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lunes, febrero 22

Obama a Cuba: la “guerra” se ha acabado

El viaje en marzo de Barack Obama a Cuba es de aquel tipo de gestos políticos que todo presidente anhela en cualquier momento de su mandato. Richard Nixon lo tuvo en 1969 cuando fue a Beijing y en 1973 cuando desembarcó en Moscú. Después de todo, el viaje – y la normalización de relaciones – quedará para siempre como un legado del primer presidente afroamericano y no tiene ya marcha atrás.

Pero en este caso adquiere una dimensión particular porque Obama parece que ha querido dejar bien puntualizado que su visita debe ser el inicio de una profundización de los lazos bilaterales y para Estados Unidos es la evolución natural de una política de buena vecindad que el mandatario ha implantado, muy discretamente, desde que llegó a la Casa Blanca el año 2009. Primero México, después Centroamérica, El Caribe, Venezuela y el Cono Sur. Cuba era la última asignatura regional pendiente.

Pues, ¿qué busca Obama en La Habana? Varias cosas. En primer lugar, tranquilidad. Las relaciones modernas entre los dos países se han caracterizado siempre por una enemistad y retórica política, aunque no necesariamente por parte del pueblo. En estos casi 60 años de comunismo en la isla, el vecino del norte nunca han dejado de ser popular entre los cubanos, y esta visita – han dicho varios asesores de su entorno en los últimos días – es una forma de asegurar al Gobierno cubano de que Estados Unidos confía en su palabra para asumir los acuerdos alcanzados. Es también un modo de afianzar que Washington está dispuesto a facilitar la reconstrucción de la mayor isla del Caribe y quiere ser un protagonista de esa evolución.

Pero es también una forma de garantizar una relación pacífica con el resto del continente, la mayoría de cuyos gobiernos en los últimos 15 años tuvieron la tendencia de alinearse con la isla en contra de las políticas de Washington. Y, por carambola, al desembarcar en el aeropuerto José Martí estará mostrando de que la animosidad es cosa del pasado pero las críticas no han desaparecido.

Obama sabe bien que Cuba tiene un historial de irrespeto por los derechos humanos y por ello ha solicitado reunirse con la ‘sociedad civil’. Entiéndase que en este caso no se refiere a las llamadas organizaciones de masas que se mueven en la órbita del Gobierno, sino a los opositores. Fue, de hecho una de sus condiciones cuando en diciembre dio claramente a entender que quería viajar a Cuba. La duda es ¿con qué opositores se reunirá? ¿Quedarán de fuera aquellos que han criticado severamente la aproximación entre los dos países o estarán todos?

La reanudación de relaciones es, y quizá un punto importante que el mandatario quiere dejar claro, un cambio radical en el relacionamiento común. Ahora las cosas son de Estado a Estado y, de cierta forma, la oposición ha quedado en la cuerda floja. No es que el tema de los derechos humanos y políticos haya quedado apartado, sino que para Estados Unidos es más importante su influencia en la isla y en su futuro.

Al contrario de otros tipos de aproximaciones como esta, el viaje de Obama no es la antesala del desembarco de los empresarios e inversionistas, estos hace meses que están volando y iniciando contactos de negocios, sino la confirmación a las autoridades y al pueblo cubanos de que la administración no va a colocarles problemas. Hay cosas que aunque sean evidentes necesitan de un gesto público.

Pero el viaje de Obama también encierra otra valoración que el presidente como viejo activista social sabe que es capital. El viaje es, y no subliminalmente, la confirmación oficial de que la política de aislamiento de cinco décadas no ha dado resultado y quiere que el pueblo cubano entienda que esa es la percepción en Washington. Los cubanos y estadounidenses se conocen bien, de hecho nunca dejaron de conversar en público o privado, pero un viaje presidencial es la forma de sellar ese pacto. De reforzar esa percepción.

Un detalle interesante. Todavía no se conoce el programa de la visita. Pero se sabe que el mandatario quiere viajar a Santiago de Cuba y de ahí al Santuario de la Virgen de la Caridad del Cobre, una peregrinación que le entra directo a corazón de los cubanos. Las conversaciones con el presidente Raúl Castro y el Gobierno serán importantes pero esta visita no es para eso, sino para decirles a los cubanos que la ‘guerra’ se ha acabado y no volverá a existir.

A su vez, tampoco resolverá los mayores escollos, que son el embargo comercial a la isla, la existencia de la ley de Ajuste Cubano o la devolución de la Base de Guantánamo. Los dos primeros dependen del congreso donde, al parecer, el mandatario todavía no cuenta con el apoyo necesario. Pero el tercero se resuelve apenas con conversaciones técnicas porque la marina estadounidense se encuentra en esa región del sudeste cubano en virtud de un acuerdo bilateral que hasta ahora no ha sido repudiado. Criticado, pero no anulado.


“Sabemos que los cambios no serán de un día para el otro, pero hay que comenzar”, dicen los asesores de Obama. Y a eso va el presidente a la isla, a influenciar unos cambios y jamás lo haría si no creyera en que son posibles sino inevitables.

© Rui Ferreira 2016
Versión original de lo publicado en Diario Las Américas. 02.22.2016

domingo, marzo 17

Imposibilidades

El médico español de Fidel y Chávez: 'Inocular un cáncer raya lo imposible' vía

lunes, febrero 25

Raúl Castro deixará o poder em 2018


Carlos Abreu (EXPRESSO.pt)com agências
O Presidente cubano Raúl Castro anunciou ontem, durante a tomada de posse para um segundo mandato de cinco anos, que em 2018, aos 86 anos, deixará o poder. Castro confirmou ainda que serão introduzidos na Constituição limitações ao exercício de cargos políticos.
"No meu caso, independentemente da data em que se altere a Constituição, este será o último mandato", afirmou Raúl Castro, de 81 anos (faz 82 a 3 de junho), no discurso que proferiu na Assembleia Nacional do Poder Popular.
O irmão mais novo e sucessor de Fidel Castro destacou ainda a eleição de Miguel Díaz-Canel (ver relacionados), como número dois do Estado cubano, que para além de assumir a primeira vice-presidência do Conselho de Estado (órgão máximo do Executivo cubano) será ainda vice-presidente do Conselho de Ministros.
"Devemos garantir na cúpula do poder estatal e governamental a unidade executiva frente a qualquer contingência como o desaparecimento do dirigente máximo, por forma a preservar-se, sem interrupções de nenhum tipo, a continuidade e a estabilidade da nação", afirmou Raúl Castro.
O Presidente cubano disse que esta decisão reveste-se de "especial transcendência histórica" e "representa um passo definitivo na configuração de futura liderança do país, mediante a transferência paulatina e ordenada dos principais cargos para as novas gerações".
Segundo Raúl Castro, este processo deverá concretizar-se durante os próximos cinco anos. Quando estiver concluído, a Constituição limitará os principais cargos políticos do país a um máximo de dois mandatos consecutivos de cinco anos e estabelecerá idades máximas para o seu exercício.
A limitação ao exercício de cargos públicos foi proposta por Raúl Castro no VI Congresso do Partido Comunista Cubano em abril de 2011.
Raúl Castro foi nomeado formalmente Presidente de Cuba em fevereiro de 2008, dois anos depois de ter assumido interinamente a chefia do Estado, ao substituir o seu irmão Fidel Castro, quando este, por doença, lhe delegou o poder em 2006.

