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viernes, febrero 19

miércoles, febrero 3

jueves, enero 28

Fotografiar La Habana

LA HABANA - La capital cubana es, en estos días en los cuales lo extranjero y lo nacional han dejado de ser una diferencia, una ciudad colorida donde es difícil buscar imágenes más allá del esteriotipo que han creado las agencias de prensa.
DIARIO LAS AMÉRICAS les presenta este portafolio que para mí, como su autor, es un hallazgo por la libertad con que lo he hecho y me lo publican. La Habana, y Cuba por carambola, es todavía un mundo desconocido y en el cual, pese a su entorno politizado, subsiste una vida popular, posiblemente y quizá, única en Latinoamérica.
Ya me lo dirán. Vacílenla como yo lo hice. 
Tiempos nuevos. Un travesti entretiene al público en una cervecería de La Plaza Vieja. (RF)'

© Rui Ferreira 2015
Publicado en Diario las Américas. 1.28.2016

martes, enero 26

Musico en Calle Obispo



LA HABANA - Un músico callejero cubano entretiene a quienes pasean por la Calle Obispo, en la Habana Vieja, a cuenta de las propinas que le dejan al pasar. Este es uno más de los trabajadores informales que buscan sobrevivir en las calles cubanas.

© Rui Ferreira 2015

sábado, enero 23

Cuba, donde el futuro es el presente, el día a día


LA HABANA - Alamar es una barriada popular en las afueras de la capital cubana. Construida en la década de los años 70 a base de promesas y trabajo voluntario, pretendía ser el inicio de la solución de la crisis habitacional del país.
Hoy, cuatro décadas después, sus edificios sobreviven con una arquitectura distorsionada donde la población se ha ido hacinando de la mejor forma posible en un país donde la permanencia de una ideología ha sido más apremiante que la comodidad de sus habitantes.
Pero Alamar es también un pulmón latente del sentir y la preocupación una sociedad en la que cada miembro, por sus características idiosincráticas, tiene una opinión sobre todo. Y el futuro es preocupante. Una mañana, hace un par de semanas, un grupo de personas se concentraba, hacía ‘cola’ como dicen, frente a un pequeño mercado popular esperando la distribución de la magra porción del racionamiento, vulgo ‘la libreta’, que todavía intenta igualar las oportunidades alimenticias de todos pero apenas alcanza para sobrevivir.
Un cubano entretiene a los turistas con sus perros amaestrados a cambio de propinas en moneda convertibles. (RF)
Es un buen caldo de cultivo para que el visitante extranjero entable una buena conversación con los vecinos, sobre el sentir popular de la realidad que se vive en la isla. La Habana no representa al resto del país, pero es un buen ‘mercado’ de opiniones.
“¿Nuestro futuro? Pues, será lo que el pueblo quiera, señor”, comentó una anciana, que apenas puede con su alma pero aguanta estoicamente una fila que puede durar, sencillamente, un par de horas. ‘El pueblo’, en este caso y en ese lenguaje ‘codificado’ en que los cubanos se han habituado a hablar con los extranjeros en las últimas cinco décadas, significa que es lo que el Gobierno realmente desee.
En el primer intercambio, el presente surge como más apremiante que el futuro. “Los salarios son muy bajos. Apenas nos alcanza y muchas veces ni alcanzan. Hay que ir por la izquierda, hacer pequeños trabajos y sobrevivir”, explicó ‘Manuel’, un cubano de unos 30 años que pide no ser identificado por su nombre. Es arquitecto de profesión pero albañil para complementar su sueldo. Confiesa que dedica más de la mitad de su tiempo a reparar pequeños desastres en casas particulares que en el taller gubernamental diseñando o resolviendo necesidades estatales.
Esquina en La Habana Vieja, lugar del floreciente comercio informal. (RF)
También está ‘Miguel’, un técnico de computadoras que trabaja en una empresa de telecomunicaciones pero que ha montado, con un amigo, un pequeño taller para reparar computadoras, tabletas y hasta teléfonos celulares a particulares. Es clandestino. Lo hace así por necesidad porque, se queja, “los impuestos nos ahogan” y “las licencias no son fáciles de conseguir”.
