miércoles, marzo 23

Obama se gana el cubano de pié

Hay quien asegura que si el presidente estadounidense optara por la jefatura en Cuba, ganaría la elección


Obama se gana al cubano de a pie
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El mandatario estadounidense saluda al público que acudió a escuchar sus palabras. (EFE)













RUI FERREIRA
Enviado Especial
LA HABANA - La enorme popularidad del presidente Obama es palpable aún sin salir del avión. El lunes por la tarde, mientras el avión de American Airlines se desplaza por la pista del aeropuerto José Martí, acabado de llegar de Miami, la gran mayoría de los pasajeros se volcaron hacia las ventanillas del lado derecho en busca de las alas del avión más conocidas del mundo.
“Mira mi’jo, es el avión de Obama”, decía orgullosa una madre cubanoamericana, apuntando hacia el Air Force One, estacionado frente a la Terminal 1, al lado de otro avión del Departamento de Estado. El muchacho no paraba de tomar fotografías con su celular. Luego, él y otros pasajeros, cuando se bajaron de la aeronave, siguieron haciendo lo mismo, tomando fotos, mientras se dirigían hacia la terminal.
Tan pronto salimos del aeropuerto,  se escuchan los comentarios. La gente le pregunta al visitante cómo se está viendo la visita de Obama a Cuba en el exterior. Están tan ávidos de noticias, que tropiezan en las preguntas. “¿Qué dice la gente en Miami? ¿Hay muchos protestando?”, preguntaron.
Pero lo más común es que todos parecen querer opinar sobre el viaje, muchas veces sin que se le pregunte. Es el caso de Mario, el taxista de una empresa gubernamental, soltó de pronto: “Obama es una bendición para Cuba, la gente cree que va a resolver nuestros problemas. Si lo logra o no, es otra cosa. Pero yo creo que nos puede ayudar”.
No hay carteles en la calle con la imagen del mandatario, exceptuando uno a un costado de la Catedral de La Habana, que ha sido difundido en la portada de muchos periódicos del mundo. Mientras tanto, la visita presidencial no ha seguido los cánones tradicionales. No hubo una recepción popular organizada por el Gobierno, a lo largo del recorrido por las avenidas adyacentes al aeropuerto, como en otros tiempos.
Pero la población se hizo presente. Cuentan muchos cubanos que centenares de personas, bajo un pertinaz aguacero, se concentraron sin que nadie los obligara a acudir a la avenida Rancho Boyeros esperando ver pasar la caravana presidencial. Se quedaron en ascuas.
No obstante, los dos grandes automóviles presidenciales, llamados “bestias”, fueron desviados por una ruta alternativa y llegaron al centro de la ciudad tras dar un enorme desvío por el anillo vial exterior del área urbana y la gente se quedó sin ver a Obama.
“Fue una frustración general. Cerraron todas las calles, el tráfico era un infierno y todo el mundo estaba ‘berreao’ [molesto]”, explicó el taxista.
Les quedó, cuanto mucho, verlo por televisión, cuando los informativos transmitieron las actividades oficiales y nada más que eso. No hubo imágenes de la gente coreando a Obama, cuando se fue a pasear con la familia por la Habana Vieja.
Publicado en Diario Las Americas el 3.23.2016
©Rui Ferreira 2016

lunes, marzo 21

“¿Qué bolá Cuba?": Obama está decidido a cambiar la historia

Para Obama el viaje es la esencia de su legado diplomático, también una forma de aproximarse a los demás países latinoamericanos que suelen seguir el faro de La Habana. Algunos creen que es una novedad de los últimos dos años.