© EXPRESSO 2013

sábado, febrero 23

Gremlins en el olvido




Mayo 23 de 2001. Día en que vi la primera luz en el túnel del analfabetismo de la computación.
Archívese en una memoria o disco compacto. Esto ocurrió a las 4:32 de la tarde.
Doy fe: me siento como el primer día en que fui a clase en mi vida…
Fidel Castro Ruz

Por Norberto Fuentes

Las líneas anteriores aparecen en el sitio CUBADEBATE (21/02/13). Aparece en una de esas descargas empalagosas que la compañera Katiuska Blanco produce sin miramientos y de alguna manera convencida de que la línea de producción de alabanzas tiene reservas inagotables. Pero como se trata de establecer una nimiedad como un hecho histórico trascendente, y ya que estamos tan apegados al registro fiel de los hechos, debo recordarle algo a Fidel. Y atiende, Katiuskita, para que aprendas. Su primera clase de edición de textos en una computadora se la dio, nada más y nada menos, que un premio Nobel de literatura, el mentado Gabriel García Márquez. Esto ocurrió a las 6.30 PM (minutos más, minutos menos) del 1 de enero de 1987. Es decir, exactamente 14 años, 2 meses y 22 días antes de la fecha que invocan. Ambos. Los testigos fueron: Armando Hart, ministro de Cultura; Antonio Núñez Jiménez, fiel aide-de-camp de los primeros tiempos de la Revolución; Joel Max Marambio, empresario cubano-chileno con acceso VIP a la corte, y Norberto Fuentes, un servidor. Domingo Mainé, el jefe de la escolta, se quedó recostado al dintel de la puerta, dispuesto como siempre a ametrallarnos con su Stechkin APS (Avtomaticheskiy Pistolet Stetchkina) de 20 tiros al más mínimo movimiento sospechoso —el premio Nobel de literatura incluido, que en eso sí no había contemplaciones ni titubeos. La sesión pedagógica de Gabo comenzó porque hubo una conversación sobre computadoras y edición de textos en la sala de su casa, es decir, la residencia que le asignó el gobierno cubano en perpetuidad y que había pertenecido a Ramón Crusellas, el zar cubano de los dentífricos, jabones y detergentes. (Una angustia recurrente me asaltaba cada vez que me presentaba en esa casa: la de una marea de espuma rosada que me tragara vivo al abrirse la puerta.) Las computadoras. Tal el tema favorito de Gabo y mío por aquella época, en la que —según mi información— éramos los únicos dos escritores en posesión de tales artilugios en La Habana, él con una Apple, y yo con una PC. Y parece que estábamos cansando a Fidel con el asunto. Así que preguntó: “¿Qué es eso de las computadoras, chico? Ya tengo curiosidad”. Por lo que Gabo lo invitó rápidamente a ver su Apple Macintosh, que tenía en un oscuro despacho preparado en lo que quizá haya sido un amplio closet para los abrigos de los visitantes —¿abrigos en Cuba?— adjunto al recibidor, a la izquierda según se entraba en la casa. Hacia allá fuimos los hombres. Las mujeres se quedaron en los mullidos sofás de la sala, a saber, Mercedes Barcha, mujer de Gabo; Lupe Véliz, mujer de Núñez Jiménez, y Carmen Balcells, todopoderosa agente literaria de Gabo. Gabo prendió la Apple, que —desde luego— era de aquellos modelos iniciales con una pantalla parecida a una claraboya y le cedió a Fidel la única silla que había en el lugar y Fidel, con gesto expectante como si acabara de ocupar el sillín de una nave Soyuz antes del conteo regresivo, preguntó que qué se hacía a continuación. “Bueno, Fidel —dijo Gabo—, igualito que una máquina de escribir. Tú escribe en ese teclado y en vez de salirte en una hoja de papel, lo que escribas te sale en esta pantalla”. El cursor verde de la Apple blinqueaba, aterrador, amenazante, sobre el fondo negro de la galaxia cibernética, insondable y silenciosa, de la máquina de Gabo. Entonces Fidel sacó ese dedo índice que se gasta, terminado en unas uñas cortadas en punta, y con la delicadeza de una señorita acabada de hacerse la manicure, escribió por primera vez en la historia de la humanidad —humanidad que es él mismo, me refiero— en el teclado de una computadora. ¿Debo decir pulsó? ¿Qué pulsó cinco veces? ¿Sobre cinco teclas diferentes? Sus acompañantes, con la respiración contenida, esperábamos como en posición de atención a sus espaldas. Gabo, de pie, a su izquierda, hacía gala de una amorosa paciencia. Y la palabra apareció en pantalla. Un sustantivo. Un nombre propio. Pero que inició en minúsculas porque Gabo aún no le había explicado el arte de oprimir CAPS LOCK para levantar un carácter a su categoría de mayúscula. Fidel Alejandro Castro Ruz se quedó mirando, satisfecho, su primera obra en la esfera del universo digital. Y ya ustedes saben lo que escribió.

f i d e l _

Y ahí el cursor se quedó blinqueando después de la ele durante todo el rato de la contemplación, Vino, en consecuencia, la pregunta. “¿Y ahora que pasa, Grabriel?” Y la respuesta también lógica pero en tono extrañamente paternal de Gabo hacia Fidel, no pedagógico, no de amigos, sino paternal. “Ahora, Fidel, eso tú lo mandas para el impresor y así lo garantizas en papel. O lo guardas en la memoria y después regresas y trabajas el texto”. Uno no entendía qué otra cosa había que agregarle a aquel texto. Bueno, sí, ponerle la cabrona mayúscula. Satisfecha la curiosidad del comandante, regresamos a la sala y seguimos enfrascados en temas de mayor importancia para el desarrollo de la revolución mundial. Pero no dejamos registro para la historia de aquella primera incursión cibernética de Fidel. Me refiero a que no conservamos copia dura. Y me perdonas, Kastiuska. Y usted, Comandante. Un poco ridículo eso, Fidel, de “archívese en una memoria…” Es como si de verdad considerara que usted debe moverse con un team de escribas —o notarios, póngase por caso— a su alrededor, que levantan acuciosas actas de cuanta cosa se le ocurra en su existencia. Porque a fuerza de ser justos, compañeros, ¡miren que uno quema tiempo de su vida en boberías!