Como ambos, hay todo un mundo clandestino que intenta seguir vivo ante, lo que consideran, una incertidumbre de los designios del Gobierno. La mayoría de estos cubanos, con quienes se logra establecer conversación a través de una red de discretos contactos, no parece sentirse ‘orientado’ por lineamientos de futuro. “Esta gente habla en un lenguaje que no parece ser el de la calle. ¿Qué voy hacer si la vida en la calle es tan capitalista, que cada uno tiene que sobrevivir por su cuenta?”, se desahogó ‘Miguel’.
El Gobierno, coinciden economistas y sociólogos afines, intenta orientar a la población pero el lenguaje parece ser el problema. “Mucha gente de la población no entiende todos esos discursos demasiados intricados, floridos y complicados. Difíciles de escrutar, ¿entiendes?”, preguntó un profesor universitario jubilado.
Un guía turística por cuenta propia conduce un grupo de extranjeros por el casco viejo de La Habana. (RF)
En Centro Habana, otro pulmón popular de la capital, la vida discurre como una ciudadela muy común en Centroamérica, de hecho la capital cubana resurge más como una ciudad centroamericana que caribeña. Algunas personas, mayormente mujeres, dueñas de casas y a cargo de sus familias, sienten que el futuro del país es su propio presente. Al contrario de muchos otros países, donde un plan de futuro es visto como una hoja de ruta, aquí no se sabe siquiera qué es una ‘hoja de ruta’, cuando el visitante introduce el concepto en la conversación.
“No sé qué es eso señor. ¿Futuro? Perdone pero desde que Fidel (Castro) se fue no escucho a nadie más. Él nos hablaba claro”, dijo Yodenis, una enfermera de un importante hospital, madre soltera de dos hijas, con ciertas preocupaciones sociales que, en este caso, se restringen a su familia.
En los ‘tiempos de Fidel Castro’, las explicaciones gubernamentales eran mucho más claras, coincidieron muchos de los consultados. Hoy día, los planes e ideas surgen más como conceptos separados del entendimiento popular y parecen estar dirigidos al exterior, forma de atraer una inversión monetaria foránea que parece ser la clave del desarrollo, la transición y el rediseño de la sociedad, pero que no parece accesible al entendimiento de la población.
“Un aspecto interesante de lo que has descubierto es que, de cierto modo, la gente se está labrando su futuro y, en cierta medida, el Gobierno se está quedando atrás. Hay una separación clara entre el discurso oficial y la percepción popular. Se ha perdido bastante esa red de protección que la revolución mantuvo por décadas. No, y repito, no y de ningún modo, el Gobierno ha abandonado a la población pero tampoco ha sabido explicar bien que esa no es su intención, que no la va abandonar”, señaló el profesor universitario Enrique López Oliva.
No parece serlo. Cuando se plantea la cuestión abiertamente nadie da el brazo a torcer. “Nuestra vida no sería posible sin nuestro Gobierno”, explicó Carlos Giménez, empleado de comercio pero a la vez un ‘cuadro político’, dirigente de los Comités de Defensa de la Revolución, cuya ascendencia sigue vigente en la población, en la cuadra donde vive en Centro Habana y el único que accedió a hablar abiertamente con el visitante.
“No veo que nuestro futuro sea negativo. Sólo espero que sea explicado mejor. Incluso tengo dificultades en hacerlo a mis hijos. (Pero) soy optimista”, dijo.
Sin embargo, los medios de prensa gubernamentales no lo ayudan. Su lenguaje sigue siendo tan florido que hasta sus traductores a otros idiomas tienen dificultad en interpretarlo. “Hay palabras que no aparecen en ningún diccionario”, dijo uno de ellos. Parece que el futuro actual en la isla es su propio presente. ¿Qué arrojará el próximo congreso del partido comunista en abril?.
© Rui Ferreira 2015
Publicado en Diario las Américas. 12.23.2016