MIAMI.-RUI FERREIRA
Especial
@ruiefe
Bajo un pertinaz aguacero, el presidente estadounidense Barack Obama desembarcó en La Habana en un viaje histórico llamado a consolidar el deshielo iniciado entre los dos países a fines del año 2014. Es la primera visita de un mandatario del poderoso vecino del Norte desde que en 1928 el entonces presidente Calvin Coolidge ingresó a la rada habanera a bordo de un acorazado.
“¿Qué bolá Cuba? Acabo de aterrizar aquí, y deseoso de encontrarme y escuchar directamente al pueblo cubano”, fueron las primeras palabras del mandatario expresadas a través de su cuenta en Twitter.
El avión presidencial, Air Force One, tocó tierra en el Aeropuerto Internacional José Martí a las 4:19 de la tarde, donde Obama fue recibido por el ministro de Relaciones Exteriores, Bruno Rodríguez; la directora del Departamento de América del Norte de la cancillería, Josefina Vidal, y los jefes de las misiones diplomáticas de los dos países, Jeffrey DeLaurentis y José Ramón Cabañas.
El gobernante Raúl Castro no estuvo presente en el recibimiento, un gesto que según fuentes en la capital cubana, pretende enviar un mensaje de que aunque la visita es importante las relaciones todavía no están totalmente normalizadas. La Habana sigue reclamando el fin del embargo económico y la devolución de la Base Naval de Guantánamo.
Obama, acompañado de la primera dama Michelle Obama sus dos hijas y la suegra, descendió del aparato cubriéndose con un paraguas, saludó al pequeño comité de recepción y abordó la limusina presidencial, también conocida como “la bestia”. Mientras esto ocurría, por la parte trasera del Air Force One desembarcó el resto de la delegación estadounidense, con el secretario de Estado John Kerry, la líder demócrata de la Cámara, Nancy Pelosi, la asesora presidencial Valerie Jarret y un grupo de congresistas y senadores de ambos partidos.
Enseguida la comitiva presidencial, compuesta por 28 camionetas, siete de las cuales blindadas, puso rumbo al Hotel Meliá, en el Malecón Habanero donde Obama tuvo oportunidad de saludar al personal diplomático allí presente. Tras los saludos, el mandatario realizó una breve visita a La Habana Vieja, bajo la conducción del historiador de la ciudad, Eusebio Leal, y se detuvo en la Catedral de La Habana a saludar al cardenal Jaime Ortega y Alamino, uno de los artífices del deshielo entre los dos países.
Al reunirse con el personal diplomático, Obama pronunció un breve discurso. “En 1928 el presidente Coolidge vino en un acorazado y tardó tres días. A mí me tomó apenas tres horas”, dijo el mandatario. “Tener una embajada de EEUU significa que vamos a poder impulsar mejor nuestros valores, nuestro intereses y entender mejor las preocupaciones del pueblo cubano. Esta es una visita histórica y una oportunidad histórica”, enfatizó.
Obama, quien permanecerá en la isla hasta el martes por la tarde, desembarcó en La Habana con una idea muy precisa: acabar de una vez por todas con la animosidad entre los dos gobiernos y extender un puente de plata a su viejo adversario sin obviar las diferencias políticas y críticas a la sociedad socialista cubana, como las violaciones de derechos humanos.
De hecho esa ha sido una de las condiciones desde que en diciembre el mandatario manifestó sus intenciones de viajar a la isla. “Voy con el presupuesto de que puedo hablar con quien quiera”, dijo en ese entonces.
Para Obama el viaje es la esencia de su legado diplomático, también una forma de aproximarse a los demás países latinoamericanos que suele seguir el faro de La Habana. Algunos creen que es una novedad de los últimos dos años pero lo cierto es que cuando de su visita a Miami el año 2008, siendo aún un candidato a la presidencia, el mandatario se comprometió a resolver este último conflicto de la Guerra Fría.
El viaje presidencial también es una forma de resaltar los nuevos tiempos y, a la vez, hacer ver que la nueva dinámica bilateral es irreversible.
Su plan es ampliar la influencia de Washington en la isla, llegar directamente al pueblo cubano y participar en el desarrollo de la sociedad empresarial privada, aún bastante angosta. “Cuanto más los empresarios estadounidenses se compenetren allí, cuanta más gente viaje allí y los cubanoamericanos pueden comunicarse ampliamente con sus familiares, que en algunos casos no se han visto en décadas, más fácilmente vamos a ver los cambios que todos aspiramos”, indicó Obama recientemente la cadena CNN en español.
Horas antes de la llegada, un grupo de manifestantes progubernamentales cercó a unas 50 integrantes de una de las facciones de las Damas de Blanco y otros opositores en las inmediaciones de la Iglesia de Santa Rita, en Miramar. Los opositores fueron arrestados y liberados horas después. De todos modos, antes del incidente, la líder de las Damas de Blanco, Berta Soler, declaró a la agencia española EFE, que la agrupación desea que Obama “dé un mensaje bien claro de apoyo al pueblo de Cuba, dado que siempre los Estados Unidos han querido el bien y la democracia en la isla”.
También, “queremos que le exija al Gobierno cubano la libertad inmediata para todos los presos políticos, una amnistía general y que cese la violencia policial”, enfatizó Soler, quien agregó que piensa explicarle al mandatario que su visita no cambiará “para nada” la situación de derechos humanos en la isla.
Publicado el 3.21.2016 en Diario Las Americas.
©Rui Ferreira 2016

domingo, marzo 20

Primeras declaraciones de Obama en Cuba


Obama aterriza en La Habana


El mandatario fue recibido en la escalerilla del aeropuerto por el ministro de Exteriores, Bruno Rodríguez, Josefina Vidal, la directora de EEUU de la cancillería local, el encargado de negocios de EEUU en La Habana, Jeffrey DeLaurentis y el embajador cubano en Washington, José Ramón Cabañas.






    Obama toca suelo cubano con el pie izquierdo. Y Michelle con el derecho.

sábado, marzo 19

Esperando a Obama en La Habana con los brazos abiertos

El mandatario estadounidense asegura que apostará por empoderar al pueblo cubano para que salga adelante y logre redefinir el futuro del país tras 57 años de absolutismo.