De este episodio hay más, desde luego. Pero han de esperar hasta Peligros de la memoria.

© Norberto Fuentes 2013

viernes, febrero 22

Ui... que Raúl está hablando de retiro

Y listo, se ha armado el corre-corre. Tan pronto Raúl Castro menciona la palabra "retiro" y la adoba llamando la atención para un discurso el domingo, ya comenzaron las especulaciones. Hay gente que se le ocurrió de inmediato el caso de B16, pero señores pónganse la pilas que Raúl no es B16. Los esqueletos que tenga en el armario es lo que menos preocupado lo puede tener. Ahora en Miami ya la radio comenzó a temer que el hombre se vaya. Pero, ¿no es que querían que se fuera? Y yo que esperaba un fin de semana tranquilo, entretenido con la boda de un amigo.

lunes, febrero 18

Una cuestión de sagacidad


El regreso de Hugo Chávez a Caracas ha sorprendido a muchos. Su estancia en Cuba siempre fue objecto de especulaciones, en gran parte por culpa del Gobierno que nunca fue transparente sobre el asunto. A estas horas todavía no se sabe públicamente dónde tiene el cáncer ni hay una información fidedigna sobre su estado de salud real.

Era de esperarse.

No tanto porque el Gobierno venezolanos pueda ocultar la realidad, que eventualmente terminará por salir a flote y no através de fuentes "confidenciales" que se limitan a tupir medios europeos con análisis de Startfor como si fueran suyos. Sino porque los dirigentes 'chavistas' nunca se caracterizaron por un comportamiento político propio y han asumido hábitos que no son suyos. Y son alumnos malos. Me explico: Fidel Castro se puede dar al lujo de cerrar toda información sobre su enfermedad, pero Chávez, nunca entendió como eso se hace.

Desde el minuto cero de su enfermedad, Fidel adoptó la política de dos pesos y dos medidas. Por un lado, decretó "secreto de estado" sobre su enfermedad. Por otro, nunca ocultó los detalles a sus amigos, con la seguridad de que, con sabiduría y discreción, sabían como manejar esa información. Es una de las razones porque no hay grandes preocupaciones sobre el estado actual de Fidel.

En Miami siempre se supo el estado real de Fidel, incluso desde la misma semana en que fue operado. Y se enteró gente que no tiene porqué simpatizar con el enfermo pero a los cubanos en Miami se les privó de saber realmente como le iban las cosas al enfermo. No en La Habana, en Miami.  O sea, que por él no quedó. ¿No me digan que no fue tremenda maniobra política? Por eso, lo que sucede alrededor de Chávez ahora no es solo la consecuencia de ser un mal alumno sino de una falta de sagacidad política que en La Habana nunca ha faltado.

Lo más interesante de todo, no es que la oposición a Chávez no tenga ni idea de como le va. Lo más interesante es que los 'chavistas' tampoco. Chávez ni en los amigos confía.

El estigma existencial


Por Norberto Fuentes

Hace un par de años me lamentaba con Rui Ferreira en una entrevista para El Mundo de que una revolución iniciada bajo la advocación filosófica de Jean Paul Sartre, terminara como un objeto critico de Yoani Sánchez, Zoe Valdés y Guillermo Fariñas. Hoy, bien vista la cosa, hasta la palabra crítica me parece exagerada para su talante. Me explico. No creo que haya nada que complazca más a la vieja contrarrevolución cubana como retrotraer el debate cubano al nivel de las comedias radiales de los años 50 criollos, picaresca en su estado más burdo. Se sienten a sus anchas con personajes que se nombran Tres Patines, Chicharito, Sopeira. Y por ahí para allá. Pero lo que ellos nunca consideran es que, en el bando contrario, la complacencia es aún mayor. Cuando tú tienes detrás de ti en el escenario del teatro los retratos tan adustos de pensadores del calibre de Marx, Engels y Lenin, y pronto también colgarán el próximo a beatificar de Fidel Castro, a qué temerle que la contrarrevolución te enarbole a los reiterados negritos y gallegos del teatro bufo cubano. Oigan la voz de Sartre: “El existencialismo es un humanismo”. Coloquen eso en oposición a las escatológicas descripciones de Valdés y el regusto en describirnos la halitosis de sus novios, o las boberías de Yoani sobre si se comió un bollo de pan tan duro como un yunque (esta última analogía del yunque es un aporte mío), o las estampas bélicas de Fariñas donde en vez de balas lo que tenemos son piticos nacionales cubanos maltratados hasta la saciedad por la horrible costumbre en Angola, donde cumplía misión, de masturbarse. Bueno, lo que quería decir es lo siguiente. Quería decir que no supe valorar bien, durante mi entrevista con Rui Ferreira, que Fidel había ganado otra vez. ¡Esa luz larga que se gasta el Comandarte, caballerosa! Resulta que ahora existe el rumor, cada vez más bien fundado, de que en uno de esos giros en el tures internacionales que preparan nuestros ilustres disidentes y blogueros, una de las escalas inevitables será Estados Unidos. Y de ser así, parece de cañón que alguno será recibido en la Casa Blanca por el presidente Barak Obama. ¿Ven lo que les digo? Fidel jodido, hecho leña, sin apenas tripas, todavía tiene cacumen para jugarle una mala pasada a un presidente americano. Porque el caso no es que él haya comenzado con Sartre para terminar con uno de estos bergantes. La verdadera situación es que, mientras él tuvo un Sartre, lo que Obama tiene desde el inicio es una Yoani o un Fariñas. Ella y su príncipe consorte, Macho Rico —delicious male seria la traducción, ¿no?— entrando en la mansión, o Guillermo Fariñas de camuflaje pero con la manito metida en la portañuela. Cool.

