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domingo, abril 15

La hipocresía

Estoy de acuerdo con Carl Hiaasen. Hay una gran hipocresía en este asunto de Don Imus. Es obvio que el hombre merece el destino al cual ha sido vetado porque lo que él hizo es demasiado serio, para ser olvidado. Pero también abre unas interesantes puertas a la reflexión y esas puertas nos conducen a donde Carl ha llegado: la hipocresía. La hipocresía, por ejemplo de la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC), esa gigantesca entidad federal, nido de burócratas que se pasan el día mirando el ombligo en vez de escuchar la radio o ver la televisión, y con un presupuesto anual de $304,057,000. Imus no es un caso aislado, Imus no es una excepción. Principalmente si miramos lo que sucede en el sur de la Florida, donde las ondas radiales se han convertido en un terreno de nadie donde todo es permitido. Diariamente en las ondas radiales de Miami se destrozan reputaciones, se insulta impunemente y, lo que es peor, se niega el derecho de réplica y la libertad es cohartada sin miramientos. ¿Dónde estaba la FCC cuando una emisora de radio quiso destrozar a mi colega José Antonio Evora por una critica que él escribió sobre un programa supuestamente humorístico? ¿Dónde estaba la FCC cuando en ese programa se reveló sus teléfonos y se incitó a los oyentes a llamarlo e insultarlo? Me temo que en ningún lado. Me temo que hizo como los monitos que no escuchan, ven o hablan. Cuando Tom Fidler tuvo la infeliz idea de mencionar a los “chihuahua” para criticar a un par de locutores radiales que lo habían insultado – porque así comenzó el asunto – éstos no tuvieron dudas en montar una campaña y desviar hacia el público en general un epíteto que estaba apenas dirigido a ellos. Manipularon a los oyentes. Lo que se siguió en los días siguientes no tiene nombre. Le dieron la razón al profesor Darío Moreno, cuando hace años llamó a Miami “republica bananera” y también en esa ocasión él no fue ahorrado. ¿Dónde estaba la FCC? El año pasado, durante las marchas pro derechos de los inmigrantes en Homestead y Miami, un locutor del patio se refirió a los mexicanos como “indios de porquería”. Meses después puso el grito en el cielo cuando le dijeron “chihuahua”. ¿Han escuchado las canciones de rap en español? Mejor lo hagan, y verán como Imus es un niño de teta. Tal como sucede en inglés, estrofa si, estrofa no, el racismo, sexismo y discriminación aflora en cada línea, y los escuchamos todo el tiempo en la radio sin que un locutor tenga, al menos el pudor familiar, de advertir al oyente. Lo triste de Miami es que llegamos a un punto en este aspecto en que colectivamente asumimos como normal, algo que unas cuantas millas al norte es visto como una excepción. Desgraciadamente hemos asumido la cultura del no ver, y no levantar ondas y la FCC parece haberse encaminado en esa complicidad. Cuando Imus insultó a las muchachas de Rutgers, no hubo un locutor en esta ciudad, tan pretensos a opinar sin que nadie se los pida, que dijera esta boca es mía. Ni uno. Y como sabemos, quién calla, otorga.

jueves, abril 12

¡Imus, kapput!

Se vino abajo. Ni la todo poderosa CBS aguantó la presión de la comunidad afroamericana, y canceló el show radial de Don Imus. Ahora, por una cuestión de elemental justicia también me gustaría ver esa misma comunidad, especialmente al reverendo Al Sharpton – que, en mi modesta opinión hizo el mejor discurso político de la convención demócrata el año 2004 – debía exigir también que los cantantes de rap cesaran los ataques racistas a los blancos, en sus canciones. A bien de la convivencia comun.(El reportaje de TIME)