sábado, enero 9

Centro Habana


© Rui Ferreira 2015 

El cambio de mentalidad, una piedra en el zapato



El problema no es el sistema como tal, que tiene responsabilidades con los ciudadanos pero también obligaciones. “Hay que cambiarle la mentalidad a la gente, tienen que entender que tener rezagos de capitalismo no es necesariamente malo".
LA HABANA. - La burocracia en Cuba es el gran lastre de la revolución. La mentalidad de los burócratas es de hecho, el gran adversario de las reformas. Es una de las cosas que queda clara cuando se comienza a conversar con la gente en la isla y muchos ciudadanos se quejan de ello.
Como todo en la vida, las opiniones respecto a este tema están divididas, y cada bando parece tener un argumento muy fuerte sobre el asunto. Para algunos es al gran cáncer del país, que fue creado por el sistema durante los últimos 50 años. Ahora, para sobrevivir, quieren verse libres de la carga de empleados estatales, principalmente en oficinas y dependencias políticas.
En la Rampa, Calle 23, un joven cuentapropista vende anillos, cadenas y medallitas de oro. (Rui Ferreira).
Cuando propuso sus primeras iniciativas sobre la reducción de la máquina estatal, el plan del Gobierno era sacar de la plantilla gubernamental por lo menos a 1,5 millones de empleados. Cuando lo intentaron, pensando que la mayoría iba a migrar hacia la incipiente iniciativa privada, se dieron cuenta de que no había espacio ni estructuras para todo el mundo. “Fue como un embudo, no había. Todavía no hay dónde meternos a todos. Esa es la realidad”, explica Odalys Serguera, una empleada de una tienda estatal donde trabajan cinco colegas pero con dos se resolvería el problema. Casi no vende nada.
En su opinión y en la de muchos otros, una solución sería la apertura de más espacios para la iniciativa privada, la creación de más permisos en una mayor variedad de trabajos por cuenta propia.
Un puesto de venta de artesanías en una feria de privados en la Rampa, Calle 23. (Rui Ferreira)
Habría, como expusieron muchos consultados, que llevar a cabo un cambio en la mentalidad de la gente. Sacarlas de una especie de camisa de fuerzas mental donde se han refugiado y hacerles ver que el país no sale del atolladero sin un cambio en la forma de ver las cosas. Al menos desde una perspectiva de empleado del Gobierno.
“El gran problema de nuestros burócratas es que le tienen miedo al capitalismo, muchos de ellos, no hablo de los dirigentes grandes, pero los cuadros intermedios, se han habituado a vivir casi sin hacer nada. En no tomar decisiones sobre nada, esperar que todo ‘venga de arriba’ y, ahora, que Raúl (Castro) lleva ya años hablando de abrir la sociedad, ser más críticos y creativos, pues nadie hace nada”, explica un periodista jubilado que pide no ser identificado.
En su opinión, el problema no es el sistema como tal, que tiene responsabilidades con los ciudadanos pero también obligaciones. “Hay que cambiarle la mentalidad a la gente, tienen que entender que tener rezagos de capitalismo no es necesariamente malo. Te puede mejorar la vida en nuestra sociedad”, afirma la fuente. Y apunta un detalle: “Muchas de las cosas que ahora los chinos nos mandan, de mucha mejor calidad que la de los soviéticos, no serían posibles si no fuera por la existencia allí de una sociedad mixta”.
Uno de los detalles que intensifica la ‘resistencia’ de la burocracia a los cambios son los salarios. Aunque se han incrementado en algunos sectores estatales lo cierto es que, a diferencia de otros estamentos de la sociedad como los trabajadores del turismo, intelectuales, empleados destacados, la inmensa mayoría sigue recibiendo sus sueldos en Pesos Cubanos y no parcialmente en el CUC, la moneda convertible nacional. “Es un motivo de descontento. Los jubilados tampoco tienen acceso a la moneda convertible y como es fácil constatar no mucho se logra en moneda nacional”, enfatiza el periodista.

Según el profesor universitario Enrique López Oliva, el cambio de mentalidad es algo que está siendo ‘empujado’ por el Gobierno y el partido comunista pero no es parte de la educación de la nueva horneada de estudiantes. “La gente está aprendiendo el capitalismo en la calle. Es la vida diaria que está contribuyendo a un cambio de mentalidad. Aunque tu aprendes el capitalismo rápido, lo cierto es que la gente no ve las oportunidades de desarrollarse”, subraya. ¿Qué sucede entonces? “Se están yendo del país. No ven otra posibilidad”, contesta.