© Norberto Fuentes 2013 

domingo, febrero 3

'Elecciones' a 90 millas


Fidel Castro salió hoy de su encierro y se fue votar en El Vedado. Ahora, claro está, comienzan las especulaciones. Nos espera una buena semana.

miércoles, enero 30

Lula se fue a ver a Fidel


No hay muchos detalles. Apenas que poco después de la 1 pm, el ex presidente brasileño se fue a visitar a Fidel Castro en su casa. La foto fue distribuida por la fundación del ex mandatario brasileño.

domingo, enero 27

Los hombres duros no bailan



Nueve días para recordar. Esa es la experiencia de Raúl Castro. Fueron los días más felices de su vida, que transcurrieron entre el domingo 26 de abril de 1953 hasta el 4 de mayo. Estaba en París. Desconozco los mecanismos que el partido comunista cubano habrá puesto en función para que este muchacho de apenas 23 años saliera del campo socialista a donde fue —en Bucarest— a una reunión preparatoria de un festival mundial de la juventud y lo depositaran en París. Me lo confesó él mismo antes de despedirnos en vísperas de un viaje mío a esa ciudad, en marzo de 1987, y al hacerme el encargo de un par de botellas de vino del que beben “el común de los franceses”. No se le podía pedir a la Embajada de Cuba porque enseguida intervenía la Seguridad del Estado y el todopoderoso servicio de Seguridad Personal. Dado que era un vino para el Segundo Secretario del Partido, había que someterlo a los más rigurosos análisis toxicológicos, antes de que este tocara sus labios. Dárselo a probar a los gatos del barrio para comprobar si no caían fulminados por un veneno de la CIA era una opción. Por eso yo debía adquirirlo —según sus propias instrucciones— como si fueran para mi consumo, y efectuar la operación de compra en el último día de mi estancia en Francia. Y entonces hizo un gesto de intensa amargura, de fastidio, de dolor, con la boca, y apretó los ojos no con dureza sino con una extraña melancolía y me dijo: “En París yo pasé los días más felices de mi vida”. Era algo que, evidentemente, no había logrado recuperar jamás. La felicidad. “¿Tú entiendes lo que te digo, profesor?”. Él me llamaba profesor. “Un vino común.” Volvió a la descripción del vino y de cómo montar lo que ya era, sin dudas, una operación clandestina de adquisición de dos botellas de vino regular francés. “Los años más felices de mi vida, profesor.” Vilma Espín, su mujer, sentada también en la mesa de mi casa, lo miraba con compasión genuina. Yo reprimí, con éxito, el impulso de abrazarlo y decirle que lo acompañaba en el mismo sufrimiento.
Este es pues el aleve retrato de un momento de debilidad emocional de un hombre que va a aterrizar en Santiago de Chile para asumir la presidencia de algo que yo sé que él mira como una entelequia burguesa, pero que es esperado con todas las fanfarrias de la ocasión. Pero es necesario conocerlo en este talante, puesto que van a negociar con él. En fin, que París fue solo la tentación, o hasta quizá el único contacto de lo que hubiese podido ser una vida disipada, dedicada a la bohemia, que en términos cubanos hubiese sido seguir en las turbamultas de las peleas de gallo de uno de los hijo del clan de los Castro de Birán. Y que, en cambio, se vio obligado a ser un hombre de una austeridad blindada y limitar su vida a un reducido número de placeres de la carne.
Tampoco es la época de aspirar a una vida gloriosa. Ni qué decir que la invocación de Alejandro —vida corta pero gloriosa— sonaría como una burla, ahora que él y su hermano Fidel han pasado de los 80. Por otro lado, las visitas estatales de larga duración y los recibimientos apoteósicos que resultaban consustanciales a Fidel Castro parecen pertenecer ya a una memoria solo visible en gastados quinescopios de archivo. Menciono el asunto porque la comparación va a surgir de forma inevitable. Lo que ocurre es que Fidel reclamaba mucho tiempo de sus oyentes y de los grandes espacios colmados de público porque, en definitiva, él era un misionero. Imposible reproducir el eco de aquella visita de 24 días de Fidel a Chile en 1971 con esta de Raúl Castro al mismo país, tanto tiempo después, desde el abrazo de despedida al presidente Salvador Allende el 4 de diciembre y el despegue del Illshyn-62 de Fidel del aeropuerto en Santiago. Ni siquiera porque el actual presidente cubano, Raúl Castro, sea su hermano y, peor aún, que intente presentarse como heredero legítimo al mando de aquella fuerza telúrica que una vez conocimos como la Revolución Cubana, va a lograr un efecto semejante. Un igual entre 43 jefes de estado y de gobierno, de Europa y América Latina, que han confirmado su asistencia a la cumbre CELAC-UE (la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe y su vitoreada reunión de Chile con la Unión Europea.), y con un Raúl que se sentirá más que satisfecho si logra obtener un poco de la legitimidad a la que siempre aspira en sus negociaciones de gobierno. Fidel vino a Chile en 1971 a lograr el imposible de subvertir un país, de hecho subvertido, pero por sus propias necesidades y objetivos, y —asombroso— logró sacarlo de su cauce. Raúl viene a la tarea, mucho más suave, de cantar en un coro que ya está montado. Nada que subvertir. Sólo a mantener el estatus quo. Y donde al final, además, le van a dar la presidencia pro tempore (por un año) de la Comunidad.
Pero no crean que se va a sentir lastimado si no se da un baño de pueblo en sus dos días en Santiago. No es un tipo de multitudes, ni de hacerse acompañar del fervor de las masas. Recuerdo que un mediodía, mientras cruzábamos por las apacible Quinta Avenida de Miramar, en La Habana, a bordo de su minibús Mercedes (los autos de su escolta de movían a nuestra misma velocidad, que no pasaría de los 60 kilómetros, con el hocico pegado al minibús), Raúl escuchó por la radio que Cuba había tenido una votación adversa en el Comité de Derechos Humanos de Ginebra. Allí estábamos, con Raúl, su tropita habitual: aparte del conductor, el jefe de su escolta, y los invariables Carlos Aldana, jefe ideológico del Partido, Alcibíades Hidalgo, su jefe despacho en el Partido, y yo. Yo, que no tuve otra salida mejor que decir: “Bueno, pues ahora hay que tirar el pueblo a la calle”. “Profesor, profesor”, me dijo Raúl, en tono bastante conciliatorio. “No tires con tanta facilidad el pueblo para la calle. Tranquilo, profesor. Aprende a ahorrar cartuchos.”