RUI FERREIRA
Especial
@ruiefe
Obama tenía planeado llegar a La Habana el lunes, pero adelantó el viaje para el domingo y resulta que este domingo no es un domingo cualquiera. Será Domingo de Ramos, el inicio de la Semana Santa, y no es por gusto que hay en La Habana quien piense que no es casualidad que del aeropuerto el Presidente vaya directo a la catedral de la capital cubana.
“Mucha gente piensa que es Jesús entrando en Jerusalén, que va a resolver todos los problemas de Cuba”, dice a DIARIO LAS AMÉRICAS, Enrique López Oliva, profesor de Historia de las Religiones de la Universidad de La Habana.
Coincidencias aparte, este es un viaje lleno de expectativas que solamente superan, quizá, el que en los tiempos de la Perestroika soviética realizó el expresidente Mijaíl Gorbachov como portador de profundas diferencias con el Gobierno de la isla.
Obama arriba tras un sorpresivo y rápido proceso de deshielo, teniendo en cuenta la tensión existente entre los dos países durante 54 años, que condujo a la reanudación de las relaciones diplomáticas a nivel de embajador y ha iniciado un proceso de normalización el cual, entre otras cosas, llevó al anuncio la semana pasada del levantamiento de más restricciones económicas y la liberalización de los viajes a la isla para los ciudadanos estadounidenses. Muchos analistas estiman que todo esto deja al embargo económico de Washington a la isla prácticamente encuero.
Tan pronto el Air Force One aterrice en el aeropuerto José Martí a las cinco de la tarde, Obama se dirigirá directamente a la Catedral de La Habana a saludar al cardenal Jaime Ortega y Alamino, arzobispo de la Arquidiócesis de La Habana, quien, según el asesor de seguridad nacional, Ben Rhodes, jugó un papel de mediador entre los dos gobiernos, durante las negociaciones secretas del año 2014.
“También queremos aprovechar la oportunidad para dejar claro el rol importante que la Iglesia católica tiene en la vida del pueblo cubano y en fortalecimiento de las relaciones entre los dos países”, dijo Rhodes, el miércoles pasado.
De hecho, el viaje pretende llegar a todos los estamentos de la sociedad cubana, no solo al Gobierno. Dedicado el lunes a las actividades protocolarias y conversaciones entre ambos gobiernos, el martes es el día clave en que el mandatario estadounidense intentará intercambiar con la sociedad civil cubana, o sea, hablará con la oposición al Gobierno, a donde han sido invitados rostros conocidos como la líder de las Damas de Blanco, Berta Soler, la bloguera Yoanis Sánchez, y el social demócrata Manuel Cuesta Morua, entre otros.
Como el Gobierno cubano entiende desde hace muchos años como ‘sociedad civil’ a las organizaciones no gubernamentales que gravitan a su alrededor, el mandatario también se reunirá con ellas. Es una forma que Obama tendrá de ver “una nación enfrascada en su desarrollo económico y social, en el mejoramiento del bienestar y la garantía de la completa dignidad de sus ciudadanos”, comentó el ministro cubano de Relaciones Exteriores, Bruno Rodríguez Parrilla.
Sin embargo, el momento político cumbre de la visita es el discurso al país el martes por la mañana. El Gobierno cubano ha dispuesto el Gran Teatro de La Habana para la ocasión, reinaugurado en enero, y asegurado su transmisión en la televisión estatal. Así, “cada uno se hará su opinión”, explicó Rodríguez Parrilla.
En el discurso, al cual las autoridades cubanas no han tenido acceso previo, según informan las autoridades estadounidenses, se espera que el mandatario estadounidense ofrezca su visión sobre los desencuentros entre los dos países, desde mediados del siglo pasado, y lo que espera del futuro.
“Será un discurso dirigido al pueblo cubano. Y tengamos en cuenta que cuando se dice esto, se incluye a los cubanos que viven en la isla pero también la comunidad cubanoamericana”, o sea, el exilio cubano, enfatizó Rhodes.
El viaje de Obama a Cuba es el primero de un mandatario estadounidense en casi 90 años, cuando el presidente Calvin Coolidge se apareció a bordo de un acorazado en la bahía habanera para acudir a la Conferencia Panamericana y saludar a su homólogo Gerardo Machado. Y, por supuesto, tiene una transcendencia mayor. Es una oportunidad inédita en más de 50 años de “identificar nuevos pasos que pudieran darse (…) como contribución al proceso de mejoría de las relaciones bilaterales”, dijo el canciller cubano el jueves.
Deseos, obstáculos y perspectivas
Cuando el 17 de diciembre de 2014 el presidente Barack Obama anunció el inicio del deshielo, dejó sentado que el principal interés de Estados Unidos, en términos de sociedad cubana, era llegar y desarrollar al incipiente sector privado.
Y Obama reafirmó, en una carta que envió a las Damas de Blanco la semana pasada, "entiendo a cabalidad los obstáculos que los cubanos de a pie confrontan para ejercer sus derechos" y "tal y como he hecho en el pasado, abordaré directamente estos temas con el presidente Castro".
Este lunes, el mandatario tendrá la oportunidad de conversar con decenas de nuevos empresarios cubanos que han creado sus propios negocios, desarrollado cooperativas o servicios públicos, para abordar las posibilidades de incluirlos en el intercambio comercial que se avecina entre los dos países.
En ese encuentro Obama pretende escuchar ideas sobre cómo Estados Unidos puede ser más proactivo en los esfuerzos de ayuda al incipiente sector privado.
“El Presidente hará algunos comentarios y participará en un debate con esos emprendedores para escuchar sobre su trabajo. Tengamos en cuenta que éste es un sector de la economía y la sociedad cubana extremadamente prometedor y clave en la mejoría de la calidad de vida del pueblo cubano. Y más amplio aún, la apertura comercial entre los dos países le da una oportunidad sustancial de desarrollo a este sector, no solo en oportunidades de negocios en Estados Unidos, sino en la entrega de más recursos al pueblo cubano”, enfatizó el asesor nacional de seguridad, Ben Rhodes.
Publicado en Diario Las Americas el 3.19.2016
©Rui Ferreira 2016

La visita de Obama es vista en Cuba entre esperanzas e incertidumbres

En la calle no todo está claro. La gente está especulando mucho sobre lo que pueda suceder. Algunos cubanos esperan un levantamiento del embargo económico y otros piensan que Obama solo "vendría a reunirse con un dictador"