Un hombre exhibe orgullosamente en una esquina del Parque Central, una moto de último modelo que ha importado. (Rui Ferreira)
El Parlamento cubano (Asamblea Nacional) abordó el tema y reconoció que los jóvenes están buscando otras áreas laborales. La vice presidenta de la comisión parlamentaria que atiende a los niños, jóvenes y mujeres, Yoerky Sánchez, “resaltó como positiva la motivación de los jóvenes trabajadores por cuenta propia, de poder aportar al presupuesto del Estado y a su vez tener la garantía de jubilación. Ellos consideran que contribuyen a la sociedad mediante sus servicios y a su vez perciben mejores salarios”, ha reseñado el diario oficial Granma.
Sin embargo, “trascendió que estos jóvenes recomiendan ofrecer una mayor cantidad de cursos de modo asequible, que los capaciten para desarrollar sus actividades, pues muchos no fueron formados para ejercer estas labores; mientras que algunos de ellos poseen nivel universitario y se encuentran ejerciendo trabajos no afines a sus especialidades”.
También muchos trabajadores del estado sienten que, al aproximarse el momento de la jubilación, sus perspectivas de futuro no son las mejores e intentan asegurar el puesto, el mayor tiempo posible. “Aquí no están contratando a los jubilados. Viven prácticamente del aire”, puntualiza el profesor universitario.
En la misma reunión del Parlamento, se habló claramente de la necesidad de proceder a un cambio de mentalidad si se quiere salir del atolladero. Según la directora general del ministerio de Comercio Exterior, Deborah Rivas, todavía falta mucho para que los funcionarios cubanos tengan una preparación adecuada, como en sus capacidades de negociar inversiones, falta una mayor auto preparación e, incluso, dominio de la ley de inversiones.
Pero Rodrigo Malmierca, el ministro de Comercio Exterior e Inversiones, fue más incisivo. “La inversión extranjera no es un retorno al pasado como han juzgado algunos, sino una vía de fortalecernos económicamente. (…) la Ley, no pone en riesgo el sistema socialista”, asegura.
Sino, que es “el bloqueo mental, la falta de preparación y la excesiva cautela lo que ha impedido que buenos negocios avancen”, precisó.
Según la opinión de algunos entrevistados, uno de los que más fuerza está haciendo para promover un cambio de mentalidad es el vicepresidente del Gobierno, Miguel Díaz-Canel, considerado el sucesor del presidente Raúl Castro. En un discurso en mayo pasado en la ciudad de Bayamo, y que sorprendió a muchos, Díaz-Canel se quejó de que la prensa oficial no aborda el día a día de la población. “Hay que igualar las agendas mediáticas y públicas en el marco de un periodismo ciudadano, en las cuales están presentes problemas, vicisitudes, motivaciones, aspiraciones, desengaños y todos los colores de la vida”, apuntó el vicepresidente.
© Rui Ferreira 2015
Publicado en Diario Las Américas 01.09.2016

lunes, enero 4

Entre dos monedas, la economía cubana sigue siendo una gran incógnita



LA HABANA – Raúl no es un nombre común en Cuba. Pero, estos días, es popular.

De Raúl Modesto Castro Ruz se le espera mucho estos días en la isla. Desde que hace ya casi una década sustituyó a su hermano Fidel al frente del Gobierno, Raúl es visto en las calles, frente al visitante extranjero, como la persona en la cual el ciudadano común ha depositado sus esperanzas. No por confianza, sino por diferencia. Por incógnita.

Lo dice Marta. “Mi vida ha mejorado con Raúl. No puedo decirle menos que eso, señor. Me ha dejado tener mi negocio, le estoy dando una vida mejor a mis nietas. Fidel ha sido importante para nosotros los cubanos, pero Raúl nos ha dejado hablar. Que nadie lo critique por publicar mis palabras. Pero son sinceras”, dice Marta, quien se dedica a vender dulces en una esquina de la calle Obispo.


Un campesino vende sus cosechas en La Habana Vieja (Rui Ferreira)

Esta semana en un mercado popular al lado del puente de hierro en el Vedado, otrora barriada lujosa de La Habana y que hoy día sobrevive a encontronazos, Juan Carlos vende cebollas a 50 pesos el racimo. También las vende en CUC, la moneda convertible, pero demuestra que el peso cubano es, en estos y muchos casos, más fuerte. Si entrega el racimo a 45 pesos también los oferta a CUC, en este caso a dos, o sea, 50 pesos. Y lo explica: “Es la oferta del mercado”. Palabra nueva que se introduce en la sociedad socialista sin que nadie la cuestione.