La perspectiva de una reunión de la CELAC es inmejorable para ese desenvolvimiento que proyecta. La CELAC es una alternativa de la OEA, tan inocua como aquella, pero ajena a la organización y tutelaje de los americanos. A su vez, los vapores que emana son de presión atemperada si se le compara con la Alianza Bolivariana. En la CELAC se codean los gobernantes mexicanos, panameños, chilenos y colombianos con los regularmente chicos malos de la película, encabezados por los cubanos. Y ni asomo de gringos ni canadienses en la fiesta. Desde luego que la derecha latinoamericana parece preocuparse poco con la presencia de Raúl en Santiago. Una manada de abúlicos elefantitos que cortésmente comparten el agua de un mismo abrevadero. Trompa abajo y a beber.
Raúl, que es un hombre de ideas románticas, al menos el Raúl que yo conocí, tendrá que echar de menos el colorido de su visita a Santiago entre 18 y el 20 de agosto de 1959, hace 53 años, 5 meses y 10 días, a los pocos meses del triunfo de la Revolución, cuando su turbo-prop Britannia aterrizó en Santiago al unísono con una reunión de la OEA que tenía lugar en esta ciudad y a la que arribó con una escolta armada hasta los dientes —“apistolados” le llamó La Tercera, un término extrañísimo— y de los cuales, de los hombres de Raúl, la policía chilena cogió presos a tres. (Luego los desembarcos de armas serían por toneladas.) Raúl, de faena de campaña verde olivo, su boina negra, una larga cola de caballo que además abrochaba detrás del cráneo con una graciosa peineta, botas de infantería, y ese vozarrón ronco que ya se gastaba, se robó el show, por supuesto. Aunque desconozco si aquellos embajadores de la OEA habrán tenido la percepción de la llegada de los bárbaros y que el tiempo de la complacencia política había terminado en América Latina. Al menos por largos años.
¿Se dará cuenta ahora Raúl con sus intentos de estabilización del proceso cubano que una revolución —a menos que la traiciones— no es una secuencia de conciliábulos más o menos permitidos y sonrisas compasivas, sino un voto de fe con el absoluto? Y que, sin enemigos, no hay revolución que valga. ¿Fidel no le habrá enseñado esa lección, o Raúl no lo está oyendo?
Pero también, para arreglar los desastres de Fidel, tiene poco tiempo. En verdad, lo que Fidel le ha dejado en el país es un páramo Quizá por ahí se pueda entender su apetencia de legitimidad. Gana tiempo. Y es natural en él la búsqueda de soluciones y arreglos fuera de las camisas de fuerza de la política.
Pero si hay alguien capacitado para resolver situaciones extremas en Cuba, es él. El 11 de marzo de 1958 en Piloto del Medio, Sierra Cristal, Raúl estableció las banderas del Segundo Frente Oriental “Frank País” (el nombre de un revolucionario caído en Santiago de Cuba). Fidel le encomendó organizar (según algunos, estaba loco por sacárselo de arriba, y le encargó esta misión en una región intramontana al norte de la Sierra Maestra). El jefe de la Revolución []le entregó el mando de la columna 6, que contaba con 67 guerrilleros. Al cabo de unos meses, Raúl controlaba un territorio de 12 mil kilómetros cuadrados y puso a funcionar un modelo de estado autónomo en el que instauró los Comités de Campesinos Revolucionarios, congresos campesinos, servicios de mejoramiento de caminos, y que llegó a contar una fuerza aérea operacional, que cumplía misiones logísticas y llegó a disponer de unos rústicos bombarderos que dejaron caer sus cargas en un par de cuarteles batistianos. Eso sí, fue despiadado a la hora de fusilar, lo mismo soldados y oficiales enemigos que soldados de su tropa que cometieran faltas graves.
Al triunfo de la Revolución, en enero de 1959, después de algunos movimientos erráticos de Fidel en relación con su hermano, terminó por disolver el Ministerio de Defensa Nacional y crear el Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (Minfar), al frente del cual nombró al entonces comandante Raúl Castro Ruz. Fue el ministro de defensa más joven de la historia. Si hubo un rasgo de vanidad que le escuché más de una vez, es ese dato. Que había sido el ministro de defensa más joven de la historia. Otra tarea homérica, sin duda. Y, si bien a costa del bolsillo de sus amigos del Ejército Rojo, armó y capacitó una fuerza que es su época calificaba como uno de los ejércitos más poderosos del mundo.
Su biografía revolucionaria es intensa, dramática. Donde quiere que busques a Fidel Castro desde el año 53, encuentras a Raúl Castro a su lado. No solo eso, sino que Fidel se ha apropiado ante los ojos del mundo de muchas de las iniciativas y audacias de ese proceso, como fue la decisión de meter tropas regulares en Angola y fajarse con Sudáfrica. Raúl tiene una abundancia de logros y propósitos cumplidos. Pero en muchas ocasiones yo sé que él conoció con resignación los límites del poder a que se ve sometido un revolucionario. Allí, pegada a los bordes del Segundo Frente, y luego absorbida territorialmente por sus fronteras en expansión, estaba la finca de Birán, donde aprendió a jugar gallos y cerca de esos prostíbulos rurales donde él se podía presentar con todo derecho como un príncipe y ser servido a gusto, puesto que era el hijo del terrateniente y cacique local.
Raúl Castro es el hombre que probablemente ha hecho más sacrificios personales en toda la historia de la Revolución Cubana, aparte de los que han muerto. ¿De cuántas francachelas, risotadas y mujercitas se habrá inhibido esta criatura? Teniéndolo todo a su alcance, apenas pudo deleitarse con algunos frutos del paraíso, de todos las que pusieron a su alcance. Pero se enroló en una causa que de muchas formas le era ajena. Un ejemplo, muy poco común en Cuba, de abnegación y lealtad. Y máxime sabiendo uno —como un puñado selecto sabíamos en Cuba, al menos dentro del hard core—, que muy pocas veces estuvo de acuerdo con la ejecutoria de su hermano. Sépanlo ustedes, augustos dignatarios y presidentes, a Raúl Castro le es indiferente hoy estar en Santiago de Chile. Ni siquiera le interesa pernoctar en La Habana. Ahorita avanzará hacia el podio de Espacio Riesco y soltará un discurso enlatado desde Cuba. Mírenlo atentamente. A los ojos. Verán que los cierra. El señor presidente de la República de Cuba tiene una copa de vino en la mano y enlazan con un brazo la cintura de una muchacha. París. ¿Será cierto que Hemingway dedicó sus últimos pensamientos a París?
Publicado en Reportajes, suplemento de La Tercera, el sábado 26 de enero de 2013.