RUI FERREIRA
Especial
@ruiefe
La visita del presidente Barack Obama a Cuba está siendo vista con una mezcla de esperanza pero a la vez con reluctancia: posturas encontradas resultantes de una cierta aprehensión motivada por la ausencia de grandes explicaciones por parte de las autoridades políticas del país.
Tras más de 55 años de enfrentamiento, el enrarecido ambiente de Guerra Fría se ha descongelado en menos de año y medio, desde que el 17 de diciembre del 2014 los dos países anunciaron la reanudación de relaciones diplomáticas a nivel de embajadores.
“(El presidente) Raúl Castro tiene que hacerlo, no dudo que lo haga. Hay que decir que Raúl ha mostrado en todo esto un mayor pragmatismo que su hermano”, dijo a DIARIO LAS AMÉRICAS el profesor universitario Enrique López Oliva, al destacar la necesidad de que la población sea informada de las interioridades y el significado político de la visita, como en 1997 lo hizo el entonces líder cubano Fidel Castro cuando la visita del papa Juan Pablo II.
Tal como ha sucedido durante todo el proceso del deshielo, los cubanos no se enteraron del anuncio de la visita en Washington por la prensa local en la mañana de este jueves, sino a través de las trasmisiones de la cadena de televisión TeleSur y el sitio web (oficial) Cubadebate. Es previsible que se enteren en los noticieros nocturnos cuando estos confirmen la visita y, quizá, difundan la rueda de prensa de la directora de Norteamérica de la cancillería local, Josefina Vidal.
“El presidente Obama cuando visite a Cuba va a ser tratado con todo respeto y toda consideración. (…) Va a ser una oportunidad importante para que él pueda tener una aproximación directa a la realidad cubana y a todo lo que hemos estado haciendo en los últimos años en nuestro país como resultado de decisiones soberanas del Gobierno de Cuba, a las cuales ha contribuido la población cubana, precisamente, para realizar las transformaciones que sean necesarias en nuestro país, dirigidas (…) a la mejoría del bienestar de la población cubana”, enfatizó la funcionaria al destacar que el dialogo entre los dos países en materia de derechos humanos es parte de los esfuerzos de una nueva relación.
Pero en la calle no todo está claro. Según aseguraron varias fuentes en la isla a DIARIO LAS AMÉRICAS, aunque la visita de Obama es vista como una especie de solución a todos los problemas que agobian a la población, con alguna esperanza, lo cierto es que existe desorientación. “La situación económica está muy difícil, los alimentos, el costo de vida, todo es cada vez más caro. La gente está especulando mucho sobre lo que pueda venir a suceder”, explicó una de las fuentes.
Desde diciembre del 2014 se ha especulado sobre una posible visita del mandatario estadounidense a la isla y, de inmediato, muchos cubanos la asociaron a un levantamiento inmediato, o por lo menos a corto plazo, del embargo económico. La gente, según constató DIARIO LAS AMÉRICAS a fines del año pasado, pese a los 55 años de enemistad oficial con el poderoso vecino del norte, sigue manteniendo una cierta admiración por Estados Unidos en parte, sin duda, por la proximidad geográfica y la fuerte presencia cubana en el sur de Florida.
“Si esto no mejora nuestra vida no sé qué es lo que la va a mejorar. Los salarios son muy bajos, hace falta abrir ya el comercio, los cubanos esperamos mucho de eso”, explicó otra fuente, quien enfatizó a la vez que el incremento de las visitas de estadounidenses al país ha disparado esas esperanzas de mejoría en lo cotidiano.
Esa esperanza también es compartida por el campo opositor, aunque las reacciones por la visita de Obama al país, el 21 y 22 de marzo, no son unánimes. Hay división, constató la agencia de noticias EFE.
Aunque líderes de tres grupos opositores coincidieron en sus deseos de que Washington siga apoyando los esfuerzos de los activistas cubanos por la “democratización de la sociedad”, no todos miran la visita con agrado e, incluso, han colocado algunas condiciones para encontrarse con el mandatario, como éste desea.
Es el caso de la líder de uno de los subgrupos en los que han quedado divididas las Damas de Blanco, Berta Soler, quien pidió a Obama que “piense bien” su visita, puesto que vendría a reunirse con “un dictador” en un país donde no “ve avances” en el tema de derechos humanos.
Para Soler, los puntos clave necesarios para que tenga lugar un encuentro “formal” con el mandatario es que Obama pida públicamente una amnistía para los presos políticos y el cese de la violencia contra los activistas.
A su vez, según EFE, el expreso político José Daniel Ferrer, que lidera la Unión Patriótica de Cuba, ve como “muy positiva” la visita de Obama y garantizó que su grupo le dedicará la “más cordial de las bienvenidas” en nombre de los “cientos de personas que en el país luchan pacíficamente por la democracia”. En su opinión, los cubanos “respetan y admiran” al presidente norteamericano, y advirtió que “las campañas antiestadounidenses del Gobierno cubano no han logrado su cometido en el pueblo”.
Una opinión parecida a la de Manuel Cuesta Morúa, del Partido Arco Progresista de Cuba, quien insistió en que si Obama decide reunirse con representantes de la disidencia enviaría “un mensaje claro” de apoyo y reafirmaría la posición de su país a favor del respeto a las libertades fundamentales y la democracia.
Es que, “esta visita va a demostrar también la enorme popularidad que Obama tiene en Cuba, mucho mayor, con distancia, que la de muchos dirigentes de la isla”, advirtió.
Publicado en Diario Las Americas el 3.19.2016
©Rui Ferreira 2016

lunes, febrero 29

“Con el retiro de Raúl Castro en 2018, se irían los de su generación”, dice Rafael Hernández