Raúl Castro lo ha dicho claro, que la nueva sociedad cubana debe, e intenta, acomodarse a las nuevas necesidades y eso se siente en la calle. “Aquí no se está construyendo una economía de mercado sino una economía pública que no rechaza el mercado”, lo deja claro a Diario de las Américas el académico Rafael Hernández.

Las existencia de dos monedas, en la cual el peso cubano es de hecho ya convertible, (1 por 24), le ha creado al Gobernante cubano un dilema con el cual está bregando. Al acabar con esa dualidad ¿qué cotización escoger?


Un cantinero de la Bodeguita del Medio le extiende su vuelto a un cliente. (Rui Ferreira)

Hoy día es 24 o 25, pero economistas consultados en La Habana están de acuerdo en que la razón del retraso en el fin de la dualidad, se debe a que no hay un consenso sobre la cotización apropiada. Pudiera, y lo aspiran, lo comentaron a Diario Las Américas, de que sea alrededor del 10 por uno, lo cual convertiría la moneda cubana en una de las más fuertes del continente.

“Me es muy difícil hacer esta conversión, pero me gusta que los CUC sean sólidos”, explica Marcos Alejandro, un pintor cubano que vende su arte en los alrededores de la Plaza de la Catedral. “Nuestro problema son los sueldos, no la iniciativa privada”, afianza.

De acuerdo con él, y mucho más duro, está Alejando González, un veterano de la epopeya de la Sierra Maestra, la cuna de la revolución, que se queja también de los bajos sueldos aunque le agrada la pensión que recibe. “Aquí hay que aumentar los sueldos. Sino, me da pena decírtelo, el pueblo no es feliz”, dice.

¿Y Raúl? “Fue mi jefe. Diferente al hermano. Esperemos”.

© Rui Ferreira 2015

Texto original de una crónica publicada el 4 de enero en Diario Las Américas.