sábado, enero 26

Castro y Merkel en Santiago


Esta mañana, la Canciller alemana Angela Merkel, se cruzó con el presidente cubano Raúl Castro durante la cumbre del CELAC en Santiago de Chile, y no lo saludó. Y eso que los dos países tienen relaciones diplomáticas. Al final, terminaron estrechando manos, gracias a la iniciativa del portugués José Manuel Durão Barroso, presidente de la Comisión Europea. Es lo que siempre he dicho, los portugueses "descubriendo el camino marítimo para la India". (Foto: Agencia de Notícias de Bulgaria).


Barroso con Castro y Piñera, el mandatario chileno.

ACTUALIZACION: Este lunes (1/28) el Gobierno alemán colgó en su website otra foto del encuentro entre los dos.

viernes, enero 25

El Gobierno cubano devuelve dos propiedades y un terreno a la Iglesia Católica


LA HABANA - Las autoridades de la provincia de Granma, en el sureste de Cuba, devolvieron a la Iglesia Católica dos edificios y un terreno, como parte una política del mandatario Raúl Castro de restituir bienes de esa institución nacionalizados por el régimen revolucionario en 1961.

Uno de los inmuebles devueltos es el antiguo Colegio Divina Pastora de la ciudad de Bayamo (700 km al sudeste de La Habana), donde ahora funciona la escuela pública primaria Manuel Ascunce, informó la Iglesia. Es un gesto “totalmente positivo”, que la Iglesia acoge “con mucho beneplácito”, dijo Alvaro Beyra, obispo de la diócesis de Bayamo-Manzanillo, Granma.

Además de la restitución de los tres inmuebles, el gobierno provincial entregó a la Iglesia un solar para levantar un templo en un lugar que “hoy en día no tiene atención religiosa o la tiene muy deficiente precisamente por falta de infraestructura”, agregó. En 2012, el gobierno comunista devolvió al Arzobispado de La Habana la capilla de la antigua Universidad de Villanueva, que está muy deteriorada y ahora debe ser restaurada.

A mediados de 1961, después del derrotar la invasión de Bahía de Cochinos y declarar el socialismo en Cuba, Fidel Castro nacionalizó la educación, decisión que, según el historiador Augusto Montenegro, significó que pasaran a manos del Estado 339 escuelas católicas y las universidades de Villanueva y La Salle, en La Habana.
La medida, que abarcó también a colegios evangélicos y laicos, privó a la Iglesia Católica de su principal fuente de ingresos, así como de algunos templos y capillas que había en esos centros de estudio. Esa fue la época de mayor enfrentamiento entre la Iglesia y el gobierno comunista. Pero medio siglo después, Raúl Castro inició en 2010 un diálogo con la Iglesia, cuyo primer resultado fue la excarcelación de más de 130 presos políticos, así como dar un mayor espacio a la labor pastoral de los obispos. En marzo de 2012, el papa Benedicto XVI cumplió una visita pastoral a la isla y ofició dos misas, a las que asistió el presidente cubano.

En Granma, el gobierno también devolvió a la Iglesia una capilla dedicada a San Tarsicio en la ciudad de Manzanillo, así como también reintegró un terreno y entregó otro destinado a la construcción de un templo para los poblados de Cauto Embarcadero y Río Cauto. “No he hablado con los demás obispos. Yo no sé si ha habido alguna devolución en otra diócesis pero supongo que es una decisión nacional, no es una decisión local”, dijo el obispo Beyra.

Por su parte, el sacerdote José Félix Pérez, secretario ejecutivo de la Conferencia de Obispos de Cuba, dijo que hace unos meses la Oficina de Asuntos Religiosos del gobernante Partido Comunista (único), comunicó a la Iglesia la disposición del gobierno de devolver algunos inmuebles nacionalizados. “Se acordó que se tratará bilateralmente en las provincias” entre cada obispo y el gobierno local, dijo Pérez, quien señaló que hasta esta fecha “no tenemos información de que se haya producido de hecho otra devolución”.

La devolución en Granma no abarca todo el inventario de la diócesis que el gobierno revolucionario nacionalizó. “Todavía quedan otras (edificaciones) pendientes”, dijo Beyra, pues las devueltas “eran las cosas más decididas, más claras, vamos a decir más fáciles de solucionar”.

“Las otras que quedan es ya un poco más complicado, muchas veces era un solar de una capillita que había en un lugar en que ya ni físicamente la capilla existe y entonces buscar papeles y eso es más complicado.”, explicó.

Opinó que “las otras diócesis tienen que haber presentado mucho más casos que aquí, porque esta diócesis es bastante pobrecita. No tengo idea pero imagino que en La Habana tiene que haber muchísimas más”. (AFP)

jueves, enero 17

La reforma migratoria cubana, impacto y consecuencias

Dos historias que publiqué hoy en el periódico. Las pueden leer completas, clicando en los titulares.


CUBA Se enfrentan a multitud de dificultades

Viajar al exterior no será tan fácil para los cubanos pese a tener un pasaporte

Rui Ferreira | Miami 
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Los cubanos necesitarán visado para viajar a casi todos lados, en especial a los países que más desean como EEUU, España o México.

El exilio cubano de Miami rechaza la apertura migratoria de Castro

Rui Ferreira | Miami
Temen que un supuesto éxodo lleve a las autoridades de EEUU a cancelar todas las prebendas migratorias que los cubanos disfrutan.

Extranjero en la nevera


Por Norberto Fuentes

Si se diera el caso de que Hugo Chávez Frías apareciera durante los próximos días, saltarín y sonriente, en un video que los medios oficiales cubanos y venezolanos distribuirían con soltura, en ese momento Fidel Castro habrá consumado su mayor triunfo político de las últimas décadas. Me lo estoy imaginando, quiero que sepan. Por lo pronto olvídense de Raúl y de los dirigentes venezolanos del segundo escalón y hasta de la Casa Blanca de Obama. Él es el que está de nuevo al mando, y —lo verdaderamente decisivo— a todos los adversarios los tiene acorralados. Ahora imagínense a ese Fidel Castro diciéndole a Chávez ante la puerta refrigerada de la sala reservada de cuidados intensivos: “Hugo, levántate y anda”. La oposición venezolana se creyó el cuento y ha ido ganando confianza. Vieron su oportunidad, donde no había más que el paso obligado de una emboscada. Que se preparen ahora, es decir, que se pongan a resguardo. Claro que desconocen uno de los principios básicos de la supervivencia en nuestro principado. Cuando él te suelta cordel, y más cordel, y rollos enteros de cordel, aguántense. Ya ni se toma ningún cuidado, ningún recato, para gobernar Venezuela desde La Habana. Y ni siquiera desde el Palacio de la Revolución, sino en faena deportiva desde un sillín de su casa.

El mesías ha regresado. De haber conocido la fórmula años antes, le hubiera ido de maravillas, y hasta no se le hubieran reventado las tripas. No hay nada mejor para gobernar —lo sabe ahora— que no ostentar ningún cargo, que no ocupar ninguna responsabilidad. Y puedes emplear toda la manito de hierro que quieras. Total, son tus alguaciles los que se embarran. Pero le costó trabajo entenderlo. Corrían historias en La Habana de lo triste que estaba. Sus reflexiones dejaron de publicarse y se decía que buscaba refugio en el llamado Polo Científico. Pero ha habido como un cambio de frecuencia. La forma en que se filtra de nuevo en las noticias ha sido virtualmente imperceptible. Ha ganado libras y se ve más llenito y tiene el estudio de su casa lleno de presidentes latinoamericanos. Qué Camp David ni ocho cuartos. Esa casa en el perímetro cercano del Centro de Investigaciones Médico Quirúrgicas (CIMEQ) está adquiriendo para América Latina la misma categoría del Moscú de los años 70, cuando el Kremlin era la capital política del mundo.