El académico dijo que aunque la ley aún no existe, los 10 años en un cargo, propuesto por el gobernante cubano, debe ser la regla que adopte la Asamblea Nacional.
LA HABANA - Rafael Hernández es un reconocido académico cubano, director de la revista ‘Temas’, considerado un especialista en cuanto a  la política de la isla hacia Estados Unidos.
En una conversación inédita que sostuvo con DIARIO LAS AMÉRICAS, Hernández dijo que “la confianza que Cuba le ha dado al Gobierno de EEUU ha sido la mayor concesión en el proceso de deshielo”, en el marco de una relación a la que él califica de “desequilibrada”, asimismo sugirió que se consulte a través de las urnas a la población cubana qué piensa sobre el futuro de la Base de Guantánamo.
Y aunque no considera inminente la necesidad de realizar una consulta electoral entre los cubanos sobre el futuro su país, aseguró que, tan pronto exista un marco legal definido por la Asamblea Nacional cubana (Parlamento), lo más probable es que Raúl Castro se retire del cargo y con él, toda su generación.
_Se supone que en 2018 Raúl Castro deje la responsabilidad que tiene actualmente, así lo dijo públicamente. ¿Es el único que se va, qué va a pasar con la vieja guardia?
 – Yo interpreto que así como al cumplir el segundo término de su mandato de cinco años, él [Raúl Castro] dice que se va, que esa vaya a ser la regla adoptada por la Asamblea Nacional en una ley que debe quedar aprobada antes del 2018. Esa ley va a determinar que todos los que hayan estado desempeñando los cargos que tienen ahora durante un tiempo como ese, también deban salir. Eso incluye no solamente a los máximos dirigentes del Buró Político, del partido, sino los ministros del Consejo de Ministros y los miembros del Consejo de Estado.
Debe haber una renovación que incluya a todos aquellos que llevan un tiempo como ese. No obstante, no todos los miembros del Consejo de Estado llevan 10 años, ni todos los ministros llevan 10 años. Pero en cualquier caso lo que la ley regule todavía está por determinarse porque la ley no ha sido promulgada, solamente sabemos acerca de la disposición personal de Raúl Castro de no participar en ningún proceso de elecciones, de no estar de acuerdo en ser candidato para un próximo término del 2018 en adelante.
_¿Sería una renovación de rostros de casi el 90%?
– Depende del tiempo que lleven en el cargo y de lo que ley establezca. En este momento solamente podemos suponer. Déjame decir algo en relación con la pregunta porque a veces hay una visión un poco soslayada sobre la realidad de la clase política cubana y su edad. El Buró Político tiene un promedio de 68 años y como se sabe son 14 miembros. El Consejo de Ministros, sin embargo, tiene un promedio de edad de 58 años. Eso que algunos autores llaman la edad de la generación perdida. Hay un distinguido escritor cubano, mi amigo Leonardo Padura, que llama a su generación los que tienen ahora 59, 60, les llama la generación oculta, porque esa generación no llegó a tener la posibilidad de estar en el liderazgo porque eran muy viejos ahora y antes muy jóvenes. Pero la verdad es que si uno mira la edad promedio del Comité Central del partido actual y la edad promedio del Consejo de Ministros actual, verá que está compuesto por esa generación que mi amigo Padura llama la generación oculta, que no ha accedido al poder. Depende de la generación de que uno habla. Cuando se habla de nuestra generación se habla de la gente que uno conoce. La edad promedio de los secretarios del partido comunista en las provincias es de 46 años. Es decir ¿dónde están aquellos dirigentes que van a relevar la generación de Raúl Castro en el 2018? Basta con mirar a quienes dirigen el partido en las provincias, basta con mirar a los presidentes de las asambleas provinciales del Poder Popular [Asamblea Nacional], que la mitad de los cuadros por cierto son mujeres, de las 15 provincias de Cuba. Entre esas 15 provincias, una tercera parte está dirigida por secretarios del partido que son mujeres y, repito su edad promedio es de 46 años.
_Se acaba de cumplir un año del restablecimiento de relaciones con Estados Unidos. ¿Cómo ha sido este año, qué se ha avanzado y qué no, cuál ha sido el impacto en Cuba?
Lo que ocurre entre Cuba y los Estados Unidos es, como siempre, la historia del vaso medio vacío y medio lleno, uno puede mirar lo que le falta al vaso. Al vaso le faltan cosas, le falta la eliminación del embargo que sigue siendo un bloque en el centro de las relaciones, que impide que se estrechen relaciones comerciales, financieras, etcétera, con todo lo que eso implica no solo para las empresas sino para las personas, para los cubanos de Cuba y para los cubanos de Estados Unidos, para los actores de la sociedad civil en Cuba y Estados Unidos, todo eso pasa por que se levante, se disminuya, se alivie y tienda a desaparecer el bloqueo económico.
Tenemos la Base Naval de Guantánamo, mientras haya una base naval en contra del deseo de la mayor parte de la gente, y lo más fácil sería hacer en este país un plebiscito para pronunciarse sobre la Base Naval de Guantánamo. Si alguien quiere apostar que menos del 90% de los cubanos van a estar a favor de que quiten la base naval de Guantánamo yo estoy listo a apostar con ese que piense así, no importa cuales sean sus ideas políticas. Eso está ahí presente. Son las dos grandes diferencias pendientes en esta historia.
Por otro lado no hay que subestimar de cómo el vaso se ha ido llenando. Ha habido una febril cooperación diplomática que involucra a áreas tales como seguridad, inmigración, intercepción de narcotráfico, sobre las cuales ya existía un progreso, ambas partes ya se entendían, sino que ahora hay avances en otras aéreas importantes como el medio ambiente, protección de las áreas marítimas a partir de la construcción de cartas hidrográficas así como la contención de derrames de petróleo en la áreas profundas, porque Cuba está explorando en el Golfo de México. Se avanzan en áreas que tienen que ver con el medio ambiente, con el imperio de la ley, la aplicación de las leyes de los dos lados. Eso implica cosas tales como acuerdos para evitar el fraude migratorio, la falsificación de pasaportes y documentos, acuerdo para la aplicación de ley relacionada con el tráfico de personas sobre los cuales se ha cooperado antes pero no existía un acuerdo. Ahora se trabaja en eso y ambas partes encuentran un territorio común para preservar la ley y a mí eso me parece clave. Todo lo que tenga que ver con la ley, con acuerdos formales  entre los dos países, crea un marco de estabilidad, que es fundamental para una relación que ha estado antes caracterizada por la desconfianza, celo y hostilidad. Y que ahora, a partir del 17 de diciembre del 2014, tiende a moverse hacia la construcción de un espacio de confianza mutua, gradual progresivo, sin eso no es posible cooperar. Porque uno no coopera con quien no tiene confianza. De modo todo lo que se ha avanzado en ese sentido, pasar del diálogo a la negociación, de la negociación a la cooperación y de la cooperación a construir espacios comunes donde ambas partes puedan tener una alianza para enfrentar problemas comunes.