lunes, diciembre 28

Entre dos monedas y nuevos tiempos, los cubanos sucumben al mercado

Una vidriera en la Calle Obispo exibe un muñequito de la chocolateria M&M (©Rui Ferreira)
LA HABANA - Caminando el extranjero por la calle Obispo tiene la sensación de que la ciudad ha cambiado. Es La Habana. Pero una Habana que en el siglo 21 intenta adaptarse a los tiempos nuevos, sin grandes recursos pero con muchas necesidades. Y en esta arteria emblemática de la ciudad conviven, o intentan sobrevivir, dos economías hasta no hace mucho antagónicas, la de mercado y la socializada, en una relación bastante asimétrica.
Es así como la calle Obispo surge hoy como una especie de mercado persa donde frente a frente conviven los más lujosos productos del mundo con la artesanía manual que vende la imagen de la revolución. Una enorme fotografía publicitaria de la cantante Jennifer López, a través de su perfume, aparece en una vitrina a un lado de la calle mientras que al frente una mujer intenta vender una camiseta del Che Guevara o una gorra con la bandera cubana. Al lado, detrás de otra vidriera, el simpático muñeco M&M sonríe al cliente con la esperanza de que quiera entrar en esta tienda de chocolates, algo impensable hace algunos años y donde todo se vende en moneda convertible. En este caso, el embargo económico estadounidense parece ser un detalle del cual poco o nada se habla.
Todo esto se mezcla con decenas de pequeños negocios de donde salen los más disímiles olores y sonidos, desde restaurantes a puestos callejeros de churros, venta de café o uno que otro bar donde, como en el resto de la arteria ‘luchan’ el peso cubano (CUP) y el peso convertible (CUC), con una cotización favorable a este último. “Aquí usted puede consumir lo que quiera y paga en la moneda que quiera”, explica Carlos, un joven santiaguero que sirve de promotor del restaurante ante los potenciales clientes. Dentro, se puede consumir una buena langosta, un bistec aceptable, sándwiches de todos tipos y una generosa colección de cervezas, nacionales e importadas. ¿La diferencia? Para el visitante, si paga en CUC, la comida sale mucho más barata, a veces no excede los 10 CUC, quizá 15, por persona, nada malo teniendo en cuenta que el servicio suele estar acompañado por un grupo musical que, de vez en cuando, y en la medida que la clientela se va renovando, pasa el cepillo por las mesas porque de eso viven, de las propinas de los comensales.
Una mujer atiende a dos clientes en una tienda de recuerdos. (© Rui Ferreira)
Para los que solo pueden consumir en pesos nacionales, el asunto se vuelve mucho más caro. Concretamente, hay que multiplicar la cuenta por 25, porque ese es el valor de cambio entre las dos monedas, y con un salario promedio de 300 pesos cubanos, no todos los nacionales tienen esa oportunidad. “Hay una contradicción obvia. Aquí, como en el resto de la ciudad, conviven las dos monedas. Pero lo interesante es que los negocios van sobreviviendo. Se logran mantener más que menos y el Gobierno no parece muy preocupado en cómo estos empresarios, por llamarlos de algún modo, logran mantener las puertas abiertas”, explica el profesor universitario Enrique López Oliva.
De hecho, el estado es partícipe en la mayoría de ellos, porque gran parte de estos negocios, sean restaurantes, bares, peluquerías, tiendas de recuerdos, librerías o establecimientos que reparan computadoras, celulares o electrodomésticos, se encuentran dentro de la iniciativa privada aprobada hace algunos años, o son cooperativas. Es el caso de algunos restaurantes, cuyo inmueble pertenece al Estado, pero es administrado por un grupo de cocineros, meseros y administradores, que pagan un alquiler por el espacio y abonan sus impuestos.
“La cifra de negocios de la calle es muy difícil de calcular. De momento lo importante es que sirven para abrir espacios que antes no había, dan otro color a la ciudad, y aunque eso no mejore la calidad de vida, también sirven para atraer al turista que es, todavía, una fuente importante de ingresos”, amplia López Oliva.
Marta, por ejemplo, es otro caso. Ella ha acomodado la sala de su casa, tiene un mostrador en el portal y oferta dulces, frituras y refrescos. “Todo son productos frescos. Es un negocio bueno aunque también hay tiempo muerto. No siempre es así, ahora en tiempos de Navidad la cosa va mejor”, explica al revelar que la mayoría de sus clientes son niños a quienes sus padres intentan satisfacer con una que otra golosina, cuando pagan 20 pesos cubanos por un sándwich y 10 por un refresco.
Los cubanos están descubriendo la economía de mercado, intentando desarrollarla sin poder dejar al Estado de lado y muchas veces, de una forma poco ortodoxa. Por ejemplo, la venta de pizzas, que es un negocio común, popular, tiene sus particularidades.
La barra de un restaurante estatal pero administrado por una cooperativa. (© Rui Ferreira)
En un pequeño restaurante privado ubicado en las inmediaciones de la Plaza de Armas, Carlos oferta pizzas a 30,00 pesos cubanos cada una. Son de queso, solo de queso, sin nada más, pero si el cliente quiere otro ingrediente tiene que pagar aparte. Si desea que la pizza tenga bonito tiene que pagar otros 30,00 pesos cubanos (el equivalente a 1,20 CUC). “Es un agregado”, explica, y por eso lo cobra aparte.
“Ay, mi amigo, aquí el problema no es inventar. El problema son los salarios que son muy bajos. Por eso esto le puede parecer caro. Pero así es nuestro mercado”, agrega. Y explica que su mayor problema son los abastecimientos, porque si una lata de bonito solo se encuentra en 2,50 CUC, la única forma de que rinda en pesos nacionales es trasformar el ingrediente en un ‘agregado’ y cobrar la ración a 25 veces su valor.
Aunque esto posiblemente sucede solo en Cuba, lo cierto es que así están descubriendo una forma de ‘levantar cabeza’.
 “Este es el dilema de la dos monedas. No impide que esta calle tenga una nueva vida comercial pero enmascara todo el esfuerzo que hay detrás de ella para mantenerla viva, para hacerla rendir porque, como siempre, la calle no está fácil”, remata el profesor universitario.
©Rui Ferreira 2015
Publicado en Diario Las Americas 12.28.2015

lunes, marzo 12

Edmundo

Europa al tanto de la complicidad del castrismo con el "pérezrourismo". El diario Le Monde habla de la odisea de Edmundo García.