Pero… esa puerta acristalada, de la que surgen las nubes de condensación al contacto con la temperatura ambiente exterior, ¿es de una sala de cuidados intensivos o la morgue? Si es la segunda, caballeros, y lo que tenemos es que Hugo Chávez se murió hace días y que todos esos decretos y decretos leyes y nombramientos de vicepresidentes ejecutivos y cancilleres y mensajes al Congreso y saludos a las Fuerzas Armadas y al pueblo venezolano y, sobre todo, a los niños amados de la Patria, han sido emitidos en verdad por el festín de los herederos, entonces sepan que estamos lidiando con un Fidel Castro que también ha aprendido a gobernar desde la muerte. Lo único que tiene que hacer es trasmitir los encargos más recientes del Comandante Presidente través de los medios. Si acaso, como ejercicio para las cámaras de televisión, extraer del bolsillo un papelito doblado y hacer como si se leyera cualquiera que sea la reciente disposición de Gobierno, aquí la traigo, calentita como pan sacado del horno. Y ahora, para mayor intensidad del serial, le vienen a Fidel con la noticia de que los panameños con apoyo canadiense entran en la bronca a través de la OEA. Quieren, exigen, demandan, una investigación plena, absoluta, satisfactoria, de lo que ocurre en Caracas. Con las ganas que le tiene Fidel desde el golpe de Estado en Honduras. Pues me aguantan el video de Chávez. Vamos a darle unos días. Que resucite a mediados de la semana que viene. ¿Y los yanquis no han mordido todavía? Ummm. Aguántenme un poco. Aguanten. Y sigan dando cordel. Sigan. Que aquí se resucita cuando la Revolución lo determina.

Pero no hay que tomarlo a mal ni verlo como un desalmado. Los insultos están de más. Realmente me asombra la manera en que sus enemigos y especialmente los cubanos terminan cualquier juicio sobre Fidel —con los peores calificativos sobre su persona y, de más está decirlo, sobre su progenitora. Es una reacción inexplicable ante un tipo por el solo hecho de ser tan eficiente en su trabajo. Entiendan. Por lo menos léanse El padrino, o vean la película. It´s business, nothing personal. Si acaso, aprendan a disfrutarlo. Porque el tipo, además, se está divirtiendo. Calculen que ahora lo que él saborea con mayor deleite —más que los objetivos políticos logrados en cuestión de semanas—, es el ridículo en que va a poner a medio mundo. Oh, Dios, cómo goza.

© Norberto Fuentes 2013

martes, abril 19

El congreso de Raúl Castro y la vieja guardia

Fue el congreso de Raúl Castro pero terminó con la "vieja guardia" siguiendo al frente de los destinos del país.
El sábado, Castro abrió el cónclave con una critica demoledora a la inercia partidista. No tuvo piedad con los viejos dirigentes de la Revolución – él incluido – y faltó poco para decirles que en ese preciso momento estaban detenidos en el tiempo.

Fue un fuerte crítico de las falsas unanimidades, se autocriticó por no haber preparado un relevo y dijo claramente que el partido tiene que dejar de interferir en las actividades estatales, que necesitan 'volar' por si mismas, si quieren implantar las reformas que les estaba proponiendo.
Y les sentenció el futuro al anunciar que los cuadros estatales y partidistas, incluyendo a si mismo, a partir de ahora tendrán sus mandatos reducidos a dos de cinco años. Que se acabó la eternidad en el poder, les dijo.
Por momentos, fue la materialización de lo que muchos observadores estaban previendo, que Cuba decidió adoptar el modelo chino, o sea, darle la oportunidad al desarrollo del sector privado pero manteniendo el control político de la sociedad, renovando los líderes supremos regularmente.
Pero este martes, todo parece haber quedado en lo mismo. Las imágenes lo muestran. Se sigue votando con la misma unanimidad de siempre, en un pueblo alegre y despreocupado donde las opiniones varían consonante la hora del día.
En la primera votación de la dirigencia del país, los delegados optaron por la vieja guardia. No separaron el partido comunista del Estado, escogieron como segundo de Raúl Castro a José Ramón Machado Ventura, considerado uno de los elementos claves de la línea dura de la organización.
Machado es un viejo médico que acompañó a los Castro en la epopeya de la Sierra Maestra, pero que en las últimas cuatro décadas se ha dedicado a controlar la organización del partido. Ahora es el sustituto total de Raúl, sea en el partido o en el Estado.
En tercer lugar queda Ramiro Valdés, ex ministro del Interior durante los años duros de la década de 60 y 70, ahora al frente de la industria de telecomunicaciones del país, nuevo frente de batalla ideológico por el "peligro" que representa para el régimen, en su óptica, el surgimiento de Internet.
Dos dirigentes, a todas luces inamovibles, cuya manutención es un indicio claro de que tardará todavía algún tiempo antes de que la sangre nueva comience a fluir por la venas de la dirigencia del partido comunista cubano.
Fidel Castro, desde su casa en el oeste de La Habana donde siguió el congreso a la distancia, ya lo había augurado en una de sus reflexiones, publicada el martes y que los delegados leyeron antes de la elección de los órganos dirigentes de primera línea.
"Había algunos compañeros que, ya por sus años o su salud, no podrían prestar muchos servicios al Partido, pero Raúl pensaba que sería muy duro para ellos excluirlos de la lista de candidatos. No vacilé en sugerirle que no se excluyera a esos compañeros de tal honor, y añadí que lo más importante era que yo no apareciera en esa lista", dijo el fundador de la Revolución Cubana.
Y lo apoyó en persona. Para no quedar en la historia como el primer dirigente político comunista de primera línea que no participa en un congreso partidista, apareció el último día y, en silencio ante una ovación monumental de los delegados, terminó de refrendar el traspaso de la organización a su hermano.
Fue algo así como una "evolución en la continuidad".

jueves, noviembre 18

Fidel Castro deja la jefatura del Partido Comunista por no estar 'en condiciones'

El ex presidente cubano Fidel Castro dijo que "no está en condiciones" de ejercer la jefatura del gobernante Partido Comunista y delegó sus atribuciones, reportaron el jueves medios oficiales, en una aparente señal de que podría renunciar a su último cargo de liderazgo.

Castro, 84 años, renunció en el 2008 a la presidencia por razones de salud pero retuvo el influyente puesto de primer secretario del Partido Comunista, el único legal en Cuba.

Durante un encuentro el miércoles con estudiantes aclaró sin embargo que no estaba allí como jefe del Partido Comunista. "Yo me enfermé e hice lo que debía hacer: delegué mis atribuciones. No puedo hacer algo que no estoy en condiciones de dedicarle todo el tiempo", dijo, según el diario oficial Granma.

Castro, quien lideró la revolución de 1959 y gobernó Cuba por casi medio siglo hasta enfermar a mediados del 2006, dijo a los estudiantes que hoy era sólo un "soldado de las ideas".

