo, marzo 4

¡Al fin!

Bush sale para una gira en Latinoamérica. Con todos los hierros, aunque Chávez no le de la bienvenida. (No entiendo que tiene que ver el venezolano con esto ni por qué se arroga el derecho de rechazarlo, cuando tiene 14.000 gasolineras en Estados Unidos – posiblemente porque como militar golpista quiere dotarse de una mitologia que no tiene). Espero que Estados Unidos vuelva a Latinoamérica, una zona que abandonó estos últimos seis años, sin justificación alguna. En esto... período de gracia, para un presidente que, con todos sus defectos, al menos tiene un plan para la inmigración en muchos aspectos superior a las entendederas de gran parte de senadores y congresistas de su partido.

Los consejos de Oppenheimer.