Esa palabra alianza puede sonar muy rara entre dos países que tienen sistemas políticos diferentes como Estados Unidos y Cuba. Pero si uno mira la manera en como los vietnamitas y los chinos definen su relación con Estados Unidos, verá que en esas relaciones se habla de alianzas para combatir problemas comunes, entre los cuales está el terrorismo, la protección del medio ambiente. Es decir, Cuba engancha perfectamente en esas relaciones constructivas que Estados Unidos tiene con otros países y que no es lo que caracteriza básicamente las relaciones con otros países, incluso en esta región, porque paradójicamente Cuba y Estados Unidos se llevan bien en materia migratoria, con el único problema que es la ley de ajuste cubano que crea un estatus privilegiado para los cubanos, pero no sabemos cuánto va a durar, probablemente no dure mucho porque tiene muchos enemigos de un lado y de otro. Si uno mira cooperación en materia migratoria y de narcotráfico, uno mira que Estados Unidos tiene eso como dos puntos calientes, controversiales, polémicos en sus relaciones con muchos países al sur, empezando por su aliado, México.
_Hay mucha gente en EEUU que cree que en estos 18 meses de conversaciones, Estados Unidos le dio mucho a Cuba y Cuba no le dio nada a EEUU.
Si uno ve lo que pasó en la última Cumbre de las Américas en Panamá, verá el respeto con el cual el presidente de Cuba dialogó con el presidente de EEUU, verá que hay una diferencia entre eso y muchos otros países de la región. Es decir, el tono actual de las relaciones es de cooperación y entendimiento, y para eso hace falta que las dos partes participen. Eso no lo hace una sola parte, sino las dos, porque para bailar ese tango hacen falta dos. Para sentarse a conversar sobre temas como derechos humanos, que es un tema sensible como todos los que tocan la sensibilidad de la cuestión de la soberanía cubana, que es un valor central de la política cubana. En torno a los derechos humanos, la colaboración de seguridad, estamos hablando de temas de alta sensibilidad para Cuba.
Lo que Cuba le ha dado a EEUU es la confianza de que esta vez cuando se sientan a hablar de acuerdos sobre seguridad y la aplicación de la ley, Cuba sabe que EEUU va a cumplir. Y esa entrega de confianza tiene un valor altísimo si uno mira lo que ha sido en el pasado la experiencia cubana lidiando con EEUU. Este Gobierno cubano ha confiado en el Gobierno de EEUU para sentarse a conversar. EEUU pidió que en el intercambio de prisioneros tuvieran no solamente a Alan Gross, sino que estuvieran involucradas otras personas sobre las cuales EEUU tenía un interés particular y el Gobierno cubano estuvo dispuesto a hacerlo.
O sea, el Gobierno cubano está actuando con buena voluntad. Esto es una negociación entre un grande y un chiquito,  en la que el grande tiene muchas más cosas de su parte que el chiquito y como se trata de una diferencia de escala, de una diferencia acumulada de acciones de hostilidad, Cuba no tiene nada que darle a EEUU a cambio del bloqueo. Sí tiene posibilidades de decir, y lo ha hecho ya, que estamos dispuestos a conversas sobre compensación de nacionalizaciones. En el contexto de la negociación del levantamiento del bloqueo, Cuba siempre ha estado en la posición de negociar la compensación y reclamaciones de ambas partes de acuerdo con la ley cubana. Cumplir la ley y atenerse a eso. Creo que eso es muy importante.
Ahora, Cuba no puede quitar una base naval que tiene EEUU. La fórmula de ¿qué me vas a dar a cambio de Guantánamo? Es una fórmula espuria del derecho internacional, tan espurio como es el tratado de 1934 en cuyos términos EEUU tendría el derecho de ocupar esa parte del territorio cubano para siempre. Eso es tan absurdo en términos internacionales, como si para las dos partes el tratado no tiene plazo, no tiene fecha de vencimiento. Hay maneras de resolver eso. ¿Qué le dio Panamá a EEUU para negociar el canal? ¿Qué le dio China a Portugal para negociar Macao o qué le dio China a Inglaterra para negociar Hong Kong? ¿Qué intercambio puede haber entre un país que tiene una base militar en otro con relación al interés de ése país? Si le preguntáramos a través de un plebiscito a la población cubana, seguramente votará a favor de que se termine ese tratado. Se puede acabar con eso transitoriamente, durante 20 años Cuba y EEUU van a administrar ese territorio dedicándolo a una plataforma de exportaciones, de free trade, que no es un invento comunista, dedicarlo a una estación de protección del medio ambiente. Dedicarlo a un lugar donde puedan existir escuelas de medicina, de formación de maestros que sirven a los intereses de los países de la Cuenca del Caribe, incluyendo EEUU. Usar la base como una prisión o centro de detención de indocumentados es una violación de la letra, no solo del espíritu, del tratado de 1934. Se trataría de acordar un nuevo documento que permita que a lo largo de los próximos 20 años EEUU y Cuba vuelvan a cooperar donde ha habido una base naval.
_¿Pero no sería más importante un plebiscito sobre el futuro de Cuba?
El futuro de Cuba es algo menos concreto que una base militar dentro del perímetro de un territorio. En este momento hay un proceso de cambios. Ese proceso de cambios, sus leyes, sus planes económicos, las nuevas regulaciones de ese proceso de cambios son discutidos por la mayoría de la población. Ese proceso se está llevando a cabo de una manera mucho más participativa de lo que propone o promulga una ley en EEUU. Es la población que participa directamente. La declaración de los lineamientos económicos fue discutida por más de 3 millones de personas. Una parte sustancial fue modificada durante todo ese proceso.
© Rui Ferreira 2016
Publicado en Diario Las Américas 02.29.2016