También sugirió que apoya las reformas económicas impulsadas por su hermano menor y sucesor, el presidente Raúl Castro. "Reconoce Fidel que está contento, porque el país está marchando, a pesar de todos los desafíos", dijo Granma.

El Partido Comunista realizará en abril del 2011 un postergado congreso donde aprobará un plan de reformas económicas que incluye la reducción del papel del Estado y la expansión del sector privado. El congreso elegiría además a la nueva cúpula del Partido Comunista, incluyendo su primer secretario.

Fidel Castro dedica actualmente gran parte de su tiempo a escribir sobre temas internacionales, como la amenaza de un conflicto nuclear o el cambio climático. Su hermano Raúl dice que le consulta las principales decisiones de Estado. (Reuters)

miércoles, noviembre 10

La credibilidad, el reto principal para reformar la economía cubana

Rui Ferreira | Miami

De creer en los informes que llegan desde La Habana, Raúl Castro está a punto de lograr algo que siempre anheló: acabar con la cartilla de racionamiento de alimentos creada por su hermano, el ex presidente Fidel Castro.

Lo confirma por teléfono un viejo colaborador suyo. "Hace rato que Raúl quería acabar con la libreta (cartilla). Su hermano lo veía como una fuente de igualdad pero Raúl siempre dijo que era una fuente de problemas. Obligaba al Estado a un compromiso permanente y no estimulaba la gente a trabajar", dijo la fuente.

Es más que un problema psicológico para el cubano promedio, que vive sin la seguridad de comer bien todo el tiempo, en una perenne lucha de buscarse el pan para los hijos el día a día. Una odisea que ha llevado a muchos cubanos, no sin cierto humor, a decir que en la isla comunista hay tres problemas apenas: desayuno, almuerzo y cena.

Las reformas de mercado

Raúl Castro no es propiamente un improvisado en manejar empresas comerciales según las reglas del mercado. Hace más de dos décadas que las Fuerzas Armadas, cuyo ministerio ocupó hasta hace dos años, controlan una serie de empresas 'capitalistas', como aerolíneas, importadoras y exportadoras, conglomerados hoteleros, instalaciones turísticas y de prestación de servicios, y lograron mantener a flote al país durante los años negros del periodo especial (1991-1998).

Fue bajo la supervisión de Raúl Castro y su yerno Luis A. Rodríguez López-Callejas, que parte de la economía cubana comenzó a funcionar con las reglas del capitalismo puro, el equilibrio entre la oferta y la demanda.

De lo que se pensó ser un experimento, el nuevo modelo de organización económica no fue un total fracaso y lo que Raúl Castro pretende ahora es que el gobernante partido comunista le refrende la peligrosa opción que tomó. Con unos "arreglos" para hacerla más efectiva.

El plan, divulgado en un folleto de 32 páginas el lunes pasado, es claro. Se trata de quitar de arriba del Estado una serie de responsabilidades económicas y productivas que lo estaban hundiendo, que por décadas no estimularon el desarrollo económico y social de la sociedad revolucionaria cubana, ahora en peligro de hundirse por no adaptarse a los tiempos nuevos.

Los costos

El nuevo programa económico tiene un costo. El Gobierno ha anunciado un plan de despidos de casi 500.000 empleados estatales que ha tenido, de momento, una reacción curiosa en el ámbito latinoamericano. Medio millón de cubanos van a la calle obligados a escoger entre el desempleo o integrar el emergente sector privado. Y todos, al cabo de décadas de trabajo, han recibido una indemnización minúscula.

Lo curioso: que la sociedad no se ha perturbado. No ha sucedido nunca en los tiempos modernos que medio millón de personas se queden sin empleo y no pasa nada, pese a la fortaleza de los organismos de seguridad.

Oficialmente, la reforma de la economía no es una "reforma de mercado". De hecho, las autoridades la definen como la continuidad de la política económica estatal y no abdican del plan quinquenal, rector de la planificación centralizada, popularizada en la difunta Europa oriental y socialista.

Pero en China, cuando reformaron la organización económica tampoco abdicaron de la economía centralizada ni de los planes quinquenales y crearon "un país, dos sistemas". Se sabe que los militares cubanos han estudiado atentamente las reformas chinas que, sin abdicar del control político y económico por parte de un partido único, han abierto la sociedad a su propia gente.

De hecho en Cuba eso ya está sucediendo. La apertura del mercado de trabajo por cuenta propia a un listado variado de profesiones – algunas de ellas con nombres poco serios, pero no menos populares. Hace meses que se han creado cooperativas de servicios, peluqueros y barberos trabajando por su cuenta en sus viejas barberías y peluquerías del Gobierno, que muchos chóferes manejan por su cuenta autobuses de propiedad estatal y no hay noticias de que les vaya mal.

Credibilidad

El principal adversario que Raúl Castro tendrá de enfrentar es la credibilidad de sus propuestas. (Además de tener que enfrentarse a un núcleo duro del sistema que no simpatiza con las reformas). En términos generales, en los últimos años, los cubanos no tienen grandes razones para creer en su Gobierno.

Las reformas de Raúl Castro han sido intentadas en otras oportunidades y de otras formas, pero siempre han terminado canceladas o en el olvido, como promesas nunca cumplidas. Es que pese a que el Gobierno siempre ha mantenido que el pueblo "tiene confianza en la revolución", lo cierto es que la desconfianza popular siempre fue real.

Ahora no es diferente. Abrir mercados y crear pequeñas empresas es una aspiración de las autoridades, pero en el documento que lo anuncia de cara al congreso del partido comunista en abril del año entrante, se dice también que no se permitirá la concentración de propiedades o sea, la creación de riqueza excesiva. Tampoco se establece el monto. En el pasado, muchos se quejaron experiencias anteriores nunca funcionaron porque cuando las personas comenzaban a enriquecerse, el Estado les confiscaba las cuentas bancarias.

Por eso para Raúl Castro la credibilidad ahora es más importante que nunca si quiere sobrevivir. No basta con quedar en la historia como el hombre que resolvió el problema del desayuno, el almuerzo o la cena.


(C) ELMUNDO.es 2010

viernes, septiembre 10

A la luz de lo sucedido esto es ya un clasico


Para los fans de Los Simpsons que el líder cubano Fidel Castro haya dicho a un periodista estadounidense que "el modelo cubano ya no sirve ni para nosotros", no constituye propiamente una novedad.

Hace algunos años, en un episodio de la serie, Homer y el Sr. Burns van a dar a Cuba, escapando de hacienda, en un momento en que el mismo Castro -aún en el poder- admite a los suyos que su modelo es un fracaso.

Ambos llegan a palacio cuando Castro se apresta a levantar el teléfono para hacer las paces con Estados Unidos, cuando...