viernes, febrero 26

Ostía... Dick Cheney haciendo negocios con Cuba

La notícia es sorprendente. Halliburton, la empresa dirigida por el vice republicano Dick Cheney se ha asociado con Cuba en la explotación del petróleo en Angola. Pues ahora el Tesoro le ha caído arriba. Lo tiene claro el Diario Las Américas. 




lunes, febrero 22

Obama a Cuba: la “guerra” se ha acabado

El viaje en marzo de Barack Obama a Cuba es de aquel tipo de gestos políticos que todo presidente anhela en cualquier momento de su mandato. Richard Nixon lo tuvo en 1969 cuando fue a Beijing y en 1973 cuando desembarcó en Moscú. Después de todo, el viaje – y la normalización de relaciones – quedará para siempre como un legado del primer presidente afroamericano y no tiene ya marcha atrás.

Pero en este caso adquiere una dimensión particular porque Obama parece que ha querido dejar bien puntualizado que su visita debe ser el inicio de una profundización de los lazos bilaterales y para Estados Unidos es la evolución natural de una política de buena vecindad que el mandatario ha implantado, muy discretamente, desde que llegó a la Casa Blanca el año 2009. Primero México, después Centroamérica, El Caribe, Venezuela y el Cono Sur. Cuba era la última asignatura regional pendiente.

Pues, ¿qué busca Obama en La Habana? Varias cosas. En primer lugar, tranquilidad. Las relaciones modernas entre los dos países se han caracterizado siempre por una enemistad y retórica política, aunque no necesariamente por parte del pueblo. En estos casi 60 años de comunismo en la isla, el vecino del norte nunca han dejado de ser popular entre los cubanos, y esta visita – han dicho varios asesores de su entorno en los últimos días – es una forma de asegurar al Gobierno cubano de que Estados Unidos confía en su palabra para asumir los acuerdos alcanzados. Es también un modo de afianzar que Washington está dispuesto a facilitar la reconstrucción de la mayor isla del Caribe y quiere ser un protagonista de esa evolución.

Pero es también una forma de garantizar una relación pacífica con el resto del continente, la mayoría de cuyos gobiernos en los últimos 15 años tuvieron la tendencia de alinearse con la isla en contra de las políticas de Washington. Y, por carambola, al desembarcar en el aeropuerto José Martí estará mostrando de que la animosidad es cosa del pasado pero las críticas no han desaparecido.

Obama sabe bien que Cuba tiene un historial de irrespeto por los derechos humanos y por ello ha solicitado reunirse con la ‘sociedad civil’. Entiéndase que en este caso no se refiere a las llamadas organizaciones de masas que se mueven en la órbita del Gobierno, sino a los opositores. Fue, de hecho una de sus condiciones cuando en diciembre dio claramente a entender que quería viajar a Cuba. La duda es ¿con qué opositores se reunirá? ¿Quedarán de fuera aquellos que han criticado severamente la aproximación entre los dos países o estarán todos?

La reanudación de relaciones es, y quizá un punto importante que el mandatario quiere dejar claro, un cambio radical en el relacionamiento común. Ahora las cosas son de Estado a Estado y, de cierta forma, la oposición ha quedado en la cuerda floja. No es que el tema de los derechos humanos y políticos haya quedado apartado, sino que para Estados Unidos es más importante su influencia en la isla y en su futuro.

Al contrario de otros tipos de aproximaciones como esta, el viaje de Obama no es la antesala del desembarco de los empresarios e inversionistas, estos hace meses que están volando y iniciando contactos de negocios, sino la confirmación a las autoridades y al pueblo cubanos de que la administración no va a colocarles problemas. Hay cosas que aunque sean evidentes necesitan de un gesto público.

Pero el viaje de Obama también encierra otra valoración que el presidente como viejo activista social sabe que es capital. El viaje es, y no subliminalmente, la confirmación oficial de que la política de aislamiento de cinco décadas no ha dado resultado y quiere que el pueblo cubano entienda que esa es la percepción en Washington. Los cubanos y estadounidenses se conocen bien, de hecho nunca dejaron de conversar en público o privado, pero un viaje presidencial es la forma de sellar ese pacto. De reforzar esa percepción.

Un detalle interesante. Todavía no se conoce el programa de la visita. Pero se sabe que el mandatario quiere viajar a Santiago de Cuba y de ahí al Santuario de la Virgen de la Caridad del Cobre, una peregrinación que le entra directo a corazón de los cubanos. Las conversaciones con el presidente Raúl Castro y el Gobierno serán importantes pero esta visita no es para eso, sino para decirles a los cubanos que la ‘guerra’ se ha acabado y no volverá a existir.

A su vez, tampoco resolverá los mayores escollos, que son el embargo comercial a la isla, la existencia de la ley de Ajuste Cubano o la devolución de la Base de Guantánamo. Los dos primeros dependen del congreso donde, al parecer, el mandatario todavía no cuenta con el apoyo necesario. Pero el tercero se resuelve apenas con conversaciones técnicas porque la marina estadounidense se encuentra en esa región del sudeste cubano en virtud de un acuerdo bilateral que hasta ahora no ha sido repudiado. Criticado, pero no anulado.


“Sabemos que los cambios no serán de un día para el otro, pero hay que comenzar”, dicen los asesores de Obama. Y a eso va el presidente a la isla, a influenciar unos cambios y jamás lo haría si no creyera en que son posibles sino inevitables.

© Rui Ferreira 2016
Versión original de lo publicado en Diario Las Américas. 02.22.2016

sábado, febrero 20

Obama: Visita a Cuba abre “nuevo capítulo” en relaciones bilaterales


WASHINGTON - El presidente Barack Obama dijo el sábado que su visita a la isla comunista de Cuba en marzo “abre un nuevo capítulo” en las relaciones bilaterales y es la mejor manera de “promover los intereses y valores estadounidenses” y ayudar al pueblo cubano.
“Buenos Días, a todo el mundo. Esta semana, lo hemos anunciado oficialmente, voy a Cuba”, declaró el presidente estadounidense en su alocución radial semanal.
La visita prevista para el 21 y el 22 de febrero reviste carácter histórico, pues el último presidente de Estados Unidos en visitar Cuba durante su mandato fue Calvin Coolidge, en 1928. 
El viaje apunta a “comenzar un nuevo capítulo en nuestro relacionamiento con el pueblo de Cuba”, dijo Obama.
“Creo que la mejor manera de promover los intereses y valores estadounidenses, y la mejor manera de ayudar al pueblo cubano a mejorar su vida, es a través del compromiso, mediante la normalización de las relaciones entre nuestros gobiernos y el aumento de los contactos entre nuestros pueblos”, consideró el mandatario. 
De todas formas, Obama destacó que “el cambio no vendrá a Cuba del día a la noche”, ya que si la isla “se abre más, significarán más oportunidades y recursos para los cubanos de a pie”.
Desde que llegó a la presidencia, Obama ha argumentado que el compromiso haría más por cambiar a Cuba que medio siglo de embargos y aislamiento impuesto por anteriores gobiernos.
En diciembre de 2014, Obama anunció que había participado con el gobernante Raúl Castro de conversaciones secretas para un acercamiento. Las relaciones diplomáticas se restablecieron formalmente en julio de 2015. (AFP)

Read more here: http://www.elnuevoherald.com/noticias/mundo/america-latina/cuba-es/article61475797.html#storylink=cpy

viernes, febrero 19

President Obama is going to Cuba. Here’s why:

by Deputy National Security Advisor Ben Rhodes

Cuba is only 90 miles from Florida, but for a long time the distance between our two countries seemed a lot greater.

For more than fifty years, the United States pursued a policy of isolating and pressuring Cuba. While the policy was rooted in the context of the Cold War, our efforts continued long after the rest of the world had changed.

Put simply, U.S. Cuba policy wasn’t working and was well beyond its expiration date. Cuba’s political system did not change.

The United States was isolated within our own hemisphere — and in the wider world — which disagreed with our approach.  Most importantly, our policy was not making life better for the Cuban people — and in many ways, it was making it worse.  

So in 2014, President Obama changed course. And on March 21–22, President Obama and the First Lady will visit Havana, Cuba.

He will be the first American President since Calvin Coolidge in 1928 to visit Cuba; President Coolidge traveled to Cuba on a U.S. battleship, so this will be a very different kind of visit.

Here’s how we got here:

Early in the Obama administration, we made it easier for Cuban-Americans to travel and send remittances to Cuba — because the President believed that Cuban-Americans are our best ambassadors to the Cuban people.

We later pursued many months of secret negotiations hosted by the Canadian government and supported by Pope Francis and the Vatican. And on December 17, 2014, President Obama announced — along with President Raul Castro of Cuba — that the United States and Cuba would begin a new chapter and take steps to normalize relations.

Since then, we have made progress in opening up relations between our two countries. Last summer, we restored diplomatic relations and Secretary of State John Kerry traveled to Cuba to raise the American flag over our Embassy. This enhanced diplomatic presence makes it much easier for the United States to advance our interests and values in Cuba, as we do in countries around the world. We’ve been able to engage Cubans from all walks of life. We’ve facilitated visits to Cuba by U.S. lawmakers, businesses, and academics. Changes in U.S. policies and regulations have allowed for greater travel and commerce between our countries. In fact, over this period, the number of authorized American visitors to Cuba has gone up by 54 percent, enabling increased people-to-people engagement. This will continue to increase, as earlier this week, the United States and Cuban governments reached an agreement that will restore direct flights between our countries for the first time in over 50 years — a change that will allow up to 110 direct flights to Cuba from the United States each day.

We’ve already seen indications of how increased engagement can improve the lives of the Cuban people. Cuba’s nascent private sector — from restaurant owners to shopkeepers — has benefited from increased travel from the American people. Increased remittances to Cuba from the United States has helped Cuban families. Openings for American companies also hold the potential of improving the lives of ordinary Cubans — for instance, American companies will be enabling travelers to stay in Cuban homes and setting up a factory that will provide equipment for farmers. The Cuban government has taken some steps to fulfill its commitment to expand access to the Internet, expanding wireless hotspots and announcing an initial broadband connection. These are steps that should be built upon to increase connectivity to the wider world and access to information for the Cuban people.

Still, this progress is insufficient. There is much more that can be done — by the United States, and by the Cuban government — to advance this opening in ways that will be good for Cubans, and good for the United States. That is why President Obama is traveling to Cuba. We want to open up more opportunities for U.S. businesses and travelers to engage with Cuba, and we want the Cuban government to open up more opportunities for its people to benefit from that engagement. Ultimately, we believe that Congress should lift an embargo that is not to advancing the Cuban people’s individual well-being and human rights, and remove onerous restrictions that aim to dictate to Americans where they can and cannot travel.

Even as we pursue normalization, we’ve made clear that we will continue to have serious differences with the Cuban government — particularly on human rights. While Cuba released Alan Gross, a number of political prisoners and recently hosted the head of the International Committee of the Red Cross, we continue to oppose and speak out against restrictions on rights like freedom of speech and assembly — and space for independent civil society — that the United States supports around the world. While we do not seek to impose change on Cuba, we strongly believe that Cuba will benefit when the Cuban people can exercise their universal rights. President Obama has raised these issues in his discussions with President Castro, and will continue to do so.

As the President has said, Cuba will not change overnight, nor will all of the various differences between our countries go away. But the guiding principle of our Cuba policy — our North Star — remains taking steps that will improve the lives of the Cuban people.

That will be the President’s message on his trip — where he’ll have the opportunity to meet with President Castro, and with Cuban civil society and people from different walks of life. Yes, we have a complicated and difficult history. But we need not be defined by it. Indeed, the extraordinary success of the Cuban-American community demonstrates that when we engage Cuba, it is not simply foreign policy — for many Americans, it’s family.

Our opening to Cuba has also created new possibilities for the United States in Latin America — a region that used to uniformly oppose our Cuba policy, and which now welcomes our new beginning.

We have worked with Cuba and other countries to support President Santos and the Colombian people as they are pursuing an end to a decades-long civil war. Following the President’s trip to Cuba, he and the First Lady will travel to Argentina — a country with a new President who wants to begin a new chapter of improved relations with the United States.


This is yet another indication that the future is bright for the United States in our own hemisphere.